El escritor Guillem Frontera dijo a Cati Moyà en una entrevista que “nunca una sociedad había estado tan sorda ante las advertencias de su intelectualidad”. Comparaba el turismo con un virus descontrolado que destruye culturas. Y aunque no creía que, como pueblo, los mallorquines puedan sobrevivir, pedía que, al menos, les dejen explicar el porqué de esta extinción. Si, según Llorenç Villalonga, todos los paraísos son perdidos, la literatura escribe sobre la pérdida, para retenerla o dejar constancia de su desaparición.
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