Barcelona
La presión realizada por los Mossos en Barcelona para frenar la multirreincidencia ha empujado a los ladrones a otros municipios del área metropolitana como el Prat, Badalona o L’Hospitalet. Los dispositivos no hacen desaparecer la delincuencia sino que la trasladan a otras zonas. En este caso, los ladrones han mudado su actividad hasta el aeropuerto del Prat, el paseo de Badalona y l’Hospitalet, sobre todo en los aledaños de la Fira, que se han convertido en enclaves que los Mossos quieren tener controlados. Por esta razón, añaden estas ciudades a un nuevo plan que contará con la vigilancia unificada en estas zonas, que será dirigido de forma conjunta y que, además, contará con la participación de las policías locales y de la Policía Nacional, que se integrará desde el minuto cero por sus competencias en extranjería.
El nuevo plan contra la multirreincidencia ha sido bautizado como Pla Kanpai (brindis en japonés) y sustituye al Pla Tremall que los Mossos pusieron en marcha en 2020. La novedad es que el plan quiere ser más específico para “detener mejor”, según dijo el intendente Toni Rodríguez, que se ha encargado del diseño del dispositivo. El plan contará con una mayor presencia policial en las calles con el despliegue añadido de las unidades de antidisturbios con la que se pretende saturar el espacio y disuadir a los delincuentes.
El plan desplegará antidisturbios y contará con el apoyo de la Policía Nacional y policías locales
Este fin de semana el Pla Kanpai dará sus primeros pasos en el área metropolitana de Barcelona. Este es uno de los elementos diferenciadores de la nueva estrategia, superar las fronteras que marcan las ciudades. La reducción de las denuncias de hurtos en la capital catalana ha supuesto un cambio de escenario de algunos delincuentes que se han trasladado a urbes vecinas. Según los datos expuestos en la última junta de seguridad de Barcelona, los hurtos se redujeron un 6,3% respecto al 2023 y los robos violentos descendieron un 8,4%. El objetivo del nuevo operativo es neutralizar a los multirreincidentes más activos, los denominados profesionales, que hacen del robo su forma de vida. El plan pretende, mediante el intercambio de datos, poder detectar más rápido a los ladrones itinerantes y actuar contra ellos antes de que se vayan a otro lugar. Solo en Barcelona, la policía detuvo el año pasado 452 ladrones que acumulaban un total de 3.600 detenciones y que estaban relacionados con 9.114 delitos, lo que representaba una media de ocho detenciones y 20 robos cada uno.
El plan cuenta como actores protagonistas con los agentes de paisano especializados en seguimientos, los llamados fura, a quienes se dotará de más datos y mayor información obtenida a partir del intercambio de información entre los distintos cuerpos y agentes sobre el terreno que permita “perfilar mucho más” al delincuente. Toman como referencia la experiencia de Terrassa donde se redujeron el año pasado un 79% los robos violentos después de identificar y detener, gracias los datos policiales, a 25 delincuentes que habían protagonizado el 30% de los delitos.
Los Mossos, en su estudio, han realizado un perfil de los carteristas que agrupan en tres grupos. Aquellos que actúan por necesidad porque provienen de entornos marginales y que a menudo son drogodependientes. En segundo lugar, se encuentran aquellos que no se han criado en entornos marginales, pero que se han visto abocados a la delincuencia tras no encontrar salidas laborales. Y, por último, se encuentran los profesionales, aquellos cuyo modus vivendi es el delito. “No es lo mismo el que actúa por que es toxicómano y el que es un profesional: hay una diferencia tan enorme que no podemos trabajarlo igual”, subraya el intendente Toni Rodríguez.
“Toda la organización policial está implicada de alguna manera en el Pla Kanpai”, indica uno de sus responsables. Desde hace un tiempo se habla sobre “inteligencia policial” que no es más que conocimiento, tener datos, pero bien referenciados de tal manera que puedan ser útiles. Un conocimiento que permita avanzarse, por ejemplo, a las baterías de delincuentes que viajan desde cualquier capital europea a l’Hospitalet o Barcelona para las ferias y congresos. O que facilita la elaboración de atestados en los que se adjunta el contexto delincuencial del acusado. Se trata de no conformarse con reaccionar a los hechos, sino actuar directamente sobre los autores para que no se produzcan, explican. La información también ha de ayudar a desenmascarar la otra estructura que va de la mano de la delincuencia profesional y que tiene que ver con la logística para revender lo robado. O al acompañamiento a muchas personas recién llegadas, sin documentación ni opción laboral y que son captadas y adoctrinadas para que roben a las órdenes de otros.
El rediseño del plan contra la multirreincidencia fue una de las primeras órdenes que dio Josep Lluís Trapero cuando accedió al cargo de director de la policía. Encargó a la jefatura de Mossos un proyecto que además pudiera analizar el fenómeno no solo desde la vertiente policial sino también desde otros ámbitos, como el legislativo, el judicial, el penitenciario o el de servicios sociales, para combatir de forma más eficiente contra el fenómeno.
El primer paso ha sido diseñar la estructura sobre la que debe asentar el proyecto en el que la policía es solo un actor más de los muchos que intervienen en el fenómeno de la multirreincidencia. Los Mossos quieren promover el debate. Quieren plantear, por ejemplo, a la Conselleria de Justícia que promueva el cumplimiento de parte de la pena mediante trabajos en comisarías de policía, como ya se hace en una prueba piloto. O que la bolsa de policías en segunda actividad pueda dedicarse a tutelar actividades fuera de la prisión de algunos de esos delincuentes que, tienen derecho a una segunda oportunidad, y solo necesitan una mano que les arranque del círculo vicioso de la delincuencia. Se trata de implicarse en la ejecución de las penas y las condenas auxiliares.