Con el cierre del estrecho de Ormuz y la consecuente subida del precio del crudo por encima del 10%, lo previsible sería que la economía iraní quedase colapsada. Sin embargo, el destino de esta crisis depende en parte de un diminuto fragmento de tierra de apenas 20 kilómetros cuadrados situado frente a la costa iraní, en el golfo Pérsico. Aunque pequeña en dimensiones, la importancia de la isla de Kharg es inversamente proporcional a su tamaño: es el corazón latente de la República Islámica, el nodo por el que transita el 90% de sus exportaciones petroleras.
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