
Mientras los accidentes graves se repiten cada semana, sale a la luz un plan de seguridad integral impulsado por empresarios de Pinamar que permanece frenado por la falta de aval de los propietarios de la tierra explican a Pinamardiario. Radiografía de una zona liberada donde la burocracia cuesta vidas.
La temporada 2026 en Pinamar ha vuelto a poner el foco en la herida abierta de la zona norte: La Frontera. Tras el reciente accidente que dejó a un niño de 8 años luchando por su vida y otros múltiples heridos por vuelcos de UTV, la pregunta que recorre los pasillos de la Municipalidad y los paradores es siempre la misma: ¿Por qué no se controla el lugar?
La respuesta no es solo la falta de recursos, sino una compleja trama de intereses privados y una propuesta de normalización que duerme en los escritorios debido a una fuerte interna entre los propietarios de los médanos.

El Proyecto de los «Corredores Sustentables»
Un grupo de empresarios locales, preocupados por la degradación del destino y la creciente peligrosidad del área, presentó hace meses un proyecto integral de normalización. Según pudo saber este medio, el plan no solo buscaba la seguridad, sino la preservación del ecosistema. Los puntos clave del proyecto incluían:
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Puntos de control permanentes: Garitas de seguridad y asistencia médica en zonas estratégicas de los médanos, financiadas por el sector privado.
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Delimitación de «Circuitos Técnicos»: Separar las zonas de recreación familiar de los circuitos para pilotos experimentados, evitando el cruce mortal de trayectorias.
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Señalética Inteligente: Instalación de cartelería reflectiva y banderines obligatorios mediante un sistema de precintos en el acceso.
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Canon por ingreso: El cobro de una tasa destinada exclusivamente al mantenimiento de ambulancias 4×4 y presencia policial en el corazón de las dunas.

Los dueños de la pelota que no aparecen
La viabilidad del proyecto depende de la voluntad de quienes ostentan la titularidad de las tierras. En este escenario, las posiciones están divididas. Pinamar Sociedad Anónima, la histórica firma fundadora de la ciudad y dueña de gran parte de la franja norte, manifestó su apoyo a la iniciativa, entendiendo que el ordenamiento es la única vía para evitar que La Frontera termine clausurada definitivamente, al menos asi lo explico a este medio Nicolas Alfaya uno de los inversores en el lugar.
Sin embargo, el proyecto encontró un muro infranqueable en la otra parte necesaria: la familia Gualtieri, propietaria de una extensión clave de médanos donde se concentran las mayores «ollas» y zonas de riesgo. Según fuentes cercanas a la negociación, los empresarios impulsores nunca recibieron una respuesta formal ni voluntad de diálogo por parte de Gualtieri.
«Es frustrante. Tenemos los recursos, tenemos el aval de una de las principales empresas de la ciudad y el diseño técnico, pero sin la firma del otro dueño de la tierra, cualquier intervención privada se considera intrusión», explicó uno de los empresarios involucrados, enviamos mensajes pero nunca obtuvimos respuesta dicen.
Un vacío legal que se cobra víctimas
Este «empantanamiento» administrativo deja a la zona en un limbo peligroso. Como se trata de propiedad privada, el Estado municipal alega limitaciones para realizar obras de infraestructura permanente o cobro de servicios, mientras que los propietarios no se ponen de acuerdo para delegar la gestión o implementar un sistema de seguridad propio.
Mientras la burocracia y la falta de respuesta de Gualtieri mantienen el plan en un cajón, La Frontera sigue operando bajo su propia ley. Una ley donde la velocidad, el alcohol y la falta de cascos dominan la escena, y donde la próxima tragedia parece ser solo cuestión de tiempo.



