Recuerdo un viaje a Marruecos. Me sorprendí por los hombres que iban de la mano por la calle. Amigos. O familia. Policías algunos; varones de a pie, otros. Esto en un país donde la atracción por el mismo sexo está penada por ley y por un prejuicio atroz. Era, sencillamente, una forma de demostrar amistad, cercanía dentro de la más absoluta virilidad. Para uno, la extrañeza.
¿Acaso algo similar habrán pensado mis compañeros de universidad en Estados Unidos cuando me visitó un amigo y nos saludamos con un beso social, algo que allá no existe entre hombres? El beso como manera de decir hola queda reservado a los íntimos, si no se estrecha la mano, tanto varón-mujer como varón-varón. Recuerdo que me preguntaron si era común en la Argentina (¡¿dos hombres?!) y ahí hice un poco de historia. Cuando era chico, no. En la generación de mi padre, menos. Pero lo sitúo en los 80 con el fin de la dictadura. Era como una forma de decir “acerquémonos, no nos tengamos miedo”. O eso intuyo.
Tengo dos hijos, varón y mujer. Cuando eran bebés los harté de caricias y besos por igual. Y los tenía upa todo el tiempo, pese a la crítica de la abuela que sostenía los principios de los años 60: “Así los chicos se malcrían”. Cuando ya se convirtieron en personitas autónomas uno adopta -o yo adopté- algo de distancia, es como que debía respetar su espacio personal. Sí hubo diferencias: con el varón recuerdo las guerras de almohadas, con la mujer corríamos carreras hasta la esquina. En los dos casos había movimiento pero en uno el vínculo estaba dado por la fuerza, por la habilidad para guerrear; en el otro, por la maña o la rapidez.
Claro que no todos los códigos de género pasan por el cuerpo. Hay acercamientos que aún parecen legitimados solo entre hombres. Por ejemplo, ¿es usual consultarle a una amiga cuántos kW (ya no se habla de caballos fuerza) tiene el motor de un nuevo auto eléctrico? No sería, teóricamente, un dislate, a todos nos da curiosidad si esos nuevos kartings supersónicos son competitivos. Pero hay preguntas que tienen género, como el cuerpo. Esa consulta sería posible, sí, pero bastante improbable
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