
Presidente Fundación Embajada Abierta, ex Embajador argentino ante ONU, Estados Unidos y Portugal.
Si tomamos como punto de partida los años 80, cuando fuimos escenario de una ola de recuperación democrática, América Latina ha alternado etapas muy marcadas de interés mundial. Intenso y fugaz, o escaso y prolongado.
Hoy, esas dos variantes se solapan. Se puede afirmar, al mismo tiempo, que la región es relevante en una parte de la agenda mundial, y muy secundaria en otra.
El Wall Street Journal abrió su edición de este miércoles pasado con una gran cobertura sobre cómo los cárteles de drogas ilegales de México exportaron sus sangrientas disputas a Ecuador. Como telón de fondo, una producción récord de cocaína que vuelve a preocupar al Norte desarrollado (donde más se consume).
Esto no les gusta a los autoritarios
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América Latina en un mundo ‘dis-polar’
También se repiten los análisis sobre cómo aquellas nuevas democracias han evolucionado hacia sistemas políticos muy fragmentados e inestables, con una creciente desafección de sus ciudadanía y sin consensos sobre modelos de desarrollo que la inserten de otro modo en la economía del Siglo XXI.
En el escenario geopolítico, nos iluminan por el despliegue de las flotas de EEUU y Francia hacia las costas de Venezuela, o por el uso de los aranceles comerciales por Washington para sancionar al Brasil gobernado por Lula, que se esfuerza por insertarse, al menos, a través del BRICS (inevitablemente, México seguirá condicionado por su relación vecina con Washington).
Puede refutarse: también es bueno no llamar la atención por conflictos violentos interestatales o interétnicos como los de Ucrania, Gaza, el norte de África y Asia. La reciente disputa entre Perú y Colombia es menor y la excepción que confirma la regla. El riesgo nuclear, asimismo, nos resulta ajeno.
Maduro militariza Venezuela ante el despliegue de buques de guerra de EE.UU.
El problema es quedar en la sombra en otros asuntos relevantes que definen el tablero global de las próximas décadas: desarrollo tecnológico e inteligencia artificial, un lugar en la matriz productiva mundial, un uso sostenible de recursos naturales o el comercio mundial (el intercambio intrarregional es bajísimo).
“La palabra integración en esta América del Sur de hoy no existe, ni siquiera es una ilusión o una utopía”, nos resume la analista Inés Capdevila.
¿Por dónde empezar para redireccionar los focos sobre nuestro potencial, y no los defectos? Un buen comienzo sería establecer consensos elementales con base en intereses comunes que nos hicieran fuertes ante los grandes actores. Para dejar de ser la región que no crece y la más desigual en el mundo.
Pero una diplomacia regional guiada por un nervioso péndulo ideológico invita a pensar que, al menos por ahora, seguiremos en la sombra cada vez que se tienda la mesa de las grandes cuestiones internacionales. Como dicen, en el sistema internacional, si no estás en la mesa… estás en el menú.