“Me dedico a mi niña porque es mi prioridad absoluta”. Con firmeza, Luciana Salazar afirma refiriéndose a cómo avanza la crianza de Matilda. La pequeña tiene siete años y ya comienza a mostrarse como una mujercita en las redes sociales. Y, de la mano de este crecimiento, viene el empoderamiento que le quiere dar su mamá.
La top model define a Matilda como “una nena que tiene diagnosticada hiperactividad. Eso a veces le trae algún tipo de complicación, porque todo el tiempo quiere estar haciendo algo” y dice que “es difícil que se quede quieta. Es una nena solidaria que tiene carácter y personalidad marcados. Tal vez, quizás por el hecho de que es hija única, hay que trabajarle los límites. Pero lo que tiene es un corazón inmenso porque se preocupa mucho por lo que le pasa a los seres que ella quiere”.
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En diálogo con GENTE, apunta: “Soy muy exigente en cuanto a los modales, las formas y la educación. Todo el tiempo le remarco lo bueno, lo malo y lo que puede corregir. En su momento elegimos con Martín el colegio al que va, porque es de su nacionalidad y porque yo sabía que en ese lugar no iba a ser un número más”.
“Es un colegio cosmopolita, con todas las culturas. Yo quería que mi hija fuera una mujer abierta, que tuviera contacto con todas las razas y religiones. Es un colegio que contiene mucho a los chicos y cuenta con un nivel educativo imponente. Lo que lograron con mi hija es alucinante. Sabía que ahí no iba a vivir el bullying como iba a vivir en otro colegio por, por ejemplo, ser hija de un famoso. Martín eligió esta lugar por todo estos motivos que te explico”, agrega.
La reacción de Matilda Salazar por el conflicto entre su mamá y Martín Redrado
“Estoy luchando frente a una persona que tiene dinero y poder y eso te deja en desventaja. La gente que tenemos en común dice que Martín hace esto por un tema emocional porque no puede soltar y por eso lo sigue dilatando en la justicia este tema”, relata.
«A ella se le están vulnerando derechos por parte de una persona que casi tiene 64 años, fue presidente del Banco Central y tuvo varios cargos políticos. Más allá de lo humano, que lo deja mal parado, tiene que dar el ejemplo. Nunca pensé que iba a traspasar el límite de meterse con Matilda. Conmigo sí porque es un despechado… y el hombre despechado es diez veces peor que la mujer. No puede soltar”, continúa.
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-¿Hasta cuándo él cumplió con lo acordado?
-Hasta que Matilda tenía tres años. Hay pruebas contundentes que estoy aportando.
-Si se hace cargo y te pide la revinculación, ¿aceptás?
-Muchas veces lo pidió. Casi me lo rogó. Yo no quise porque la abandonó varias veces. Un niño no es un envase descartable. Él a Matilda la tuvo así. Una vez la vio en el barrio privado, le sacaron una foto, se le armó lío en su entorno y no la quiso ver más.
-¿Ella te reclama por su figura?
-Matilda tiene memoria: se acuerda de todo lo que le pasaba desde que tenía un año. En más de una oportunidad ha preguntado por qué no lo veía más. Yo, dentro de lo que es una cabecita de una nena chiquita, le pude explicar. A medida que va creciendo se le explican más cosas. Matilda sabe que Martín se portó mal. “A mí no me hizo nada”, me contestaba. Pero yo le explicaba que hacer mal no era necesariamente un daño físico. Hoy ya puedo hablar abiertamente de que él no se hace cargo de un montón de situaciones que se tendría que hacer cargo, que recaen en mí y me generan angustia.
-¿Y no lo quiere ver?
-No. A veces ve que se habla de él así de pasada en la televisión y me dice “no quiero verlo”. Sabe que se comportó mal. Es triste porque a medida que pasa el tiempo va tomando más conciencia de lo que le hizo.
-¿Cómo la mantenés aislada a Matilda de lo que se comenta mediáticamente?
-No la pongo a ver televisión todo el día. No está en ese mundo. Sí, me pregunta cosas y noto que esos interrogantes que tiene cada vez se vuelven más profundos. No es lo mismo que cuando tenía tres años.
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Fotos: Chris Beliera
Maquilló y peinó: Max Jara
Edición y retoque digital: Darío Alvarellos y Gustavo Ramírez