Artur Miranda y Jacques Bec, almas del estudio Oitoemponto, visitaron esta casa por primera vez hace más de veinte años. Los hijos de una familia numerosa —siete miembros más el servicio— acababan de heredarla. Hicieron una oferta. No prosperó. En el 2011 volvió al mercado. “Tras un año de negociaciones, la compramos por fin. A mejor precio que la primera vez”, sonríe Bec. Y a cinco kilómetros de Oporto, en una calle discreta de Foz do Douro, han construido su hogar. Es una casa de los años cincuenta de una sola planta y rodeada por más de 10.000 metros cuadrados de jardín. “Plantamos muchos árboles frente al edificio y nadie puede vernos. No puedes imaginar lo que hay detrás del verde o detrás del muro. Estamos en el centro de la ciudad y, aun así, es muy privado”, explica el interiorista Artur Miranda.
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