Hay iniciativas que justifican sobradamente el papel de las diputaciones como organismos de cooperación con el mundo local. De una de ellas, y para nada menor, se han conocido hoy los resultados. La Diputación de Barcelona ha detectado 700 fugas de agua en las redes municipales de abastecimiento de agua entre los años 2024 y 2025. Este es el balance de una campaña de inspección que arrancó cuando la sequía se encontraba en su punto álgido. En este período se han revisado unos 2.000 kilómetros de tuberías en 102 municipios de la provincia. Una vez reparadas estas fugas ha sido posible recuperar más de 3 millones de metros cúbicos de agua cada año. O, lo que es lo mismo, el consumo anual de agua de toda la población de la comarca del Berguedà o de ciudades como Igualada o Vilafranca del Penedès que superan los 40.000 habitantes.
La Diputación ha puesto al servicio de los municipios sus recursos económicos y técnicos para comenzar a reparar una situación que clamaba al cielo. La campaña de inspecciones y reparaciones ha permitido ahorrar agua que hasta ahora se perdía lamentablemente, en algunos casos desde hace muchísimos años, y que se ha recuperado para garantizar el suministro a los ciudadanos y reforzar la disponibilidad de recursos hídricos, uno de los frentes abiertos en la lucha contra una sequía que hoy parece superada por el episodio de lluvias de los últimos meses pero que constituye una amenaza permanente.
Una inversión de casi medio millón de euros ha bastado para detectar las fugas y generar un ahorro anual superior a los 3 millones de euros
El abastecimiento de agua potable es uno de los servicios básicos que han de prestar los ayuntamientos. El envejecimiento de las infraestructuras con el paso de las décadas y la crisis climática hacen más necesarias que nunca actuaciones como esta que permiten revisar y actualizar las infraestructuras del ciclo local del agua.
El programa de detección de fugas de la Diputación de Barcelona se puso en marcha en el momento de mayor exigencia ante la sequía. Pronto se evidenció, incluso antes de que se planteara esta iniciativa, la necesidad de una inversión sostenida para disponer de infraestructuras más resilientes, una necesidad más urgente si cabe en los pequeños y medianos municipios.
Prevenir ante futuros episodios de sequía
En la actualidad la situación hidrológica es mucho más favorable, con los embalses de las cuencas internas catalanas casi al 100% de su capacidad, algo que no sucedía desde hace 10 años. Sin embargo, la Diputación y los ayuntamientos están dispuestos a mantener esta línea de trabajo para anticiparse a futuros episodios de escasez reduciendo las pérdidas y modernizando las infraestructuras de suministro para hacerlas más eficientes.
La campaña de detección de fugas se complementa con ayudas económicas para campañas de mejora de los puntos de vertido y para la redacción de planes integrales de saneamiento. A todo ello hay que sumar el programa sectorial de mejora de las redes de abastecimiento, dotado con 100 millones de euros para el período 2024-2027.
La Diputación de Barcelona ha aportado en la presentación de los resultados de esta campaña algunos ejemplos de ahorro de recursos. Es el caso del municipio de Rubió (Anoia) que ha ahorrado un 71% de agua al día; Calaf, con un ahorro del 27%, y el Bruc (37%), ambos también en la comarca de Anoia. O de dos municipios del Maresme, Sant Andreu de Llavaneres (un ahorro del 23%, el equivalente a 2.700 habitantes/día) y Arenys de Munt (37%, el equivalente a 3.510 habitantes.
La campaña de detección de fugas ha llegado a las comarcas del Alt Penedès (6 municipios); Anoia (22); Bages (5), Baix Llobregat (2); Berguedà (22); Garraf (1); Lluçanès (1): Maresme (5); Moainès (1); Osona (18); la Selva (1); Vallès Occidental (2) y Vallès Oriental (16)

Periodista catalano-brasileño. Redactor jefe de la sección Vivir. Más de media vida en La Vanguardia



