La llegada de la lluvia, en forma de borrascas encadenadas, no ha acabado con todos los problemas originados por la sequía más prolongada de la historia moderna en Catalunya. En muchos puntos del interior del Camp de Tarragona ha empeorado sobremanera el agua almacenada en el subsuelo, la que se utiliza mayoritariamente para el riego agrícola a través sobre todo de pozos. La subida de la salinidad está causando estragos, con la mortandad de cientos de hectáreas de avellanos, uno de los cultivos más sensibles, o ahogando almendros y olivos, con la caída de las cosechas y la calidad de los frutos.
“Estamos matando nosotros mismos los avellanos regándolos con esta agua”, advierte Sergi Claramunt, responsable territorial de Unió de Pagesos (UP) en el Camp de Tarragona. “El árbol tiene sed porque le estás tirando sal. Sin querer, lo matas”, añade.
Unió de Pagesos pide un cambio legal en las depuradoras para evitar el perjuicio de las aguas residuales
La situación ha encendido las alarmas entre los agricultores. Al sospechar que la poca cantidad de agua disponible tenía exceso de sal, UP puso en marcha varias semanas atrás analíticas en sesenta puntos, la mayoría agua de pozos, con el apoyo del IRTA y la DOP Avellana de Reus. Hay niveles excesivos de sal en el agua de varias comunidades de regantes del Baix Camp, del Alt Camp y del Tarragonès, en un 60% de todas las analíticas realizadas.
La situación es grave y amenaza, si no se actúa, la viabilidad de los cultivos a medio plazo en las zonas más afectadas. Pone al descubierto además una problemática asociada a las aguas residuales, herencia también de la sequía extrema en un contexto de emergencia climática. Con los ríos, las rieras y los barrancos prácticamente secos o con caudales irrisorios durante tres años, el agua tratada y vertida al medio a través de las depuradoras no se ha podido mezclar como lo hacía en períodos de lluvias intermitentes.
Municipios sin depuradora
Otro de los problemas es que aún quedan municipios en el ámbito rural que no disponen de depuradora, por lo que vierten directamente sus aguas residuales, sin tratar, directamente a ríos, rieras o barrancos. Así lo denuncia Unió de Pagesos, que pone como ejemplo de esta situación dañina para el riego dos pueblos: La Masó y El Rourell, en el Alt Camp. “Hace años que piden al Govern disponer de depuradora pero se ven obligados a verter aguas sin depurar al río Francolí o a uno de sus afluentes, el río Glorieta”. El sindicato también pone bajo el foco dos depuradores muy sensibles para su entorno agrícola: la Selva delCamp (Baix Camp) y Valls (Alt Camp). UP denuncia que están vertiendo aguas depuradas con unos niveles de sales altos dentro de lo que permite la ley. “La legislación pone hincapié en que las aguas estén libres de microbios y bacterias pero es muy laxa en lo que se refiere a la salinidad”, critica UP.
El resultado, las aguas residuales tratadas en las depuradoras han acabado perjudicando a través de las filtraciones el agua subterránea, donde hay las reservas estratégicas no solo para el riego. También hay muchos municipios del entorno rural del Camp de Tarragona que se abastecen de pozos y minas que ahora ven que la calidad del agua ha caído en picado e incluso no es ni apta para el consumo humano. “La acumulación de esta sal en los acuíferos puede causar problemas para la salud humana y llegar a ser un problema de salud pública”, alertan desde Unió de Pagesos.
Un complejo efecto en cadena originado por el incremento de la cantidad de sales en el agua que también puede acabar contaminando en paralelo las tierras, mermando los cultivos.
Para revertir la situación, agravada por la sequía, no basta con un período más o menos prolongado de lluvias. Son procesos más lentos, por lo que UP pide medidas de alcance a la Generalitat, a través de la Agència Catalana de l’Aigua (ACA), y al Gobierno, con competencias para cambiar el real decreto (1085/2024) que regula la gestión de la reutilización del agua.
Lee también
El pantano de Siurana llega solo al 21% y se recrudece la guerra del agua
Esteve Giralt

Lee también
Las reservas del Ter y Llobregat garantizan ya el agua en la región de Barcelona para todo el 2025
Antonio Cerrillo

La principal reivindicación es que se exija por ley que las aguas depuradas reduzcan los niveles de sal y sean aguas regeneradas aptas para el riego agrícola. La legislación, aunque se cumpla a rajatabla, perjudica los cultivos. “Si optamos por la reutilización de las aguas residuales, no tiene ningún sentido que no sean aptas para el riego. Si cada vez que hay una sequía sube la salinidad, la agricultura tiene los días contados. ¿Qué es más caro, invertir en las depuradoras o dejar el territorio sin agricultura?”, advierte Martí Macias, responsable del agua de UP en el Camp de Tarragona.
Uno de los sistemas que se podrían introducir en las depuradoras municipales es el de las ósmosis inversa, con un coste económico elevado pero muy efectivo par atajar la salinidad. Precisamente, es una de las estrategias que se ha puesto encima de la mesa en el proyecto ahora en fase de estudio por parte del Govern par aprovechar para el riego agrícola el agua de la depuradora de Reus (Baix Camp), una vez regenerada. La idea es enviarla hasta dos balsas que se construirían junto al pantano de Riudecanyes. Uno de los problemas es que esta agua, si tiene niveles de salinidad altos, no sería apta para los avellanos.