La visita del papa León XIV a Barcelona en el año del centenario de la muerte de Antoni Gaudí se convertiría en la tercera visita papal a la ciudad, tras las de Juan Pablo II, en 1982 y la Benedicto XVI, en el año 2010. El viaje de Robert Francis Prevost sería el noveno que realiza un Papa a España, tras los cinco que protagonizó el polaco Karol Wojtyla y los tres del alemán Joseph Ratzinger, en sus respectivos pontificados.
Cuatro años después de iniciar su papado, entre el 31 de octubre y el 9 de noviembre de 1982, en el marco de un viaje que le llevó a recorrer un total de 18 ciudades de una decena de comunidades autónomas, Juan Pablo II visitó Barcelona y Montserrat, bajo un importante manto de lluvia y un frío invernal. Su estancia en la capital catalana le llevó al templo ideado por Antoni Gaudí, a la Catedral, Montjuïc y al Camp Nou, donde ofició una misa dominical en un estadio lleno hasta la bandera, y que los fieles siguieron con respetuoso silencio.
La Sagrada Família, que Karol Wojtyla visitó en 1982 fue declarada basílica menor por Ratzinger
“Sed generosos a la hora de contribuir a que desaparezcan las injusticias sociales y económicas”, dijo durante su homilía, pronunciada desde un sencillo altar, protegiéndose con un paraguas, según recogía en las páginas de este periódico el cronista José Casán Herrera.
En Montjuïc, donde se reunieron cerca de 200.000 personas, dirigió unas palabras a trabajadores y empresarios. “¡Sed solidarios!”, les instó y fue “especialmente aplaudida” la siguiente frase: “Sólo el hombre empresario u obrero es persona; el capital no es más que un conjunto de cosas”, según testimonió el cronista Antoni Coll, que cubrió la información.
El papa Juan Pablo II venerando a la Moreneta en el primero de los cinco viajes que hizo a España, en 1982.
EFE/Archivo
Su paso por la Catedral de Barcelona fue muy breve, tiempo justo para descender a la cripta de Santa Eulàlia y saludar al arquitecto catedralicio, Joan Bassegoda y al autor de la cruz monumental que preside el presbiterio, Frederic Marès.
Más de 15.000 personas, según crónicas de la época, le esperaban en los alrededores de la Sagrada Família, que aguardaron pacientes durante horas y a pesar del tiempo, su llegada al templo ideado por Antoni Gaudí. Recibido por el entonces alcalde N arcís Serra frente a la puerta del Nacimiento “entre un gran clamor popular y el flamear de banderas españolas, catalanas y vaticanas”, desde la plaza Gaudí dirigió unas palabras en catalán a los miles de congregados. “Que Déu beneeixi les vostres famílies! fue la última frase con la que cerró su discurso. Karol Wojtyla se refirió a la Sagrada Família como una obra no terminada, pero “con solidez desde un principio que recuerda y compendia otra construcción hecha con piedras vivas: la de la familia cristiana, célula humana esencial, donde la fe y el amor nacen y se cultivan sin cesar”.
La visita del papa León XIV a España será el noveno viaje d eun Papa al país
Antes de Barcelona, estuvo en Montserrat, donde veneró a la Moreneta y depositó un sagrario como recuerdo de su visita. Los asistentes entonaron el Virolai y la Escolanía interpretó el himno de la Virgen de Czestochowa, uno de los símbolos de Polonia, también de tez negra como la Virgen de Montserrat. Fue una visita en la que estuvo arropado por miles de personas que peregrinaron a Montserrat, muchos de ellos jóvenes que subieron a pie la montaña con un temporal terrible de lluvia y viento.
Una jornada que desgraciadamente se tiñó de luto por la muerte de dos jóvenes gerundenses de 17 y 18 años que se vieron sorprendidas por un corrimiento de tierras cuando se disponían a depositar sus pertenencias en el maletero del autocar que les iba a llevar de vuelta a casa, tras la visita papal. En estas páginas, el periodista Jordi Bordas explicaba que los voluntarios de Cruz Roja atendieron aquel día en Montserrat a más de 2.000 personas por la tromba de agua caída, el viento y las bajas temperaturas.
Benedicto XVI saluda a la multitud en su visita a la obra benéfico-social Nen Déu.
Àlex Garcia/Archivo
No fue hasta veintiocho años después, el 6 y 7 de noviembre de 2010, cuando otro Papa, el sucesor de Juan Pablo II, Benedicto XVI, volvía a pisar Barcelona. Lo hizo en un viaje mucho más corto que el de su antecesor, que le llevó también a Santiago de Compostela, coincidiendo con el Año Santo Compostelano. En Barcelona estuvo 32 horas y se estima que salieron a la calle 250.000 personas para recibirle. Durante su estancia visitó el colegio de educación especial Nen Déu, del barrio del Guinardó, y consagró la Sagrada Família, elevándola a la categoría de basílica menor y abriéndola de esta forma al culto.
La misa de dedicación del templo, presidida por Joseph Ratzinger y concelebrada por 1.100 eclesiásticos, entre cardenales, obispos y presbíteros, fue seguida por 6.500 personas desde el templo y otras miles desde otros lugares como la plaza de toros Monumental donde se ubicó una pantalla gigante.
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En su homilía tildó de “arquitecto genial y cristiano consecuente” a Antoni Gaudí, alertó de los riesgos en el avance del laicismo y la secularización de la sociedad europea, reclamó leyes que protejan la familia tradicional, hizo hincapié en la defensa de la vida desde el momento de la concepción e hizo la siguiente petición: “Pido a Dios que en esta tierra catalana se multipliquen y consoliden nuevos testimonios de santidad”.
El camino para convertir en santo al arquitecto Antoni Gaudí, ideólogo del templo en construcción de la Sagrada Família, arrancó el 14 de abril del año pasado, cuando el papa Francisco, en uno de los últimos decretos que firmó antes de morir, le declaró Venerable. Fue el primer paso hacia su beatificación.



