Muchos diseñadores, como Jean Paul Gaultier por ejemplo, no se ciñeron a un solo lenguaje para expresarse. Y así como el creador francés ha producido perfos musicales para desplegar su imaginería visual, desde hace meses que Jorge Rey (25) no sólo no se limita a ningún corset, sino que está experimentando como nunca de la fusión de la moda, la música, el diseño y hasta la actuación. Porque también se animó a la ficción al sumarse al elenco de Margarita de la mano de Cris Morena.
Pero es su sensibilidad la que hilvana todos sus intereses al punto de haber creado un personaje ficticio que, gracias a la magia de lo onírico, también sublima sus emociones a partir de la canción. En esta nota, el couturier santafesino que despliega su visión del mundo y el arte como un modo de comprenderse a sí mismo y moldear su propia realidad habla de sus influencias y cuenta por qué el punto de quiebre para atreverse a más fue “el dolor del corazón”.
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La moda como génesis de un sonido
Básicamente, Jorge Rey cree que la indumentaria no es el fin, sino el vehículo. «La moda y la música siempre fueron parte del mismo universo para mí», explica. «Siempre trabajé con referencias visuales y sonoras, elementos que me ayudaran a construir una atmósfera. Entonces, un día me pregunté: ¿cómo puedo llevar esto aún más lejos?«.
Rey nunca fue ajeno al show business. En su ADN familiar (aunque sólo como hobbies) se mezclan el tango y el flamenco (que cantaba su abuela y bailaba su padre), y su fascinación por el escenario es evidente desde sus primeros desfiles. «Siempre usé la escritura como soporte para mis ideas. Todo lo que hago está basado en un libro donde voy hilvanando mis fantasías con los hilos de mi deseo», dice con una sensibilidad que delata su visión romántica de la vida.
–¿Cómo describirías tu sonido en pocas palabras?
–Para hablar de mi sonido en pocas palabras, creo que diría que es parte de reconocerme como “el último romántico”. Me encanta el amor y contar amor a través de las canciones. Amo enamorarme y amar, y todo lo que eso conlleva, con sus matices, con sus luces y sus sombras.
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Akirey: la construcción de un personaje
Para esta nueva etapa, Rey no se presenta como él mismo, sino que se transforma en su álter ego musical. «El sonido que más me representa es lo onírico y lo vintage», define. Si sus diseños pueden remitirnos a una suerte de realeza rockstar y contemporánea, su música nos sumerge en una dimensión de dramatismo exacerbado, con influencias «que van de Sandro a Cher, pasando por la teatralidad de Elvis«.
«Mis canciones son parte de historias entrelazadas que conviven en un mismo universo», explica. Y refuerza cómo su identidad visual tiene un eje rector: «Cada videoclip es un corto en sí mismo, con una dirección de arte meticulosa y una estética que debe reforzar la narrativa».
La moda, por supuesto, sigue siendo un pilar fundamental en esta nueva aventura. «Soy extremadamente detallista con lo visual», admite. «Desde el vestuario hasta el maquillaje y los peinados, todo tiene que contar una historia. No concibo la música sin un lenguaje estético que la respalde«.
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–¿Cuánto de autobiográfico asumís que hay en las letras?
–Hay material autobiográfico, pero también aparecen historias de las que me disocio aunque sean mías. Es decir, tal vez no les pongo tanto sentimiento. Las tomo como creaciones que suelto al universo, también porque siento que hay algo mágico en eso de escribir sobre algo que pasó pero readaptarlo y sentir que lo viviste tal cual. De algún modo, lo estoy haciendo real.
Un debut marcado por la emoción, el propósito y la estética
–¿Cuándo y cómo nació la necesidad de expresarte a través de la música?
–Además de toda mi conexión con la escritura, siempre escuché mucha música a la hora de crear. Y diría que todo surgió en un momento de mi vida en el que no sabía cómo sacar hacia afuera todo lo que sentía.
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Cuando en su último desfile transformó la pasarela en un espectáculo musical, Rey entendió que el camino estaba trazado. «Expresionarte fue un hito», recuerda. Y agrega: «Hasta el día de hoy la gente me dice que no puede creer lo que fue ese show».
Hace poco se presentó por primera vez en una gala a beneficio de la Fundación Hospital Materno Infantil Victorio Tetamanti (Fundami, de la que Mirtha Legrand es madrina), donde encontró el significado de su obra: “Fue un debut emocionante porque sentí que lo hacía desde un lugar de entrega y propósito”.
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–¿Y cómo viviste el antes y el después de este segundo show en el que presentaste tu segunda canción?
–Con nervios, como en todo lo que me importa. Ensayamos muchísimo, probamos vestuarios, ajustamos cada detalle. Siempre quiero un poco más, nunca me conformo con lo sencillo. Pero cuando vi el resultado, supe que todo el esfuerzo había valido la pena. Cantamos El niño ojos de cristal (Oh Dios) y Cule Jeve Pala, que son las únicas canciones que lancé hasta el momento.
El desamor como punto de partida
Aunque la puesta en escena sea fastuosa, el origen de Akirey es profundamente íntimo. «El punto de quiebre fue el dolor del corazón», confiesa Rey con la sinceridad de quien ha atravesado una transformación.
Y se explaya: «Hubo un momento en mi vida donde no sabía cómo expresar lo que sentía. Mi psicólogo me sugirió ponerle música a todo eso, y un amigo me dijo lo mismo. Así que probé. Fui a un estudio, tomé clases de composición y empecé a darle forma a las ideas. Hoy tengo 15 canciones inéditas».
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El amor, la soledad, la ira y la traición son las emociones que atraviesan su disco. «A veces pienso en un corazón de cristal cayendo al suelo, tratando de pegarlo con una gotita», dice con naturalidad. Y reflexiona: «No importa si queda perfecto, lo importante es que sigue siendo tuyo y que, con todas sus grietas, es único».
Más que un diseñador, un creador de mundos: el enigma de Cule Jeve Pala
El desafío más grande de Rey no es solo consolidarse como músico, sino hacer que el público entienda que su arte no tiene límites. «Mucha gente me dice: ‘¿Ahora cantás?’. Y yo pienso: ¡pero si siempre canté!», exclama. Y dice sin vueltas: «Lo que pasa es que hay cosas que uno no muestra hasta que siente que es el momento».
Si hay algo que define a Jorge Rey es su capacidad de materializar sus sueños en algo tangible. Y su música es una extensión de esa búsqueda. «Si mi sonido fuera un diseño, sería un Akirey», dice en referencia a sus creaciones. «Con todas sus versiones, con sus texturas, con su rojo vibrante», desentraña.
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Y a la hora de explicarnos de dónde proviene el título de su segundo single, el enigmático Cule Jeve Pala, comparte un largo ensayo que mezcla anécdotas, magia y dialectos: «Es una historia basada en hechos reales. ‘Cule Jeve Pala’ son esas palabras que deja el amanecer después de un encuentro que transforma para siempre».
Todo eso comenzó hace mucho, en un viaje de aguas turquesas y cristalinas donde en la noche de Año Nuevo llegó con otros amigos a un bar perdido en la arena: «Ahí conocí gente extraordinaria, seres que parecían de otro mundo, como tocados por los dioses».
En ese trance místico aprendió un dialecto que se siente más que se entiende, un embrujo en sí mismo. «Canto lo que recuerdo, escribí lo que quedó en mí de todo lo que me dijeron», confiesa. Y lo que quedó es ese latido que es Cule Jeve Pala: la libertad en su estado más puro, la comunión con el otro sin forma ni figura, el amor sin ataduras, sin etiquetas. Sentir desde el corazón, sin la necesidad de traducir.
Además, para cerrar, advierte: «Fue la prueba de que un sueño puede volverse realidad, y de que la realidad, a veces, también es un sueño».
Fotos: gentileza equipo Jorge Rey.