“Esta planta sorprende por su gran poder antioxidante y si se avanza en confirmar su poder antitumoral sería doblemente interesante”, planteó la doctora en Química Guillermina Bongiovanni, respecto a la jarilla, una planta nativa, que abunda en la Patagonia Norte.
Los primeros estudios los llevó adelante en Córdoba, donde participaba de un programa de plantas nativas para estudiar propiedades medicinales. Junto con otra científica, detectó varias plantas con una fuerte actividad antitumoral y antioxidante y la que más sobresalía era la jarilla.
“Cuando poníamos extractos de jarillas, las células tumorales se destruían. Se trata de apoptosis -o muerte celular programada-, un proceso natural que elimina células innecesarias o anormales. Este tipo de destrucción celular no daña a las células de alrededor, por lo que esperamos que otros científicos puedan continuar estas investigaciones para aprovechas los compuestos medicinales que tiene la jarilla”, explicó Bongiovanni, directora del Grupo de Biotecnología Ambiental en el Probien (Instituto de Investigación y Desarrollo en Ingeniería de Procesos, Biotecnología y Energías Alternativas), que depende del Conicet y la Universidad Nacional del Comahue.

Esos resultados alentadores le generaron interés para continuar estudiando los distintos tipos de jarillas que crecen el Patagonia Norte. Por eso, continuó el proyecto de investigación desde el Probien en Neuquén.
“Propuse estudiar las plantas patagónicas medicinales. En Córdoba había estudiado la jarilla hembra, pero en la Patagonia Norte había también jarilla macho, en las zonas áridas, y la crespa, cerca del agua”, acotó.
Bongiovanni, junto a Ana Ferrari y Celeste Gallia, integrantes de su grupo de investigación, recolectaron y estudiaron las tres especies de jarillas en Río Negro y Neuquén y concluyeron que todas tienen una gran capacidad antioxidante. “Las células se oxidan por la edad, la exposición al sol, el consumo de alcohol, de agua o alimentos contaminados o sin controles de calidad, entre otros. La oxidación de células y tejidos de nuestro cuerpo es muchas veces la causante de la disminución de nuestro sistema inmune”, detalló.

Mencionó que “muchas enfermedades crónicas, como el cáncer, la diabetes, el reuma, el Parkinson, inician con oxidación que va dañando las células y después de algún tiempo, que depende de cada persona, comienza la enfermedad. Por esto se dice que los antioxidantes previenen muchas enfermedades y se recomienda el consumo de frutas y verduras, o el uso de suplementos nutricionales”.
Bongiovanni comentó que “cuando se buscan compuestos vegetales benéficos para la salud, uno se basa en la etnomedicina, en cientos de años de experiencia en el uso de plantas, de los ‘yuyos medicinales’. La medicina tradicional nos indica qué planta estudiar: si se la usa desde hace años, muy posiblemente tenga lo que buscamos y sin una actividad tóxica”.
¿Cómo se usa la jarilla actualmente? A modo de cataplasma. Generalmente, se hace un té con la planta que se aplica en articulaciones que duelen o en heridas por su poder antibacteriano. Se emplea como antirreumático, antiinflamatorio y para la fiebre.

Otro de los beneficios
La investigación también determinó que los antioxidantes de las jarillas previenen la oxidación de las grasas de la carne. “Normalmente, la grasa se oxida y se pone rancia, desmejorando su sabor original y disminuyendo sus propiedades nutritivas. Es decir que podrían usarse esos compuestos para preservar alimentos (aumentar su tiempo de vencimiento)”, advirtió.
En este sentido, las pruebas marcaron que “la carne que estaba ‘bañada’ por té de jarilla demoraba más de 15 días en comenzar a oxidarse; mientras que otra carne, a los dos o tres días, ya empezaba a ponerse fea, a arruinarse”.
Bongiovanni mencionó que un estudio de la planta en el acelerador de partículas del Laboratorio Nacional de Luz Sincrotrón en Campinas, Brasil. “Usando rayos X, se pudo determinar que la jarilla tiene alta concentración de potasio, calcio y hierro, lo que indica que absorbe elementos de valor nutricional. También tiene altas concentraciones de titanio, cromo, níquel y estroncio que son elementos que pueden resultar tóxicos. De modo que la jarilla también podría ser estudiada para descontaminar el suelo”, apuntó.

Tres especies de jarilla
La jarilla es una planta autóctona de América Latina. En Argentina, hay tres especies que crecen desde Salta hasta Chubut, principalmente en las zonas no montañosas.
La jarilla hembra y macho se encuentran en las zonas áridas, incluida la estepa patagónica. En la Patagonia, además, hay gran presencia de jarilla crespa, que crece en zonas húmedas, a la orilla de ríos, lagos y represas.