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La Oración: un laboratorio a cielo abierto de la intensificación agropecuaria

La mejor manera de explicar las ideas es con ejemplos concretos. Esa parece ser la función que cumple la estancia La Oración, en la localidad bonaerense de Salto, donde se ponen en práctica muchos de los conceptos que enarbola la vanguardia agropecuaria argentina. Son algo más de 1.500 hectáreas de excelentes suelos en las que se aplican técnicas de avanzada para la captura de carbono y el mejoramiento estructural del suelo, y donde se realizan mediciones permanentes y ensayos productivos orientados a diversificar el abanico de alternativas.

“El foco siempre es tener la mayor intensidad posible en las rotaciones, en lo posible dos cultivos por año, que siempre haya algo verde en el suelo”, sintetiza Francisco Pugno, gerente general de la empresa. De todos modos, reconoce que no siempre es viable sostener ese dogma a rajatabla, porque las variables climáticas y económicas también juegan.

En los últimos años, en los que la zona atravesó una restricción hídrica poco habitual, la intensidad debió reducirse. “Es muy difícil hacerlo cuando hay una oferta ambiental inferior. Hasta la campaña anterior, los 1.000 milímetros anuales no venían ocurriendo. La intensidad de las rotaciones intenta capturar ese volumen de agua y, si no está, se complica”, explica el joven productor en diálogo con Clarín Rural. Aun así, aclara que la rotación sigue siendo muy intensa y con una alta diversidad de especies.

El trigo es el cultivo más estable de la empresa, en la campaña 2025/26 obtuvieron 7,2 tns/ha en promedio.

El fundador y alma mater de la empresa es César Belloso, suegro de Pugno, presidente honorario de Aapresid y reconocido promotor de las prácticas conservacionistas en la agricultura. Su impronta está presente en cada decisión de la empresa.

La rotación típica de la zona incluye trigo, soja y maíz, pero en La Oración ya sacaron numerosas conclusiones sobre el manejo de los cultivos de servicio y operan en un nivel de ajuste fino. Por ejemplo, saben que es mejor implantar vicia en un lote destinado a maíz tardío que en uno pensado para maíz temprano. A su vez, la soja de primera casi no se siembra sobre barbecho.

La intensidad de la rotación alcanza un índice de 1,7, lo que implica que el 70% de la superficie está cubierta durante el invierno. Sin embargo, lo más importante, subraya Pugno, es la flexibilidad y la capacidad de reacción. “Cuando hay dudas sobre la disponibilidad de agua, aflojamos la pata. Con la variabilidad climática actual es muy difícil adaptarse. En enero, por ejemplo, las lluvias fueron muy variables y quedaron por debajo de la media. Esa diferencia se siente mucho porque es un mes estratégico. El año pasado, por esa razón, el maíz de primera y la soja de segunda se vieron muy afectados”.

La campaña 2025/26 arrancó con un abastecimiento previo de agua mucho mayor: los perfiles estuvieron cargados hasta bien entrado diciembre. “Entonces ahora que se cortó el agua, los cultivos aguantan mejor. Este año es una locura lo que llovió”, resume.

El Ing. agr. Juan Urbisaglia midiendo humedad de suelo en triticale (cultivo de servicio).

Gracias a ese contexto, la empresa viene mostrando un desempeño muy sólido. Durante el invierno sembraron trigo en el 35% de la superficie agrícola y obtuvieron rindes promedio de 7,2 toneladas por hectárea. “Somos muy trigueros, tenemos promedios históricos muy buenos, que rondan las 6 toneladas por hectárea, y venimos rompiendo récords año tras año en la fina”, destaca Pugno. Para explicar los resultados de esta campaña, aclara que no hubo grandes decisiones diferenciales de manejo, sino que el rol central lo jugaron las lluvias y las condiciones de luz y temperatura.

Además del cereal, esta campaña probaron camelina en el 4% de la superficie, aunque los resultados no fueron los esperados. “Al igual que a la arveja, no le gusta tanto el año demasiado húmedo”, señala.

En materia de cultivos de servicio, realizaron vicia pura, que funcionó muy bien y fue seguida por maíz tardío, también con buen desempeño hasta el momento a pesar de que las lluvias se cortaron de un momento a otro. En otros lotes implantaron avena/vicia para luego ir a soja de segunda, y previo a la soja de primera hicieron verdeos de triticale, un eslabón que se integra con la última innovación de la empresa: la recría de terneros.

“Como tenemos una rotación intensa, vamos jugando con la necesidad de pastoreo. Si hace falta, se come, y si no, se deja solo como servicio”.

En el verano, la empresa apuesta a los dos grandes pilares de la agricultura pampeana: soja y maíz. “Tenemos lotes y calidad de suelo muy buenos, con lo cual no hacemos girasol ni sorgo; nos centramos en soja y maíz en distintas fechas de siembra”.

Francisco pugno en un lote de maíz en Salto.

Así, la soja de primera ocupa alrededor del 25% del área; la soja de segunda, entre el 36 y el 38%; y el maíz, un 35%, del cual el 60% es temprano y el 40% tardío.

Los rindes promedio del maíz de primera son de 12 toneladas por hectárea, con años de hasta 14. “El año pasado fueron 5.500 kilos o menos, un horror”, grafica, para ilustrar el impacto de la variabilidad climática. En maíz tardío, el promedio ronda las 10 toneladas por hectárea. En trigo, el promedio histórico es de 6,2 toneladas, con mayor estabilidad que los cultivos de verano. En soja de primera obtienen, en promedio, 4,7 toneladas por hectárea, mientras que en soja de segunda rondan las 2,8 toneladas, aunque en algunos años alcanzan los 4.000 kilos.

La Oración integra la Regional Centro de Aapresid, una red de información que se enriquece año tras año. “El conocimiento se va desarrollando tanto que cada vez tenemos más herramientas para decidir con datos, en la regional tenemos todo súper medido. En un año llovedor como este, los que hicieron cultivos de servicio estuvieron óptimos”, señala, y advierte: “El cultivo de servicio mejora el suelo seguro, pero en años secos puede quitar algo de rinde. Lo estamos analizando: hay que manejarlo bien porque se puede volver en contra de un momento a otro. Todo el tiempo estamos probando cultivos; los que funcionan se incorporan y los que no, se descartan”.

La vicia es una de las herramientas para aportar raíces durante el invierno.

En esa búsqueda de diversificación, el año pasado incursionaron en el cáñamo industrial. “Es un cultivo de verano muy interesante, con una tasa de crecimiento alevosa y gran generación de biomasa. Sufrió menos la seca que otros cultivos y es muy virtuoso en términos de carbono y suelo. Cuando demos en la tecla con la genética y el manejo, va a jugar un rol interesante. La fibra de cáñamo tiene muchísimas potencialidades. Somos los primeros que nos anotamos para esos desarrollos”, afirma Pugno.

Ahora entraron los terneros

Si bien Belloso siempre fue muy agricultor y poco entusiasta de las vacas, reconoce el enorme potencial de la ganadería para el mejoramiento de los suelos, una de sus grandes pasiones. Por eso, en los últimos años la empresa decidió innovar también en ese frente.

Pugno explica que en el campo siempre hubo una pequeña porción de suelos bajos, clase 3 o 4, donde no se hacía agricultura. En algún momento se implantaron semillas de agropiro, pero luego quedaron improductivas unas 120 hectáreas. En 2015 comenzaron con algo de cría de baja intensidad, pero hace cuatro o cinco años decidieron profundizar el esquema.

Terneros en pastura perenne (alfalfa, cebadilla y pasto ovillo), una nueva herramienta para el sistema.

Siempre supimos que el objetivo es la perennización del campo: cuantas más raíces vivas haya, mejor. El desafío era cómo hacerlo en una zona altamente competitiva. La pastura de cuatro años, por ser perenne, es insuperable en términos de suelo, pero históricamente fue perdiendo lugar porque resultaba menos rentable que la agricultura y requería más inversión en infraestructura y mano de obra. Integrar ganadería y agricultura era un desafío”, describe.

Tras analizarlo, optaron por un modelo de recría. Implantaron pasturas -alfalfa con cebadilla y pasto ovillo- en lotes agrícolas para integrarlos al sistema, además de los verdeos. Vendieron las vacas a buen precio y compraron terneros para hacer recría a pasto y verdeos, mientras evalúan esquemas de terminación.

Terneros en recría sobre un verdeo de invierno (triticale) en La Oración.

“Este año es nuestra escuelita, estamos aprendiendo. Hoy tenemos 400 terneros y el campo podría haber recibido 800, pero fue una cuestión de precios y capacidad. Vamos de a poco”, explica. “Vendimos la vaca cara, pero el ternero también estaba carísimo, así que nos está sobrando pasto. Estamos en pleno aprendizaje ganadero”.

Como parte del ensayo, decidieron enviar un tercio de los terneros a un feedlot de hotelería; otro tercio sigue a pasto y será vendido más adelante; y el tercio restante está en proceso de adaptación para un encierre con silo de autoconsumo. “Compramos un mixer y veremos cómo funciona. La mirada a largo plazo es tener esquemas flexibles para adaptarse a las variables de cada año. La hacienda permite diversificar, da más estabilidad de ingresos y, para el suelo, no hay nada mejor. Lo que más nos interesa es la raíz de la pastura”, resume.

Nuez pecán, carbono y rentabilidad

Con el mismo espíritu de salir de la zona de confort y agregar alternativas a la producción de commodities, hace algunos años encararon una inversión poco habitual para la zona: implantaron un lote de 60 hectáreas de nuez pecán, con 8.500 árboles plantados entre 2021 y 2024, todos bajo riego por goteo.

“El pecán se adaptó muy bien a nuestra zona. Este año ya empezaremos a cosechar algo, pero es un negocio de largo plazo: recién a los ocho años se alcanza el punto de equilibrio y se necesitan unos quince para recuperar la inversión. Hay tres personas a cargo, es intensivo, pero tiene un potencial enorme. La idea es crecer bastante, porque sabemos que se necesita escala para el agregado de valor posterior. Desde lo agronómico es brillante: es un árbol que captura carbono y da rentabilidad. Al principio haremos cosecha manual, con shaker y lona, pero sabemos que el camino es la mecanización”, concluye.

En los últimos años implantaron 60 hectáreas de nuez pecán.

En La Oración no hay recetas rígidas ni verdades absolutas, sino una convicción clara: producir más y mejor exige sistemas vivos, datos, flexibilidad y una mirada de largo plazo. En un contexto de alta variabilidad climática y económica, la empresa apuesta a intensificar con inteligencia, diversificar riesgos e integrar agricultura, ganadería y nuevas producciones, con el suelo como eje central de cada decisión.

Redacción

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