La Segunda Guerra Mundial proporcionó a determinados delincuentes los suficientes medios, ubicaciones y, principalmente, víctimas para campar a sus anchas y dar rienda suelta a sus sádicas prácticas. Bajo el beneplácito del nazismo y auspiciados por las directrices del Führer, hombres y mujeres llevaron a cabo algunos de los crímenes más atroces durante esta etapa de la historia contemporánea.
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