Eran las ocho de la mañana del 30 de junio de 1976 cuando entraba en servicio el tramo de autopista entre La Jonquera i Le Boulou que conectaba la península con el resto de Europa. De ello se cumplió la pasada semana medio siglo. La consecuencia inmediata fue la progresiva desaparición de las kilométricas colas de vehículos en la N-II hasta ese momento única forma de cruzar la frontera por La Jonquera. Faltaban 20 años para que los acuerdos de Schengen fijasen fronteras europeas en detrimento de las estatales haciendo que controles policiales y aduanas no estuvieran al menos visibles. El concepto jurídico de frontera no es, ni mucho menos, una broma y su sentido posesivo institucional abarcaba otros ámbitos. Sin ir más lejos en el arcén de la AP-7 sobre el puente de la Tordera , frontera entre Barcelona y Girona antaño se veía a un caballero elegantemente vestido fuera del coche oficial. Era el gobernador civil que estaba esperando al ministro o subsecretario de turno que venia de de visita para recibirlo oficialmente en el límite de la provincia.
Con el Tratado de los Pirineos se consolidaba como frontera jurídica la geográfica, con las cumbres de la cordillera y la vertiente de aguas que forman las cuencas como línea separadora. Provocó hechos relevantes como la pérdida del Rosselló y el Conflent en favor de Francia o que Llívia continuase bajo soberanía española. También la existencia del Portús en La Jonquera, antes conocido como Los Límites. De siempre este barrio, una calle, ha ofrecido una característica insólita. La misma avenida tenia dos aceras con jurisdicción estatal distinta. El oeste francés y el este español. Si aparcas en el lado español has de cruzar a la parte francesa para pagar en el parquímetro. Luego volver a la española para dejar el tiquet en el coche.
El concepto jurídico de frontera no es una broma y su sentido posesivo abarca muchos ámbitos
En el siglo pasado los ciudadanos de los dos países intercambiaban por un día las marcas que compraban en las tiendas de alimentación y que les eran desconocidas. El comercio local ha sabido transformarse exitosamente y hoy los franceses les invaden pacíficamente, no solo para comprar tabaco a mitad de precio.
Pero además de comercio era frontera. Los niños de las familias catalanas que iban a pasar el día al lugar contemplaban emocionados el momento en que el progenitor libraba los pasaportes a policías y gendarmes o compraba una carta verde, que extendía por un día el seguro español por si se querían adentrar en territorio francés. En el pueblo se veían algunas de los 663 mojones que delimitan los dos estados. Tardaron siglos en rematar la faena. Sin ir más lejos, también Andorra y España han estado discutiendo recientemente algunas delimitaciones fronterizas. Qué razón tenia aquel catedrático de Derecho Administrativo que recordaba que los solares no existen en la naturaleza. Una invención humana para acabar estando demasiado a menudo unos de otros de espaldas



