Mié, 4 marzo, 2026
24.2 C
Berisso

Kuña Guapa: el matriarcado que salvó al Paraguay de la extinción

En una nueva conmemoración del Día de la Mujer Paraguaya, la antropóloga Belén Lafuente analiza el rol de la mujer como viga maestra de una nación que sobrevivió a dos guerras devastadoras. Una crónica sobre la estirpe que rescató la lengua guaraní y reconstruyó el Estado desde sus cenizas.

martes 24 de febrero de 2026 | 17:42hs.

Las Residentas: la columna vertebral de la reconstrucción paraguaya que sostuvo la memoria y el alimento de una nación devastada tras la Guerra de la Triple Alianza.

En los anales de la historia bélica universal, los ejércitos se miden por el número de hombres, las armas y la estrategia de sus generales. Sin embargo, en el caso del Paraguay, la supervivencia del Estado no se escribió únicamente en los cuarteles, sino en los surcos de la tierra y en el silencio de los hogares devastados. A lo largo de dos siglos y dos guerras fratricidas, la mujer paraguaya dejó de ser una figura de reparto para convertirse en el tejido conectivo de una nación que, en más de una ocasión, estaba técnicamente muerta.

Este 24 de febrero, al conmemorarse el Día de la Mujer Paraguaya, la historia invita a una revisión necesaria: la de una nación que no se lee en los mapas, sino en las palmas de las manos de sus mujeres. Es una cronología de supervivencia que no comenzó con el trueno de los cañones en el siglo XIX, sino mucho antes, bajo la sombra de los lapachos coloniales, cuando el miedo aún no tenía nombre en castellano. Esta es la crónica de una resistencia que no necesitó uniformes para alcanzar la gloria.

El gen rebelde: La herencia de la India Juliana

Tras la fundación de Asunción en 1537, los conquistadores españoles establecieron una alianza con los carios (guaraníes locales). Pero este pacto de paz se cimentó sobre una mercancía humana, la mujer considerada como objeto: el famoso «cuñadazgo», consistió en la entrega de hijas y hermanas como moneda de parentesco. Sin embargo, los capitanes de Castilla distorsionaron esta costumbre hasta convertir el fuerte en el «Paraíso de Mahoma»: harenes oscuros de hasta 70 mujeres indígenas que eran forzadas a vivir bajo el yugo de la servidumbre extrema y el abuso.

Entre ellas estaba Juliana, un nombre ajeno impuesto con el agua del bautismo. Su verdadero nombre, aquel que su madre pronunció antes de que llegaran las cruces de hierro, se perdió en el humo de los siglos. Juliana era una joven mujer cario que había sido capturada y entregada para servir en la casa del conquistador Nuño de Cabrera, conocido por su crueldad. Pero una noche de Jueves Santo de 1542, decidió que el ciclo de oprobio debía terminar y mientras su amo dormía, lo asesinó.

Pero lo verdaderamente trascendental no fue la muerte de su opresor, sino lo que hizo después. No buscó el refugio de las sombras ni huyó, sino que recorrió los asentamientos de las otras mujeres que servían a los españoles y lanzó una proclama que era, en esencia, un manifiesto de insurrección política: «Hermanas, matad a vuestros amos como yo he hecho, para que seamos libres». Juliana no cometió un crimen pasional; lideró una rebelión planificada. Entendió que si la resistencia se volvía colectiva, el sistema colonial colapsaría desde sus cimientos.

Herederas del fuego: El renacimiento entre las cenizas

Aquella chispa no pereció con el cuerpo de Juliana. Siglos después, ese mismo fuego impidió que Paraguay desapareciera del mapa. Fue el calor que ardió en las manos de las Residentas mientras empujaban el arado sobre las cenizas de la Triple Alianza (1864-1870).

La brutalidad redujo a la nación a un estado de orfandad absoluta. Paraguay perdió hasta el 80% de su población y el 90% de los hombres adultos. En este vacío se inauguró un matriarcado de hecho. Imagine el lector una columna interminable serpenteando la Cordillera: son las Residentas. Sobre sus cabezas, llevan la memoria de un país: una olla de hierro, un puñado de semillas y a veces, el fusil de un caído. Cada mujer es un hogar en movimiento dispuesta a proteger lo último que queda de su nación. Siembran de noche mandioca y maíz, sabiendo que quizás deban partir al alba. Son la logística del milagro.

La Trinchera del Verbo: El Guaraní como Refugio

Tras el silencio de los cañones en 1870, el guaraní fue la lengua de la resistencia. En un acto de rebeldía lingüística sin precedentes, las madres paraguayas convirtieron el hogar en la última frontera de la identidad. El idioma no sobrevivió en los libros *quemados o prohibidos- sino en el susurro de las Residentas al amamantar, en las leyendas contadas junto al fogón y en la lengua que medía las distancias del alma. Si hoy Paraguay es la única nación bilingüe de América, es porque ellas se negaron a nombrar el mundo en la lengua de quienes intentaron destruirlas.

 El Oro y el Chaco: Resiliencia en movimiento

El 24 de febrero de 1867, la Plaza de Mayo de Asunción se convirtió en el escenario de una asamblea masiva donde las mujeres entregaron sus joyas de oro y plata al gobierno para intentar salvar el futuro. Aquellas donaciones quedaron en el «Libro de Oro», pero lo más trascendental fue el ejercicio político: ellas se autoconvocaron y decidieron sobre el patrimonio nacional. Décadas más tarde, en la Guerra del Chaco (1932–1935), la mujer paraguaya fue la estratega de la retaguardia, ocupando los puestos vacantes en fábricas y oficinas, demostrando que podían manejar la logística de un país entero.

Del campo de batalla a las urnas

La Guerra del Chaco fue el catalizador final. Lo que comenzó como un soporte logístico terminó siendo un manifiesto feminista escrito con hechos. Sin embargo, la justicia tardó en llegar: Paraguay fue el último de América en otorgar el voto femenino en 1961. El voto no fue una concesión; fue el reconocimiento tardío a una estirpe de mujeres que ya habían escrito la historia con su propia sangre.

 El Matriarcado de la Necesidad: Devenir «Kuña Guapa»

De las cenizas nació el arquetipo de la «Kuña Guapa» (la mujer activa y valiente), esa figura que hoy camina por las calles de Asunción con la frente alta. El Paraguay moderno no se explica sin estos hogares donde la autoridad emanaba del trabajo incansable. Hoy, la nación que el fuego intentó borrar camina con el paso firme de sus guardianas: las dueñas de la lengua, la tierra y la memoria.

Belén Lafuente, Licenciada en Antropología Social

Redacción

Fuente: Leer artículo original

Desde Vive multimedio digital de comunicación y webs de ciudades claves de Argentina y el mundo; difundimos y potenciamos autores y otros medios indistintos de comunicación. Asimismo generamos nuestras propias creaciones e investigaciones periodísticas para el servicio de los lectores.

Sugerimos leer la fuente y ampliar con el link de arriba para acceder al origen de la nota.

 

Cayó por una estafa de 500.000 dólares a Aerolíneas Argentinas: millas truchas y pasajes a Roma, Madrid, Cancún y Miami

Este martes, la Justicia Federal realizó un allanamiento y detuvo a un hombre sospechado de estafar a Aerolíneas Argentinas...

Conmoción en Mendoza: un turista francés se descompensó y murió mientras hacía una excursión

Un turista francés de 35 años falleció en Tunuyán, Mendoza, mientras hacía una excursión en una zona de alta...

Más de 20 familias argentinas están varadas en Dubai por el conflicto en Medio Oriente: denuncian que el Gobierno argentino los dejó solos

El domingo a la madrugada, en un hotel en Dubai, las alarmas de todos los celulares se activaron en...
- Advertisement -spot_img

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí