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Latinoamérica, tras el adiós de EE. UU. al «mapa» del clima

La retirada del Gobierno estadounidense de 66 organismos internacionales ―entre ellos, 31 vinculados al sistema de Naciones Unidasy otros 35 foros, agencias y acuerdos multilaterales, como UNFCCC, IPCC, IPBES, UICN o IRENA― causó estupor a nivel mundial, además de preocupación en los países de América Latina y el Caribe.

Clave en la producción de conocimiento y cooperación técnica

Además de proporcionar financiamiento, Estados Unidos es clave en la producción de conocimiento y cooperación técnica en ciencia, crisis climática, biodiversidad y transición energética en la región, entre otros temas.

Mirar esta decisión como una decisión aislada, fuera de un contexto, no permite analizar con claridad las consecuencias», considera Manuel Pulgar-Vidal, líder global de Clima y Energía en WWF Internacional, apuntando una serie de factores a tener en cuenta como la «guerra comercial»

«Tiene efectos no solamente en la manera cómo los países organizan sus líneas de defensa, sino también de comercio. A su vez, tiene un efecto en la manera cómo se producen y se definen las prioridades productivas de un país y la manera cómo administran y gestionan sus recursos naturales», explica a DW este exministro de Ambiente peruano.

Menor acceso a datos y retraso en evaluaciones climáticas

El petróleo de Venezuela , los minerales necesarios para la transición energética y las tierras raras de Groenlandia, así como la ausencia de valores de democracia, justicia, inclusión y la debilitación de las reglas ambientales de Estados Unidos, son otros factores a los que apunta Pulgar-Vidal. «Esto se vincula con el desmantelamiento de las entidades científicas que tienen por objeto desarrollar información sobre la situación de un país en relación con su comportamiento ambiental», añade.

Por ello, Javier Dávalos, líder de Política Climática en The Climate Reality Project América Latina, alerta de las consecuencias científicas. «Implica recortes significativos a la financiación de reportes científicos globales y la pérdida de científicos estadounidenses en procesos de revisión, modelación climática y escenarios globales fundamentales para proyecciones usadas por países latinoamericanos en planificación ambiental», lamenta, agregando que la región tendrá «menor acceso a datos, modelación y transferencias de tecnología climática, y retraso en evaluaciones regionales de impactos».

«El problema es que las inversiones en ciencia de América Latina han sido muy limitadas particularmente en ciencia climática, pero también en otras ciencias», evalúa Sandra Guzmán, fundadora del Grupo de Financiamiento Climático para Latinoamérica y el Caribe (GFCLAC).  «Lo que produce la CEPAL, por ejemplo, es muy limitado porque ellos no hacen investigación directa, ellos compilan información de los países», dice a DW.

A pesar de ello, Gladys Martínez, directora ejecutiva de la Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente (AIDA), señala que «hoy, la ciencia climática, la conservación y el desarrollo sostenible descansan en una arquitectura mucho más amplia y resiliente: redes académicas globales, agencias multilaterales, tribunales, estándares técnicos y políticas públicas que siguen operando más allá de los ciclos políticos de un país».

Bandera del Fondo Verde para el Clima.
El líder global del área de Clima y Energía en WWF Internacional alerta que, tras la retirada de Estados Unidos del Fondo Verde para el Clima, «los proyectos que se vinculaban a adaptación se van a ver definitivamente reducidos». Imagen: picture alliance/dpa

Un hachazo a la financiación 

Además de los recortes a la financiación de la ciencia, la retirada también afectará a iniciativas para luchar contra la crisis climática en la región como las que se llevan a cabo con el Fondo Verde para el Clima. «Si bien es cierto los recursos ofrecidos por el expresidente de Estados Unidos Joe Biden en su momento ya habían sido no sólo comprometidos sino asignados, seguían existiendo montos pendientes y no se conoce si Estados Unidos honrará su promesa», alerta el líder global de Clima y Energía en WWF Internacional.

«Los efectos para América Latina serán la reducción del financiamiento climático para temas como adaptación, bosques, transición energética; la pérdida de un actor histórico que presionaba por mecanismos de mercado que benefician a países como Chile, Colombia o Costa Rica; y el debilitamiento de la gobernanza contra la deforestación amazónica, que impacta directamente a Brasil, Perú, Bolivia, Colombia», enumera Dávalos.

Asimismo, «se espera un menor financiamiento para conservación en la Amazonía, los Andes tropicales y el Chocó biogeográfico, mayores obstáculos para restauración ecológica y programas de pesca sostenible, y la reducción de capacidades de monitoreo satelital para incendios y deforestación», advierte.

Una puerta que se cierra y varias ventanas que se abren

A pesar de estos impactos, los especialistas consultados por DW coinciden en que la decisión del Gobierno estadounidense facilita otras posibilidades. «Puede habilitar que otros países puedan empezar justamente a tomar la delantera y el liderazgo de la acción climática, ya sean países de la región o países de Europa», avanza a DW Camila Mercure, coordinadora de Política Climática de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN).

«Deja vía libre a potencias emergentes para posicionarse como líderes en materia climática, medioambiental e incluso en el ámbito tecnológico», añade a DW Alejandro Alemán, coordinador general de Climate Action Network Latin America (CANLA), apuntando a China, que «se posiciona no únicamente como el principal socio comercial de la región, sino además como el principal proveedor de tecnologías para la transición energética».

Asimismo, esta apertura «abre oportunidades para un mayor liderazgo regional. Brasil puede asumir un protagonismo reforzado en UNFCCC (la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático), sobre todo como presidencia de la COP30«, añade Dávalos.

La directora del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, Inger Andersen, en la cumbre sobre cambio climático COP30 en Belém, Brasil.
La directora del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (una de las organizaciones en la que Estados Unidos se mantiene), Inger Andersen, en la cumbre sobre cambio climático COP30 en Belém, Brasil, un país que puede mantener el liderazgo en la región.Imagen: Fernando Llano/AP Photo/picture alliance

«La región tiene la oportunidad de incidir más desde tribunales internacionales, negociaciones ambientales, cooperación sur-sur y agendas basadas en derechos humanos y ciencia. El desafío es pasar de una posición reactiva a una propositiva, usando el multilateralismo, no como ideología, sino como herramienta práctica para proteger personas, ecosistemas y estabilidad regional», concluye la directora de AIDA, Gladys Martínez.

(rml)

Redacción

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