La importancia que el gobierno le asigna al sector queda reflejada en la existencia de un ministerio dedicado exclusivamente al tema. El Ministerio de Pymes y Startups (MSS), creado en 2017, tiene bajo su órbita las políticas para emprendimientos, capital de riesgo, pequeñas y medianas empresas y microempresas. Además, cuenta con 13 oficinas regionales y más de 30 instituciones asociadas dedicadas a innovación, inversión, financiamiento tecnológico, garantías crediticias y apoyo a emprendedores.
El objetivo es claro: convertir a Corea en una potencia global de startups
Según el Startup Genome Global Startup Ecosystem Report 2025, Seúl ocupa el octavo lugar entre las mejores ciudades del mundo para crear una startup. Uno de los aspectos más llamativos del modelo coreano es que no está concentrado exclusivamente en la capital.
Durante décadas, gran parte de la actividad económica del país se desarrolló en Seúl. Sin embargo, las autoridades entendieron que para sostener el crecimiento necesitaban expandir las oportunidades hacia otras regiones. Un ejemplo de esta estrategia es el Daejeon Startup Park, inaugurado en marzo de 2025 y operado por el Centro para la Economía Creativa e Innovación de Daejeon. El proyecto, que acompaña a más de 220 compañías, funciona como un campus distribuido compuesto por nueve edificios ubicados en un mismo distrito, donde conviven startups deep-tech, fondos de inversión e instituciones de apoyo al emprendedurismo. La misión es concreta: crear un ecosistema de startups locales, en donde más del 43% de las personas que allí estudian logran obtener un doctorado, mientras el otro 30% ya tiene másters.
«Es muy difícil para las startups en Corea no crecer si no trabajan juntas. Se logró trabajar en 24 países a través de ocho programas de expansión internacional», señaló Jeff Jang, Executive Director de Daejeon Center for Creative Economy & Innovation, en diálogo con Ámbito.
Daejeon Startup Park es lo más parecido a una «ciudad de las startups» y se financia 60% a través de inversión estatal correspondiente al Ministerio de Ciencia, mientras que el otro 40% se financia con donaciones y financiamiento local.
Actualmente alberga más de 100 startups y ofrece subsidios para comercialización, vivienda y alquiler. Este lugar, que tuve el placer de visitar, es totalmente gratuito para los estudiantes y los docentes. Los docentes tienen salarios que les permiten dedicarse 100% a la actividad en el establecimiento.
La elección de Daejeon no es casual. La ciudad es conocida como la capital científica de Corea y concentra algunos de los principales institutos de investigación y universidades tecnológicas del país.
El rol de las universidades
La conexión entre ciencia, tecnología y emprendimiento es otro de los pilares del modelo coreano. Uno de los casos más emblemáticos es el KAIST Startup Center, perteneciente al Korea Advanced Institute of Science and Technology (KAIST), considerado el MIT coreano. Desde su creación en 2014, el centro ayudó a crear 1.972 startups. Las compañías surgidas de este ecosistema acumulan activos por 105 billones de wones, ingresos por 38 billones de wones y generan más de 61.000 empleos.
La filosofía de la institución se resume en una frase que aparece en sus instalaciones: “Stop Thinking, Start Doing” (“Deja de pensar y empieza a hacer”). La idea es que la investigación académica no quede encerrada en los laboratorios, sino que se transforme en empresas capaces de competir globalmente.
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Kaist es una casa de estudios, la primera orientada a la ciencia y la tecnología establecida en 1971 en Daedeok Innopolis, Daejeon.
Startups que nacen pensando en venderle al mundo
Otra característica central del ecosistema coreano es su vocación global. Mientras muchos emprendimientos nacen para resolver problemas locales, las startups coreanas suelen diseñarse desde el inicio con ambiciones internacionales.
Un caso es AFINIT, una fintech fundada en Seúl en 2014 que opera principalmente en India bajo la marca True Balance. La compañía utiliza inteligencia artificial para ofrecer servicios financieros digitales y administra información de más de 100 millones de usuarios, con ingresos anuales cercanos a los 140.000 millones de wones.
La expansión internacional también es impulsada por el propio gobierno. En 2026 se inauguró el Startup Venture Campus Seoul, donde conviven startups, grandes empresas e inversores en sectores como inteligencia artificial, moda, belleza y contenidos digitales. Paralelamente se abrió un Startup Venture Campus en Silicon Valley y se creó una red de centros para startups en ciudades como Seattle, París, Singapur, Hanoi y Tokio. Además, Corea cuenta con 21 centros de negocios distribuidos en 14 países para facilitar la internacionalización de pequeñas empresas y emprendimientos tecnológicos.
La nueva generación de startups coreanas está fuertemente vinculada a tecnologías avanzadas. Entre los casos destacados aparecen Rebellion, FuriosaAI y Twinny. La apuesta por este tipo de tecnologías responde a una visión de largo plazo. Corea busca que la próxima ola de crecimiento económico no dependa exclusivamente de los grandes conglomerados industriales, sino también de empresas emergentes capaces de liderar industrias vinculadas a inteligencia artificial, semiconductores, robótica, biotecnología y software.
«Startup for All»: cualquiera puede emprender
La última iniciativa lanzada por el gobierno refleja esa filosofía. En marzo de 2026 el Ministerio de Pymes y Startups presentó «Startup for All», un programa nacional que funciona como una especie de concurso de talentos para emprendedores.
La iniciativa busca identificar e invertir en 5.000 innovadores de todo el país. Más del 70% de los participantes provienen de regiones fuera de la capital y los finalistas acceden a un fondo específico de 50.000 millones de wones. En la primera ronda se registraron más de 62.000 postulantes. Lo más llamativo es que cualquier persona puede participar, incluso si sólo tiene una idea y aún no creó una empresa.
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Después de haber construido gigantes industriales como Samsung o Hyundai, Corea del Sur apuesta ahora a que las próximas grandes compañías nazcan en laboratorios universitarios, parques tecnológicos y startups impulsadas por jóvenes emprendedores. Para un país que pasó de la pobreza de la posguerra a convertirse en una potencia tecnológica global, las startups aparecen como la herramienta elegida para escribir el próximo capítulo de su desarrollo económico.
En estos días recorriendo Corea del Sur, Ámbito tuvo la oportunidad de conocer empresas y startups como AFINIT, Twinny, Creative Factory, Calici, MCE y también instituciones financieras de renombre y con fuerte peso en Asia como Mirae Asset. Más allá de los sectores en los que operan —fintech, robótica, inteligencia artificial, contenidos, tecnología aplicada a la industria o mercados financieros— todas transmiten una misma idea: la ambición de construir compañías capaces de competir globalmente desde Corea.
La sensación que deja este recorrido es que el país no apuesta a una sola industria. Busca liderar simultáneamente sectores estratégicos como la inteligencia artificial, la robótica, los semiconductores, la biotecnología e incluso la industria aeroespacial.
Detrás de cada proyecto aparece la misma lógica que Argentina podría replicar en algún momento: innovación, inversión de largo plazo y una articulación entre el Estado, las universidades y el sector privado.
Quizás esa sea una de las principales enseñanzas del modelo coreano. El éxito económico del país no surgió de manera espontánea ni fue producto de una única decisión. Es el resultado de décadas de planificación, inversión en educación, desarrollo tecnológico y una visión compartida sobre el futuro.
Para un argentino acostumbrado a pensar en el corto plazo, es inevitable preguntarse qué aspectos de esta experiencia podrían tomarse como referencia. Nuestro país tiene talento, ideas y fuerte capacidad emprendedora, pero le faltan recursos para crecer y enfrenta enormes desafíos pendientes. Si hay una lección que Corea parece haber comprendido hace más de setenta años es que la educación, la innovación y el desarrollo tecnológico no son gastos, sino inversiones estratégicas.
Tal vez ahí está la clave que deja este viaje: las empresas que hoy lideran la economía coreana son la consecuencia de decisiones tomadas décadas atrás. Y las compañías que marcarán el rumbo de la economía argentina dentro de veinte o treinta años dependerán, en gran medida, de las decisiones que se tomen hoy.

