Un tribunal de Familia condenó a Lulukhy Moraes y a Leticia Giachino a pagarle a los familiares de Edwar Vaz, cuyo crimen ocurrió en Punta del Este.

Foto: Ricardo Figueredo/El País.
Redacción El País
Un tribunal de Familia condenó a Lulukhy Moraes y a Leticia Giachino a indemnizar a la madre y al hijo del profesor de inglés, Edwar Vaz, asesinado por dos sicarios en la puerta de su casa el 9 de julio de 2018.
El tribunal condenó a las mujeres a pagar US$ 20.000 a Federico Vaz, hijo del profesor y de Lulukhy Moraes, y US$ 15.000 a la madre del asesinado, Teresa Fascioli, informó Diario Correo de Punta del Este y confirmaron a El País desde la defensa de la familia Vaz.
La demanda por daño moral había sido radicada en el Juzgado Civil de 5º Turno de Maldonado a mediados del año 2022.
El caso
El 9 de julio de 2018, el hijo del fallecido, encontró a su padre herido en suelo de su casa y sin dudarlo dijo: “Esta fue mi madre”, es decir, Lulukhy Moraes.
La princesa gitana -como se la conoce por ser hija del rey gitano en Punta del Este- convivió 10 años con el fallecido luego de estar separados, en una mansión valorada en más de US$ 1 millón. Se trata de la vivienda de Punta del Este conocida como la “Mansión del Sexo”, ya que había sido escenario de fiestas swinger en el pasado.
La jueza del caso, Ana Guzmán, dio por probado que Moraes y su pareja en aquel entonces, Mauro Machado, planearon el asesinato de Vaz.
Para esto Machado comenzó por contratar a Mathías Guarteche, un conocido de su barrio en Montevideo, al que le ofreció dinero para trasladar a dos sicarios desde Montevideo a Maldonado. Al llegar a la ciudad iban a hacer trasbordo en otro auto que lo manejaría alguien que conocía con detalle el edificio donde vivía Vaz: Franco Silvera.

Foto: Ricardo Figueredo/El País.
La «amiga dócil»
Este era un empleado de Moraes y Machado, que había trabajado para Vaz. Este hombre llevó a los sicarios hasta la casa de Vaz, los esperó y los devolvió al auto de Guarteche para que el hombre los regresara a Montevideo una vez que ejecutaran al profesor.
Pero para que Silvera y Guarteche pudieran concretar ese encuentro necesitaban hablar por teléfono. Ahí es cuando entra en escena “la amiga dócil”. Así describió la jueza Guzmán a Leticia Giachino, la segunda demandada por la familia del profesor asesinado y amiga de Moraes.
La implicada compró dos celulares con su segundo apellido y estos fueron entregados a los sicarios.
El día del homicidio, uno de los sicarios, Carlos Alberti, tocó el timbre de la mansión. Respondió la pareja de Vaz y Alberti pidió verlo. Cuando Vaz bajó, el otro sicario, al que la magistrada se refería como “Alfa”, lo ejecutó de dos disparos.
Por el trabajo, quien tocó el timbre cobró $ 3.000 y quien disparó $ 7.000.
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