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sábado, julio 20, 2024

​Los especiales elogios de una gloria de Uruguay a Marcelo Bielsa: “De él se aprende permanentemente”

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Matosas reside en Veracruz, México

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Roberto Matosas vive en México desde 1973, año que fue adquirido por el San Luis de Potosí, tras sus pasos por Peñarol de Montevideo y River Plate. Llegó a tierras aztecas de la mano de su hijo Gustavo, hoy entrenador de fútbol, y sin saber que encontraría su lugar en el mundo, en un país en el que había disputado el Mundial 70 con Uruguay frente a rivales que parecían de otros planetas como Pelé, Müller, Lev Yashin, Jairzinho, Gerson, Tostão y Rivelino, entre otros.

“Logramos un cuarto lugar sin nuestro mejor jugador, Pedro Rocha. Claro que, en esos años, salir cuarto era medio una amargura, ya que para un uruguayo lo peor es jugar una final y salir segundo”, recuerda el ex defensor.

Aquel torneo internacional fue el último en el que todos los futbolistas de la Celeste militaban en clubes locales. 54 años después, la situación es completamente diferente, ya que en la actual Copa América ningún futbolista del plantel comandado por Marcelo Bielsa se destaca en el fútbol local, sino en el exterior. “Uruguay hoy se da el lujo de tener un delantero excepcional en la banca (Luis Suarez) que tanta falta nos hizo a nosotros en aquel Mundial”, reflexiona.

Matosas dejó una huella importante en Nuñez. En 1964 fue comprado por River en 33 millones de pesos, siendo una cifra totalmente récord para aquellos tiempos. Cuando arribó, la Banda no estaba pasando por un buen momento futbolístico, ya que vivía una época de “vacas flacas” por falta de títulos. En sus cuatro años de estadía, tuvo un rol preponderante en el plantel comandado por Renato Cesarini, aunque no pudo consagrarse campeón y regresó a su país.

“Perdimos la primera final de la Libertadores 66´ ante Peñarol por 4 a 2. Por no haber sostenido un resultado a favor (2-0) que tuvimos en el primer tiempo, salió el mote de gallinas. Realmente esa herida nunca cicatrizará”, reconoce.

El oriundo de Mercedes debutó en Peñarol en 1960. Luego, pasó por River, volvió al Manya en 1968, se fue a San Luis de México y colgó los botines en el Toluca en 1976. “¿Si pude vivir del fútbol en mi época? Solo daba para una casita y un coche, nada más”, revela en diálogo con Infobae.

– ¿Qué es de su vida, Roberto?

– Muy bien, vivo en Veracruz y estoy dedicado al coaching deportivo, empresarial y al desarrollo de una etapa a la que se le dedica poca atención: la adolescencia.

– ¿Qué está viendo de la Copa América que se juega en Estados Unidos?

– He visto la mayoría de los partidos y el nivel revela los avances de la mayoría de los países que antes no demostraban tanto.

– ¿Cómo observa a la selección uruguaya comandada por Marcelo Bielsa?

– Destaco la gran solidez en toda su estructura. Sin duda, la idea central- muy generalizada en la mayoría de los equipos- ha sido asimilada por los futbolistas y la llevan a cabo con el convencimiento que es adecuado para ellos. La excelente defensa a la hora de recuperar la pelota ha sido muy destacable. No he tenido el gusto de conocer a Bielsa, pero leo con detenimiento todas sus opiniones, porque aporta muchos puntos finos de un entrenador diferente, preciso, que siempre interesa leerle, porque no dice nada que no fundamente con lujo de detalles y, por lo tanto, se aprende permanentemente.

– ¿Qué destaca de su persona?

– Mucho pensamiento crítico, proceso intelectual disciplinado de activar, conceptualizar, analizar y evaluar información reunida o generada por la observación, experiencia, reflexión, razonamiento, como una guía para la acción de sus creencias. Lo que lo ha hecho un entrenador diferente, sin dudas.

– ¿Qué recuerdos tiene de su paso por River en la década del 60´?

– Un privilegio haber sido jugador de esta gloriosa y prestigiosa institución. ¡Me sentí muy bien! Siempre, aun siendo una etapa de vacas flacas, ya que no obtuvimos ningún título en los cinco años que integré esos planteles.

Matosas celebra su gol a Boca en La Bombonera

– ¿Por qué de vacas flacas?

– Porque en esos años no ganamos nada. Me tocó ser parte del equipo millonario que perdió la primera final en la Copa Libertadores ante Peñarol y por no haber podido sostener un resultado 2-0 que obtuvimos durante el primer tiempo, salió ese mote de gallinas.

– ¿Cómo tomaron ustedes que un hincha de Banfield haya tirado una gallina al campo de juego como burla por recibir ese apodo?

– Como una reacción que le puede suceder a cualquier jugador de un equipo que pierde una final, y más una Libertadores.

– ¿River lo adquiere en un monto que para la época era una cifra récord?

– Sí, aunque lo más importante para mí era responder a las expectativas. Llegué en enero de 1964, cuando me compró en 33 millones de pesos que para la época fue una cifra totalmente récord. Recuerdo que había debutado en Peñarol, donde gané títulos tanto nacionales como internacionales. Permanecí hasta 1968, cuando regresé al Manya.

– ¿Es verdad que casi se cae su llegada al Millonario por problemas de salud?

– Durante el examen con el electrocardiograma, una de las ‘ondas’ no coincidía, por lo que los facultativos necesitaban ver para dar conformidad a mi estado de salud. Regresé a Montevideo y durante una semana estuve siendo observado y bajo los análisis desde todas las perspectivas. El doctor Pedro Cossio dictaminó que lo que sucedía con la onda T negativa no era un impedimento para que yo siguiera jugando.

– ¿De dónde nació el apodo “Gorda Matosas” a la fan número 1 de River?

– Haydeé fue una mujer de excepción como hincha millonaria y le regalé mi camiseta. De ahí, ella misma se autoetiquetó con mi apellido. Tengo un gran recuerdo de ella porque jamás nos criticó, ni nos echó en cara nada; siempre nos reconocía hasta lo más mínimo que podíamos hacer dentro de un campo de juego. Además, con un valor a prueba de balas, desafiando a cualquier hincha cuando nos acompañaba en las distintas canchas de Argentina.

– ¿Qué enseñanza le dejó Renato Cesarini como su entrenador en River?

– Extraordinario, con él aprendí cómo se juega al fútbol. En una época se decía que Estudiantes de La Plata hacía reuniones y charlas para hablar de los partidos. Le preguntamos si no deberíamos hacer lo mismo y nos contestó: ´Nosotros somos River. Que ellos sigan hablando de nosotros´. Técnicamente no hubo ninguno superior, estaba en los detalles más finos del fútbol.

– ¿Y Ángel Labruna?

– Sabía liderar los ambientes más disímiles y le encontraba a cada uno maneras de hablar. ¡Muy respetuoso y con gran convencimiento de lo que era dirigir a River! Además, un amor sin límites por River Plate.

– ¿Qué destaca de Alfredo Di Stéfano? Se cumplieron diez años de su fallecimiento.

– Alfredo fue el jugador que más me impactó. Porque era de toda la cancha. Un 9 que inició- junto con el húngaro Sandor Hidekutti – la innovación de solo esperar cerca del área para intervenir. En mi época no se veían los partidos por televisión y solo escuchábamos los comentarios de que en Real Madrid había un argentino que jugaba de área a área. Lo que por supuesto poníamos en duda… Hasta que lo enfrentamos y comprobamos su versatilidad y la inteligencia que desplegaba en cualquier situación del partido. Además, de 60 partidos al año jugaba 59. Que no es poca cosa.

– ¿Qué fue lo que más lo impresionó?

– Fue el comentario en El País de Madrid, en una entrevista que le hicieron a Puskas. En un partido, en el túnel de salida, comentó que él y Rial le preguntaron a Alfredo si se sentía bien, porque lo veían preocupado. A lo que Alfredo les contestó: “Si, para mí siempre es una preocupación jugar todos los partidos con 50.000 personas y no defraudar”. Fue el jugador a quien más me quería parecer por la simplicidad de su juego, el orden que mantenía, bien ubicado, jugando para el resto de las figuras y llegando también para anotar. Casi nada.

– ¿Cuál fue el mejor momento de su carrera deportiva?

– Tanto en Peñarol como en River tuve momentos que recuerdo con satisfacción. Aunque lo que realmente agradezco es haber jugado en dos instituciones que nos permitieron desarrollar los recursos que me hicieron disfrutar siempre de la profesión.

– ¿Al Loco Gatti lo tuvo como compañero en la institución riverplatense?

– Sí. Gatti fue un jugador de enorme personalidad y un innovador en la portería. Gran fuerza anímica y una confianza en sí mismo que hacía recordar aquella sentencia del filósofo hindú Krisnamurti: “La religión de todos los hombres debe ser creer en sí mismos”. Esa era la religión de Gatti y lo demostraba en cada partido. Roberto Perfumo fue otro grande del fútbol argentino. Por cualidades como zaguero y por su mentalidad. Muy preparado e influyendo con su personalidad en los equipos en los que jugó. Un líder como Amadeo Carrizo. Aun jugando con él había que aplaudirlo con las intervenciones sorprendentes que hacía. Gran compañero, un caballero, jamás sintiéndose el Rey de Reyes. Aunque lo fue.

– ¿Se acuerda de aquel encuentro jugado en La Bombonera, en el que marcó un gol de penal?

– Tirar un penal en La Bombonera y convertirlo es una enorme alegría por el ambiente que rodea siempre un River-Boca. Jugar en la cancha de Boca era una gran motivación. Estadio lleno, coros energizantes, ambientes únicos.

– ¿Qué sintió al jugar en el Monumental?

– Saber que ahí también habían jugado Bernabé Ferreira, Adolfo, Moreno, Ángel y el enorme Loustau. Y que el rendimiento nuestro siempre sería comparado con esos ídolos.

– ¿Cuáles fueron los uruguayos que más influyeron en River?

– Walter Gómez, Enzo Francescoli y Antonio Alzamendi, por todo lo que mostraron con la camisa de River: calidad excelsa, permanente preocupación para los rivales, tranquilidad para los compañeros de saber que ellos estaban adentro para resolver partidos y campeonatos.

– ¿Cómo observa a Francescoli en su rol de director deportivo?

– Que no solamente fue un gran jugador, también ha dado muestras de liderazgo administrativo, una amplia visión de lo que es River y el brindar todas las posibilidades para el mejor rendimiento a todo un plantel: entrenadores y jugadores. Ha extendido su liderazgo con su presencia fuera del campo de juego.

– ¿Qué diferencia existe entre el futbol argentino y el uruguayo?

– En aquella época lo que más me costaba era visitar las distintas canchas, ya que en Montevideo siempre jugábamos como locatarios: en el Estadio Centenario. Me acostumbré a ese tipo de alternativas y realmente aprendí enormidades, no solamente por la adaptación a ambientes a veces hostiles, sino porque comprobaba que jugábamos mejor fuera que en el Monumental.

– Disputó el Mundial de 1970. ¿Qué se siente disputar una Copa del Mundo?

– Herederos de una gran tradición futbolística que nos legaron títulos, generosidad, el orgullo celeste y, fundamentalmente, humildad. Continuar dignificando una actividad que necesita ser siempre muy bien representada.

– ¿Cuál fue el jugador que más lo sorprendió en una cancha?

– Pelé. Técnica superior, carácter, y jamás se descontrolaba. Animaba, corregía, impulsaba. Y la preocupación de los que jugábamos contra él que en cualquier segundo hacía la diferencia. Además, gran persona, un caballero.

– Lo enfrentó en la semifinal del Mundial 70´con derrota por 3 a 1. ¿Qué tipo de rival era Pelé?

– Un caballero y de armas tomar si le querías jugar sucio. Un jugador que dominaba por su carácter, no se desesperaba y conducía a muchos de sus compañeros cuando el viento en contra hacia su aparición en los partidos.

Roberto Matosas, en la selección de Uruguay de 1970. Es el tercero desde la izquierda entre los futbolistas de pie

– ¿Como defensa, enfrentó a otra delantera tan potente como la del Brasil del 70´?

– No, fue lo más completo que hemos visto, comparada con la del Real Madrid de Di Stéfano, Puskas, Rial, Kopa y Gento. O los enormes jugadores de La Máquina de 1940: Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau.

– ¿Por qué colgó los botines en su momento?

– A los 36 años llegó el momento, y empecé a orientar niños y jóvenes, adquiriendo conocimientos para dirigir Primera División. Luego tuve un encuentro con un gran educador mexicano, el Dr. Isauro Blanco Pedraza, que en 1980 estaba terminando un programa para el Desarrollo de Habilidades de pensamiento (cómo desarrollar inteligencia) y esto cambió mi vida. Los conocimientos prácticos de este desarrollo los llevé a cabo en los equipos que orienté futbolísticamente y fueron un enorme avance para estructurar mejoría en el aspecto mental.

– ¿Cuál fue su jugador favorito de toda la época?

-Di Stéfano. Recuerdo que detrás de una puerta del negocio de mi papá escribí cuando yo tenía 16 años que iba a ser mejor que Alfredo Di Stéfano. Eran los años que Real Madrid arrasaba en Europa y escuchábamos y leíamos sobre los enormes jugadores que estaban forjando esos triunfos. Alfredo tenía la voluntad de un precursor, la convicción de un pionero, la firmeza de un conquistador. Un gran futbolista pensante, modelo de generosidad y esfuerzo volcado siempre en favor del equipo.

– A Diego Maradona lo vio jugar, pero no lo enfrentó. ¿Fue superior a Di Stéfano?

– Diferente. “Maradona fue adorado no sólo por sus prodigiosos malabarismos, sino también porque era un dios sucio, pecador, el más humano de los dioses. Cualquiera podía reconocer en él una síntesis ambulante de las debilidades humanas, o al menos masculinas: mujeriego, tragón, borrachín, tramposo, mentiroso, fanfarrón, irresponsable. Pero los dioses no se jubilan, por muy humanos que sean. Él nunca pudo regresar a la anónima multitud de dónde venía. La fama, que lo había salvado de la miseria, lo hizo prisionero. Maradona fue condenado a creerse Maradona y obligado a ser la estrella de cada fiesta, el bebé de cada bautismo, el muerto de cada velorio. Más devastadora que la cocaína es la ‘exitoína’. Los análisis, de orina o de sangre, no delatan esta droga”. Lo dijo Eduardo Galeano y pienso lo mismo.

– ¿Por qué admira a Rafael Nadal?

– “No importa ganar tanto un Grand Slam o ser el N°1, sino cómo vas construyendo tu carrera. Lo que importa es el final del camino. Yo no quiero ser mejor que los demás, eso no me interesa. Mi sueño siempre es superarme, quebrar mi propia barrera”, dijo Rafael Nadal

– De Lionel Messi, ¿qué es lo que resalta?

-Su carácter, su estabilidad emocional, la humildad y que no se cree Messi. De la selección argentina siempre hay que destacar la calidad técnica y la gran personalidad que exhiben sus jugadores, lo que la hace siempre un candidato a ganar cualquier título en disputa.

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