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La vida a los 2,16 metros: quién es Joaquín Lallana, el basquetbolista que ganó el concurso del argentino más alto

Mira en silencio al espejo. Lo hace de frente, de perfil, de cerca. Siempre en silencio, retrocede dos pasos y medio y se enfoca en su cuerpo entero. Pronto, ya sin poder resistirse, lanza un “¡no lo puedo creeeeer!” que no solo pareciera hacerle recordar a su niñez y adolescencia en Córdoba capital: lo traslada allí.

-¿Por qué tanto asombro? -le preguntamos.
-Es que desde la secundaria que no usaba traje. Tuve uno para mis 15, 16 años. La genia de mi mamá me lo había comprado. Lo usé hasta que me recibí. Nunca más ni me lo probé. No puedo decir que este es el primer traje que tengo, pero sí el primero que me calza bien. Porque aquel al principio me iba largo y ancho de torso, grande de hombros y corto de manga. Hasta que empecé a estirarme y ya no hubo manera de que me entrara.

Joaquín Lallana, el basquetbolista más alto
Joaquín Lallana en los días que corren, convirtiendo para su equipo: Club Belgrano de San Nicolás. Foto: Cortesía de Pancho Fortunato.

-¿Es decir que recién ahora, a sus 29, casi 30, años, se calzó un traje que le calza perfecto?
-Tal cual. Como te digo, siento que es la primera vez que me pongo uno a mi medida. No puedo creer la imagen que me devuelve el espejo. Si hasta parezco serio -ríe el basquetbolista Joaquín Lallana con la anuencia del diseñador Pablo Palacios, quien intentando seguir proyectando su marca de cara al país, tres meses atrás lanzó el concurso Buscamos al hombre más alto de Argentina, que acaba de consagrar al basquetbolista pampeano en lo más alto (¿hay otra palabra para no repetir “alto”?) del podio.

“HABÍA DOS O TRES CHICOS QUE SE QUEDABAN EN LA PUERTA MIRÁNDOME: LES PARECÍA RARO QUE A MIS OCHO AÑOS YO HICIERA GIMNASIA CONTROLADA”

Joaquín Lallana, el basquetbolista más alto
En el vestidor del local de Palermo donde se consumó el corazón de la producción y entrevista con GENTE.

Hijo de Viviana (64) y Sergio (62) y hermano de Martina (27), Joaquín Dalmiro Lallana tiene la certeza de que nació el 19 de abril de 1996 en General Pico, La Pampa, pero no sabe con certeza si estaba planeado que fuera allí. “Yo cuento dos versiones. La de mis viejos, que lo tenían decidido, y la mía, que fue de pedo, porque justo pasaban cerca… Habría que subirse al DeLorean de Volver al futuro para confirmar quién tiene razón”, bromea. Lo que sí sabe -y explica- es que el básquet siempre fue vislumbrando su porvenir:

-Doy de de ello. Existen dos razones. Por un lado, que un tío mío creció al lado del club Atenas de Córdoba. Y por el otro , que si bien de chico probé todos los deportes (natación, karate y fútbol de once y cinco), a los seis años, y aún no siendo tan alto, no dudé en elegir para siempre el básquet.

Joaquín Lallana
A los seis años, en la galería de su casa. Tiempos en los que a su familia le adelantaron que no iba a medir menos de dos metros. «Residí en Córdoba Capital, hasta que a los 21 que me fui a jugar a San Isidro de San Francisco. Era la primera vez que vivía lejos de mi casa», cuenta. Y habla del número de camiseta que siempre lo acompañó. «El 12 lo elegí de casualidad cuando era chico. Mis cercanos me decían que era el que usaba Germán Filloy, un crack que yo llegué a ver jugar. Me lo dejé porque quería ser como él. Y ya grande siguió siendo mi número preferido», ilustra Joaquín.

-¡¿Lo supo sin saber que iba a ser tan alto?!
-Tal cual. Recién cuando mi madre empezó a hacerme estudios médicos para jugar justamente en Atenas, le anticiparon que no iba a medir menos de dos metros. Así que a los ocho, nueve, diez años me llevaron a una especie de gimnasia controlada para que creciera con buena postura y no me encorvara. Era el único de mi categoría que iba a entrenar así. Me acuerdo de que había dos o tres pibes que siempre se quedaban en la puerta mirándome, porque les parecía raro. Aquello duró hasta los 12.

-¿Los 12?
-Claro, porque terminé la primaria y ya manejaba otros tiempos. Como no tenía demasiada disponibilidad, ya que mis padres eran maestra de primaria y abogado, empecé a ir, junto a un par de amigos del barrio, a un centro vecinal cercano a mi casa asociado a Atenas. Apenas le tomé el gustito a competir, partí a Racing de Córdoba y al Hindú Club, donde la exigencia aumentó, ya que dicho club estaba orientado para que jóvenes llegaran al profesionalismo. Me acuerdo de que por aquellos tiempos compartí cancha con los hermanos Voulet (Santiago y Juan Pablo), ahora en la Selección nacional, con el Javi Saiz y con otro montón de colegas a los que ahora les va muy bien.

Joaquín Lallana, el basquetbolista más alto
En el frente a Palacios & Palacios Grandes Hombres, desde donde se organizó el concurso que ganó Lallana.

-Bueno, iban avanzando hacia su objetivo…
-Hasta ahí, porque pronto la exigencia me tiró un poco para atrás. Eran tiempos de final de secundaria e inicio de la facultad. Había elegido cursar Ingeniería en computación. pronto volví un tiempo a Racing, pero estuve un año sin jugar. Con 17 años me llamaron de Atenas. Ya tenía diferencia de altura respecto al resto…

“LA DE SUBIR DE 78 A 100 KILOS REPRESENTÓ UNA ETAPA DURÍSIMA PARA MÍ, PERO DEBÍ HACERLO PORQUE LOS RIVALES ME VOLABAN COMO A UNA HOJA”

Joaquín Lallana, el basquetbolista más alto
Lallana probándose calzado. «Como con las zapatillas, resulta bastante complicado dar con mi talle: 48,5», comenta.

Sí, cuenta Lallana que “para esos tiempos había trepado más o menos a los dos metros. Nunca fui de ir midiéndome, porque a mí la cuestión no me llamaba tanto la atención. Por lo general me familia siempre fue medianamente alta. Mi tío Néstor y mi primo Toto (Rodrigo), que en su momento jugó en Instituto, miden 2,03. Otro primo, Ulises, con el que crecí al lado, como hermanos, mide 2,06. Yo me acostumbré, porque viví rodeado de ellos. Así que todo era natural, normal, en la familia. Sólo estuve a la altura de las circunstancias”, lanza.

-Nunca mejor dicho.
-(Guiña el ojo izquierdo).

Joaquín Lallana
Junto a su familia: Martina (27), Sergio (62) y Viviana (64).

-¿Cómo lo llamaban en el colegio?, ¿lungo, flaco?
-Flaca.

-¿Flaca?
-Para joderme en chiste. Hasta que un entrenador (Nicolás) Casalánguida les prohibió llamarme así, porque sentía que “ese apodo te hace sentir débil dentro de la cancha”. Conclusión, me empezaron a decir de todo, menos «Flaca». Nos reíamos mucho.

-¿Y usted cómo se sentía con la altura?
-Me llevaba bien. Porque dentro de todo, gracias a Dios, soy coordinado, no me costaban tanto los movimientos.

-¿Hoy cuánto mide y pesa?
-2,16 metros y 100 kilos. Y me siento cómodo así. Pero llegar a estos 100 me costó una locura. Calculá que cuando llegué al profesionalismo con 18 años medía 2,10 y pesaba 78 kilos. Un palito.

Joaquín Lallana, el basquetbolista más alto
Durante una recorrida por Villa Crespo con GENTE, frente a las bicicletas públicas.

-¿Lo volaban haciéndole cuerpo en la cancha?
-Cualquiera me volaba como a una hoja. Cuando en aquel momento arranqué a entrenar con Atenas, ante la exigencia y los rivales que había -en su mayoría pívots altos americanos-, me movían para todos lados. Y lógico, ellos al menos pesaban 30 kilos más que yo. Lo primero que hacía cuando entraba a la cancha era mirar con quién iba a lidiar enfrente. Bravo. Debía engordar. Me acuerdo de que me dieron de todo para subir de peso: proteínas, aminoácidos, suplementos, me comía un maple de huevos por semana… Representó una etapa durísima para mí. En ese momento empecé a darme cuenta de mi cuerpo y a comprender mi diferencia física con el resto.

-¿Y cuándo se dio cuenta de la altura que realmente tenía y de que debía aprovecharla en su deporte?
-Desde los 23, 24. No hace tanto que aprovecho la altura para jugar.

“CON MI TÍO, QUE MIDE 2,03 METROS, DECIMOS QUE ARGENTINA Y EL MUNDO ESTÁN DISEÑADOS PARA PERSONAS DE 1,80, 1,85 MÁXIMO”

Pablo Palacios, quien lanzó la búsqueda por redes, cuenta los entretelones: Organicé el Concurso ‘Buscando al hombre más alto de Argentina’ recordando el plan de altura que existía cuando yo jugaba al básquet y los reclutamientos que hacían los clubes de Liga Nacional (a mí, por ejemplo, me reclutó Ferro) para sumar a sus formativas jugadores altos y con potencial. Se me ocurrió llevarlo a la práctica para mi marca. Me encantó que ganara Joaquín. Además el pibe tiene mucha facha… Si ahora hasta estoy pensando en contratarlo como modelo», se divierte con la idea desde su local de Malabia 768 quien ya vistió a deportistas de elite como Chapu Nocioni, Fabricio Oberto y Román González en baloncesto, y Hugo Conte, Marcos Milinkovic, Agustín Loser, Facu Conti en vóleibol.

Sube y baja la cabeza, Joaquín, cuando le acercamos las estadísticas que figuran en todas las páginas de internet: que el basquetbolista nacional de todos los tiempos con mayor estatura fue Jorge “El Gigante” González (2,30 metros; nacido en 1966), y que luego vienen Fernando Varas (2,20; 1978) y Sergio Gómez (2,20; 1986), Glenn Sudhop (2,18; 1956, estadounidense) y nuestro entrevistado (2,16; 1996). “Me acuerdo de que cuando Atenas me confirmó en el plantel, el diario La Voz del Interior publicó una nota según la cual, a nivel estadística, yo era el quinto más alto de la historia en la Liga Nacional (primera división). Es decir, aparentemente cuarto a nivel argentino”, concede, antes de relatar cómo se convirtió en vencedor del concurso «Buscando al argentino más alto» que nos convoca.

-Yo ya seguía la página Palacios & Palacios -cuenta sobre la cuenta de Instagram destinada a los diseños de ropa de hombres altos-. Mi tío le había comprado a Pablo y mi mamá lo había empezado a seguir, para saber dónde acudir cuando quisiera regalarme ropa. Ella descubrió el concurso y me dijo: “Mirá, te etiqueto y participamos”. Le comenté a algunos amigos y a mi novia, y todos me etiquetaron. Luego mi prima, mi hermana y mi tía. La idea era ver qué pasaba. “Pero no apareció alguien más alto que yo, y acá estamos», celebra mientras el propio Pablo Palacios le toma sus medidas y le acerca indumentaria ya concebida para cotejar con él.

Joaquín Lallana, el basquetbolista más alto
El diseñador y empresario Pablo Palacios probándole sus creaciones a Lallana.

-Pero, ¿cómo es vivir con su altura?
-Te acostumbrás. Como yo siempre fui un poco más alto de la media, me fui adaptando. Eso no significa que en las charlas de los domingos con mi tío -el que te nombré- no saliera el tema, y terminemos cagándonos de risa. Decimos que Argentina y el mundo están ideados para gente de 1,80, 1,85 máximo. Nosotros nos la pasamos chequeando en qué coche poder viajar más cómodos. Lo mismo con las mesas, las sillas, con cada cosa que nos presenta la vida.

-¿Qué pasa con la ropa? El tema que nos convoca.
-Es complicado por los talles, el largo de los brazos… Todos los que me he probado son triple XL, pero vienen para gente de proporciones más anchas, no tanto de altura de torso. Así que ni pienso en usar las que son manga larga. En mi placard solo encontrás mangas cortas, y si hay algunas largas, las arremango porque jamás llegan a cubrirme hasta las muñecas.

Joaquín Lallana
En la foto junto a su padre, Sergio Lallana, y Héctor Campana, el máximo anotador histórico de la Liga Nacional de Baloncesto, con más de 17 mil puntos y siete campeonatos principales, cinco de ellos con Atenas de Córdoba, club por el que pasó Joaquín. «El Pichi es muy amigo de mi viejo. Cursaron juntos el secundario. Papá me contó que en tiempos de intercolegiales sus compañeros lo acompañaban para cumplir el reglamento, porque el Pichi podía jugar solo, y que gracias a su talento incluso terminaron viajando y representándoos en Chile».

-¿Los zapatos?
-Con mi primo usamos el mismo talle: 48,5. Si él encontraba una oferta de zapatillas, me avisaba y salimos a comprarlas. Hemos andado con pares iguales. Cuando me dejó de crecer la pata directamente buscábamos el talle yankee, 15. En el outlet o negocio donde aparece una, allá vamos los dos, como te digo. Es agarrar lo que hay y comprarlo, te guste o no el modelo. Si no se podía elegir color, no se elige. Mientras entre bien y no apriete, adelante.

-¿Qué hay del cine, los espectáculos?
-Sacás en la última fila, por respeto al resto de los espectadores. Pero ahí existe una opción: el sector para los que usan silla de ruedas. Hay espacio, y si queda vacío, está bueno conseguir ahí porque no tapás a nadie y hay espacio entre las butacas. Podés estirarte un poco y ponerte más cómodo.

Joaquín Lallana, el basquetbolista más alto
Disfrutando un mate, de sus grandes gustos.

-Aviones de clase turista ni hablar, entonces…
-Ni hablar. Complicadísimo. Debo ir adonde se encuentran las puertas de emergencia y, a la vez, que sean vuelos cortitos. El más largo que hice en mi vida creo que fue a Brasil, tres horas. Éramos un par de pibes altos del equipo e hicimos una hora parados, como si estuviéramos en el bondi, porque no aguantábamos.

-Nombró a los colectivos. ¿Qué tal los traslados en buses?
-Depende cómo sea el formato del asiento: si elijo el pasillo o si es semicama por ahí tiene más espacio, es más abierto y saco las piernas, las meto por el medio y zafo. Viajar en colectivo también es difícil para nosotros.

-Al margen de las complejidades mencionadas, ¿qué es lo bueno en la vida diaria de ser alto?
-Ganás mucho cariño rápido con la gente de los clubes. Te conocen e identifican rápido. Manda la parte humana. Ahora no me llaman Flaco ni Flaca, sino Joaco.

“MI NOVIA ES BASTANTE MÁS PETISITA, DE 1,63, PERO BUENO, A ELLA TAMBIÉN LE GUSTA QUE YO SEA ASÍ DE ALTO”

Joaquín Lallana, el basquetbolista más alto
«Nosotros, los muy largos, nos la pasamos chequeando en qué coche poder viajar más cómodos. Lo mismo ante las mesas, las sillas, con cada cosa sencilla que nos presenta la vida», admite el pampeano ¿de casualidad?

Los días que corren lo encuentran de nuevo en el Belgrano de San Nicolás, porr donde había recalado entre 2022 y 2023, jugando el Federal y el Pre Federal. “Volví el año pasado. Adoro este club. Cuando llegué en aquella oportunidad estaba bastante mal de la cabeza. Venía de recuperarme de una lesión en los ligamentos cruzados y de quedar afuera a mitad de temporada de Barrio Parque, un equipo cordobés de Liga Argentina (segunda división). Mi representante me consiguió lugar en el Belgrano, donde conocí a Daniel ‘El Loro’ Maffei, un técnico muy inteligente. De entrada me preguntó: ‘¿Vas al psicólogo?’. Le contesté que había intentado en un momento, pero sin convencerme. No dudó: «Okey, yo voy a pedir que el club te pague una parte de las sesiones con Germán Iorio, especialista en psicología deportiva y de alto rendimiento». Y así ocurrió», manifiesta.

Joaquín Lallana
Con gran parte de su familia, «que por lo general siempre fue medianamente alta. Mi tío Néstor y mi primo Toto (Rodrigo), que en su momento jugó en Instituto, miden 2,03. Otro primo, Ulises, con el que crecí al lado, como hermanos, mide 2,06. Yo siempre estuve acostumbrado a estar rodeado de altos”, concede.

-¿Qué le brindó Iorio?
-Me hizo tomar conciencia de mis dimensiones físicas en la cancha. Entender que adentro del rectángulo, para el árbitro y el resto de los jugadores, soy como un foco, el que más expuesto queda. Y a partir de ahí aprendí a tomarme con calma ciertas situaciones, como ser el que más faltas recibe y más buscan frenar. Hasta ese momento yo no entendía por qué, ya que no era el jugador estrella ni el que más anotaba. Entraba, trataba de hacer participar a todos mis compañeros y sin embargo me ligaba todos los golpes, me frustraba y me peleaba con los árbitros. Hicimos dos sesiones por semana con Germán, luego empezamos a relajar, sumé mucha meditación, mucho mindfulness, me leí dos veces el par de libros sobre el tema que él me prestó y aún no le devolví -¡qué papelón! (suspira)- y de a poco comprendí dónde y cómo debía enfocar el tema de mi tamaño y demás. Y así fue.

Joaquín Lallana
Los 16 integrantes de su equipo. «¿Te conté lo que se complica a veces trasladarnos como visitantes a lugares alejados?… Ese es otro capítulo en la vida de los altos», afirma Lallana.

-Menciona lo que fue: ¿Cuál es su objetivo a partir de ahora en el básquet, su meta?
-Me encantaría volver a jugar la Liga Nacional y la Liga Argentina de vuelta con Belgrano de San Nicolás. Sería un placer porque además mi novia es hija de uno de los sponsors y su familia cuenta con muchos dirigentes del básquet arraigados al club, fanáticos, con gran pertenencia a la institución. Ahora jugamos la Liga Federal (tercera división), y los fines de semana que comemos juntos, también soñamos juntos. Darle alguna de esas alegrías al Belgrano y a ellos sería muy lindo.

Joaquín Lallana, el basquetbolista más alto
“El jugador que más me gusta, por despliegue físico, en mi posición de pívot, de interno, es Jerome Meyinsse (estadounidense), que ahora forma parte de la Asociación Atlética Quimsa, en Santiago del Estero -escoge Joaquín-. ¿Dos argentino a lo largo de la historia? Uno, Fabricio Oberto. Mientras estaba en Atenas el entrenador Nicolás Casalánguida, Fabri nos acercaba sesiones de fundamento a mi primo y a mí, que éramos los más altos del club. Siempre me volaron la cabeza sus prácticas. Y en la lista de preferidos agregá al enorme Luis Scola y, por ser de Córdoba, a Marcelo Milanesio y al mencionado Héctor Campana«, se saca el gusto Joaquín.

-¿Y físicamente?
-En esta etapa hay que tratar de disfrutar. Sé que ahora es cuando más tengo que cuidarme, porque a los 30, 30 y monedas, por lo que me han ido contando, llega el pico de cada uno y hay que tratar de jugar lo más que pueda, a la vez cuidando el cuerpo lo más que pueda.

-Entre las preguntas obvias de cualquier entrevista -y le pedimos disculpas de antemano por no evitar formularla antes del cierre-, encabeza la lista consultarle cuánto mide su novia, Martina Maggiori.
-Jajajá. No hay problema… Martina tiene 21 años y mide 1,63. Hace tres años y pico que estamos en pareja. Estudia Relaciones internacionales. Sí, es bastante más petisita, pero a ella también le gusta que yo sea alto. El tema acá es el traje que me llevo ahora.

Joaquín Lallana
Con Martina Maggiori, su pareja de 21 años: estudia Relaciones internacionales en la Universidad de Rosario.

-¿Tema?, ¿ahora?
-Ella está convencida de que quiere casarse; incluso ya me lo planteó. En mi defensa, una de las primeras cosas que yo le mandé fue: «Mirá, si me caso va a tener que ser de sport».

-Es decir que su problema, Joaquín, no sería casarse sino la falta de traje…
-Un poco y un poco. Es una buena excusa, ¿no?

-¿Y qué le va a decir ahora, cuando lo descubra así empilchado?
-Tengo de acá a Retiro y de la terminal a San Nicolás para pensarlo, para inventar algo.

-Unos 240 kilómetros…

-Espero que me alcancen (risas finales).

Fotos: Martina Cretella
Videos: Leo Ibáñez

Redacción

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