“Hoy no somos conscientes de la valentía y el descaro que hacían falta para meterse sola en medio de todos aquellos hombres. ¡Pero Dora no le temía a nada! Brillante, inteligente, culta, pasional, radical y combativa”. Son palabras de Brigitte Benkemoun, autora del libro En Busca de Dora Maar para describir a esta artista, de quien se inauguró días atrás una inédita exposición de fotografías en el Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires (Macba).
No es casual mi inicio con una cita que destaca su singularidad, porque la figura de Maar (París 1907 – 1997) estuvo muy unida a la de Pablo Picasso, de quien fue amante durante casi diez años y musa de varias obras. Pero hace ya un tiempo que, a través de distintos libros y publicaciones, se busca separarla del artista malagueño para arrojar luz sobre su trabajo y personalidad.
“Esta exposición invita a reconsiderar la figura de la gran Dora Maar, una pionera del surrealismo cuya obra desafía los límites del movimiento y las estructuras que lo sostenían. Influenciada por pensadores como Arthur Rimbaud, Alfred Jarry y las teorías de Freud y Babinski, la obra de Maar se caracteriza por su audaz experimentación técnica y la exploración de los estados psicológicos internos. Sus trabajos fusionan elementos dispares para crear imágenes oníricas, absurdas y perturbadoras, territorios ambiguos y fascinantes”, escribe el curador Jonathan Feldman.

La vida en Buenos Aires
Su nombre era Henriette Théodora Markovitch y vivió en Buenos Aires nada menos que entre los 3 y los 19 años. Fue debido al trabajo de su padre, arquitecto croata quien, entre otras construcciones, realizó la de la Embajada Austríaca en Buenos Aires.
Maar estudió en la Academie Lothe y, tiempo después, ingresó en L’École de Photographie de la Ville de París. Interesada en la alta costura, sus primeras obras fueron imágenes de moda.
Amiga y colega de los célebres fotógrafos Brassaï y Cartier-Bresson, al comienzo de su carrera como fotógrafa seguirá algunos de los procedimientos experimentales iniciados por Man Ray, como la técnica del desenfoque. Y fue miembro del grupo de los surrealistas de París, liderado por André Breton, donde la presencia de mujeres era excepcional.

La exposición del Macba, Dora Maar inédita. Luces y sombras surrealistas, proveniente de la Amar Gallery de Londres, presenta dos series separadas por un lapso de cinco décadas. Desde sus primeros trabajos en los años treinta pudiéndose apreciar retratos como los del poeta y dramaturgo Jean Cocteau, Picasso (en la tapa de la revista Time), el actor Jean Louis Barrault, un autorretrato y paisajes urbanos.
En tanto, en la serie de los años 80 prevalecen las luces y sombras en imágenes por momentos fantasmáticas, de ensueños. Se trata de fotogramas creados sin cámara colocando objetos sobre papel fotosensible, lo cual demuestra, en palabras del curador “su ingenio técnico y su capacidad para realzar la belleza de lo cotidiano”.
Limones, crucifijos, objetos geométricos son los protagonistas de creaciones cuyo resultado son imágenes de cierta síntesis compositiva, entre la abstracción y la figuración, e imbuidas de misterio y poesía.
En 1937, Pablo Picasso inició sus bocetos de Guernica. Entonces, la relación sentimental con Maar se convirtió también en una colaboración fundamental. La artista realizó el registro fotográfico de todo el proceso creativo, desde el 1 de mayo hasta el 4 de junio de ese año, de la emblemática pintura que alude a los horrores de la Guerra Civil Española en el pueblo vasco que da nombre a la obra. En la presente exposición encontramos una imagen de este proceso.

En la web del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, de Madrid, en cuya colección se encuentra Guernica, la especialista en fotografía de la institución, Concha Calvo Salanova, escribe: “Varias personas del entorno de Picasso intuyeron la importancia de la obra y Christian Zervos, fundador de Cahiers d’art en 1926, solicitó a Dora Maar que documentara el progreso de la pintura”.
El museo atesora, además, 28 fotografías de Maar sobre la realización de Guernica. Calvo Salanova también cuenta que como las fotografías no pudieron tomarse en las mejores condiciones por el gran tamaño del lienzo (349,3 x 776,6 cm) y la poca iluminación en el estudio, Maar empleó, para dar más fuerza a las imágenes, métodos de retoque fotográfico, internegativos y copias de impresiones.
Entre fines de 1935 y principios de 1936 se había producido el encuentro entre la artista y Picasso. Entonces, Maar se encontraba en un momento ascendente de su carrera, mientras que él emergía de un tiempo de parálisis creativa. Sin embargo, su figura quedaría eclipsada por el poder de aquel. Picasso consideraba la fotografía un arte menor y Maar se adentró en la pintura por su influencia.
La relación entre ambos fue tormentosa. Picasso la dejó por otra mujer más joven, la pintora Françoise Gilot. Maar llegó a necesitar ser internada en un hospital mental donde padeció electroshocks. Hasta su muerte vivió creando recluida en un departamento, aunque habiendo abandonado la fotografía.
Menos de diez personas
Cuando falleció en 1997, menos de diez personas fueron al entierro. Había dejado indicado que no quería esquelas. En 2019, la Tate Modern le dedicó una exhaustiva retrospectiva a su “inusual ojo”.
“La Expo de Dora Maar se da en el contexto de nuestra programación dedicada enteramente a la mujer al celebrarse este año el 50 aniversario de la instauración del Día Internacional de la Mujer el 8 de marzo. Su relación con Latinoamérica no sólo se reduce a la Argentina. La Bienal de San Pablo utilizó una obra de Picasso «La llorona» [un retrato cubista de Maar] como imagen de la edición 1953-1954. Reafirma así nuestra presencia internacional a través de nuestra colección, que abarca artistas de 35 países de los cuatro continentes, y de las exposiciones de artistas internacionales que venimos realizando de manera consistente”, señaló a Clarín Aldo Rubino, fundador del Macba
El museo cuenta en su acervo de arte argentino con un 50% de artistas mujeres. Maar está acompañada en otras salas de la institución por las exposiciones de Cecilia Biagini: Enredo simple, con la curaduría de la artista visual Fernanda Laguna, y por el primer episodio de Pulsaciones con destacadas artistas.

Este último es un ciclo expositivo a partir de la Colección MACBA, que recorrerá 50 años de producciones que posibilitan rastrear el gran y vital interés por la geometría y sus posibilidades estéticas en nuestra región.
Las tres muestras se pueden ver hasta el 6 de julio en Av. San Juan 328, de lunes a viernes de 12 a 19; y sábados, domingos y feriados de 12 a 19. Entrada General: $5.000 y miércoles, $3.000.