Anita Espasandín y Benjamín Vicuña bajaron un cambio y se instalaron por unos días en José Ignacio, el rincón uruguayo que combina naturaleza salvaje con sofisticación discreta. Sin anuncios rimbombantes ni poses forzadas, la novia del actor decidió mostrar fragmentos del viaje en un álbum que condensó la esencia del plan: descanso real. Arena, lectura frente al océano, chapuzones improvisados y largas sobremesas con vista al atardecer.
En una de las imágenes más celebradas, Vicuña apareció metido en el agua hasta la cintura, el torso al sol y una sonrisa que habló por sí sola. Bronceado, relajado y con un traje de baño oscuro, el actor dejó ver su versión más descontracturada, lejos del set y de las obligaciones laborales.

Espasandín, por su parte, volvió a marcar su sello personal. Eligió siluetas sueltas, tonos tierra y géneros livianos que acompañaron el entorno natural. Sombrero de ala ancha, sandalias cómodas y prendas minimalistas completaron una estética simple, pero cuidada. Nada estridente: todo en sintonía con el paisaje.

El escenario también aportó lo suyo. Médanos, casas de madera integradas al verde y una playa amplia donde el ruido parecía diluirse con el viento. La pareja optó por un refugio cercano al mar, privilegiando la intimidad y el contacto directo con la naturaleza.
Pero si hubo algo que sintetizó el viaje fue una frase. “2 días que valieron por mil”, escribió Anita al pie de su publicación. La reflexión, breve y directa, transmitió la intensidad emocional de la escapada.

Fiel a su estilo, Vicuña no dejó pasar la oportunidad de sumar humor. “¿Valieron por mil porque no me soportás?”, comentó, generando una catarata de reacciones y risas entre sus seguidores. El intercambio dejó en evidencia la dinámica relajada y cómplice que construyeron.


