Cuadernos & Conferencias (Arta ediciones), compila una selección de manuscritos que Jorge Luis Borges realizó entre 1949 y 1954, como base para una serie de conferencias de esos años. El hecho de que el libro haya aparecido a final de año, es una de las razones por las que la edición no apareció en la lista de las grandes novedades del 2024.
En 1946, tras dejar su empleo como auxiliar en la Biblioteca Municipal Miguel Cané, Borges comienza a dictar conferencias. En dos páginas de su autobiografía de 1970 comenta el suceso. Sin empleo estable, fue nombrado profesor de Literatura en la Asociación Argentina de Cultura Inglesa.
Al mismo tiempo, comienza a dictar cursos en el Colegio Libre de Estudios Superiores: “Dado que recibí las ofertas tres meses antes del comienzo de las clases, convencido de que estaba a salvo acepté. Sin embargo, a medida que se acercaban las fechas me empecé a sentir cada vez peor”. Como un estudiante que debe presentarse a examen, Borges sufre las presiones de la exposición. Hasta ese entonces Borges no se había destacado nunca por hablar en público.
Cuando en 1920 concurre en Madrid a tertulias del Café de Pombo, es un tímido joven que escucha las bromas de Gómez de la Serna. Cuando en 1922 viaja a Rosario con compañeros de vanguardia para llevar noticias del ultraísmo, tampoco habla. Quien toma la palabra en su lugar es Eduardo González Lanuzza, uno de sus amigos de entonces.
Dos décadas después, el Borges conferencista está asomando a la vida pública. Está a punto de inaugurar una nueva y feliz etapa. Y de comenzar a ganar más dinero que en su antiguo puesto de bibliotecario. En sus memorias recuerda muy especialmente aquella etapa: “disfrutaba del trabajo y me sentía justificado”.

En Cuadernos & Conferencias vemos sus notas de aquellos años: “De modo que a los cuarenta y siete años descubrí que se me abría una vida nueva y emocionante. Recorrí la Argentina y el Uruguay dando conferencias sobre Swedenborg, Blake, los místicos persas y chinos, el budismo, la poesía gauchesca, Martin Buber, la cábala…” la lista es extensa.
Apuntes precisos
Las líneas de sus cuadernos son concisas. Cada frase aguarda serenamente su lugar entre las páginas para estallar ante nuestros ojos. Perfectamente engarzada en la abundante serie dentro de la que se inscribe. Borges ha urdido sus notas como piezas de relojería. Y cada parte es memorablemente fundamental.
Todo tiene una razón de ser. Aisladas, sus frases son memorables. Unidas, lo son todavía más. Por el peso de cada pieza en todo el conjunto. La edición de estos manuscritos rehabilita la posibilidad de releer con nuevos sentidos –todavía más– las ya inmensurables variaciones de Borges.
En una nunca editada conferencia sobre el Islam, encontramos por ejemplo una justificación panteísta de El Aleph que no conocíamos: “De la fusión […] del creyente con la divinidad, del amante con el Amado, se llega a la identificación panteísta con todos los seres y cosas, a las enumeraciones heterogéneas o antitéticas que Emerson y Walt Whitman, místicos norteamericanos, repetirán al promediar el siglo XIX”.
Y cita Borges entonces una enumeración de Yalāl ad-Dīn Muhammad Rūmī –poeta persa del siglo XIII–, compuesta por mástiles y timones, por barcos y por escollos, por espejos, gritos, árboles y hasta por venenos y antídotos. Por la cantidad de metáforas y de imágenes que crea, el Islam está para Borges decididamente muy lejos del desierto.

En los apuntes de 1951 para una conferencia suya sobre Kafka, Borges escribe argumentos que podrían utilizarse para una apología de la Inteligencia Artificial: “En la India es común atribuir las grandes obras al Tiempo, no a personas determinadas. Lo deficiente se parece a nosotros, no lo bueno, que nunca es de alguien, que parece de todos, de cualquier época y lugar”.
Pero unas líneas más arriba, en lo que en rigor es un ataque a lo humano, termina sin embargo por defender la naturaleza de nuestras acciones. Citando a Thomas Carlyle, anota: “Toda labor humana es transitoria, chica, en sí despreciable; sólo importan el trabajador y el espíritu que habitó en él”.
En otros apuntes de 1950 sobre el problema de la novela y con referencias al Quijote, Borges se explaya contra las obras de demasiada extensión: “En cualquier obra, la mera multiplicidad de aventuras dificulta o impide su credibilidad”.
En las marginalias de sus apuntes, Borges incorpora las fuentes bibliográficas de sus ideas y argumentos. Y allí aparecen: la Biblia, Las Mil y Una Noches, Mark Twain, Homero… Y, como no podría ser de otra manera, a la Enciclopedia Británica. Para decirlo con palabras que Daniel Balderston utiliza en un libro suyo de 2022: “Lo marginal es lo más bello”.
Una historia de cuadernos
Cuadernos & Conferencias es fruto de un trabajo inmenso: de Mariela Blanco, Daniel Balderston, Alfredo Alonso Estenoz, Emron Esplin, María Celeste Martín; y de los invaluables apoyos de instituciones como el Borges Center de la Universidad de Pittsburgh, la Universidad de Mar del Plata y el Conicet.
Pero como se señala en los agradecimientos, el libro –que llevó cerca de cuatro años de trabajo–, también debe mucho a la red de personas e instituciones que se aunaron para llevar a cabo una empresa que, con justicia, repara una labor durante varias décadas pendiente.

Durante años, sus manuscritos aguardaron en Estados Unidos su actual edición. Setenta y seis páginas con sus manuscritos se encontraban en un cuaderno Avon rojo, hoy en poder de Michigan State University. También en la misma universidad, se encuentra otro cuaderno Avon gris, con notas sobre Poe, Emerson, Melville… Un cuaderno Avon verde, con las pequeñas letras de Borges encerradas entre páginas cuadriculadas, se encuentra en la Universidad de Texas en Austin.
Comparten lugar de guardado con grabaciones, correspondencia, manuscritos sueltos y otros cuatro cuadernos que la universidad fue adquiriendo entre 1974 y 2010. Como también se describe en la introducción: “Los cuadernos son muy distintos entre sí. Unos están organizados por tema, mientras que otros parecen completamente heterogéneos. La gran mayoría de las notas se encuentran en castellano, con breves excepciones en inglés”.
Un cuento inédito
Y de repente, entre sus apuntes para clases, encontramos como en grajeas algunos esbozos, fuentes o ideas para algunos de sus relatos. Leyendo el volumen, se presentan ante el lector relatos imaginados por Borges pero nunca consumados. Uno se podría titular “Qutb” por ejemplo: Qutb –El Eje–.
El relato trae noticias de una sociedad secreta –al estilo “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”–, que imagina la filiación con un ser perfecto, dotado de una humanidad universal. El protagonista es un “Santo” que se encuentra a mitad de camino entre la divinidad y los hombres. Como ha cobrado forma humana –ha nacido–, es también un embajador de Dios en la tierra. Pero se pasea humildemente entre nosotros sin que podamos reconocerlo. Tampoco él mismo, y he aquí la maravilla, se reconoce.
Dotado de los atributos humanos, ya ha perdido los atributos divinos. Entre ellos, la capacidad de ver lo celestial en lo mundano. Es decir: de verse tal como es, portador de bienes de culturas diversas. Este extravío es dramático. Podría ser Jesucristo y ser crucificado, y nadie –ni siquiera él– reconocer su destino. Podría ser alguien de nosotros, leyendo anónimamente un manuscrito de Borges o estas líneas acaso.
La idea no es exclusiva del Islam: “Recordemos la análoga tradición judía de los 36 hombres justos que, en cada época, justifican al mundo […]. Nadie los conoce y si de alguno se averigua que integra la mística fraternidad, muere inmediatamente” –escribe comparativamente Borges–.

Entre los secretos que ese relato quiere instalar, está la creencia de que, en algún lugar, una comunidad posee el dato de un hombre que ha nacido hace varios siglos –en el siglo IX exactamente–, y que se mantiene con vida todavía. Una escisión de esa comunidad postula que no se trata de un único hombre. La divinidad ha sembrado el planeta de varios sujetos así. Inmortales, pasan desapercibidos a través de los siglos. Si fueran descubiertos, en ese mismo instante morirían.
Para Borges la literatura fantástica y la narrativa de los milagros tienen algo en común: porque ponen en suspenso las leyes de la naturaleza. Que los milagros sean a veces secretos, incomprensibles o deliberadamente confusos –nos sugiere Borges–, se debe al hecho de que Dios se dirige con ellos no a toda la humanidad sino a individuos elegidos. Como lo hace Borges con su literatura, podríamos agregar.
Como sabemos, la aparente ilegibilidad de sus textos ha sido uno de sus más notorios recursos literarios. Un ardid estético que la edición de esos manuscritos, luego de 75 años de su composición, nos viene a confirmar.
Cuadernos & Conferencias, de Jorge Luis Borges con edición a cargo de Mariela Blanco, Daniel Balderston, Alfredo Alonso Estenoz, Emron Esplin, María Celeste Martín (ARTA Ediciones).