En una charla íntima con GENTE, Mariana Fabbiani dejó ver una faceta que la atraviesa de lleno: su rol de mamá. Lejos de los sets, las luces y la vorágine televisiva, la conductora habló con una honestidad despojada sobre su vínculo con Matilda (15) y Máximo (11), y sobre las diferencias –y similitudes– que encuentra en ellos.
Entre reflexiones profundas y observaciones cargadas de sensibilidad, también asomó el costado artístico de Matilda Chihade, quien empieza a delinear su camino con una impronta muy personal.
Espero que Matilda y Máximo puedan desarrollarse a su máximo potencial»

Mariana no duda cuando se le pregunta por los principios que guían su maternidad. Para ella, todo parte de mirar al otro con empatía. “Libertad siempre, confianza, empatía. Poder ponerse en el lugar del otro, darles herramientas para que puedan ser ellos mismos”, dice, convencida de que la crianza no se trata de moldear, sino de acompañar.
Esa es la brújula que eligió para sus hijos: una que apuesta por la autonomía, la seguridad y la identidad propia. “Que puedan desarrollarse a su máximo potencial, que no sé cuál es y que ellos mismos van a descubrir”, reflexiona, dejando en claro que su rol no es imponer caminos sino abrirlos.

Cuando compara su adolescencia con la de Matilda y Máximo, la conductora reconoce un escenario distinto pero igualmente complejo. “Parece que todo fuera más desprejuiciado, pero en realidad no… las redes no contribuyen mucho”, admite. Y agrega que la constante exposición a la imagen es uno de los desafíos más grandes para los chicos de hoy.
Por eso, habla mucho con Matilda sobre autoestima, sobre cómo se ve y cómo quiere vestirse. “Empiezan los ‘esto no me queda bien’. ¿Cómo que no te queda bien? Por ahí no te gusta, pero quedarte te queda”, cuenta entre risas, aunque dejando entrever el trabajo profundo detrás: sembrar seguridad, desarmar mandatos y sostener una conversación permanente.
«Matilda es una Marianita, pero muy mejorada»
Recién cumplidos los 15, Matilda es una mezcla encantadora de energía, curiosidad y creatividad. Mariana la describe con brillo en los ojos: “Es muy creativa, tiene una energía que va para adelante, es emprendedora, nada la detiene… Es una Marianita, pero muy mejorada”.
A la hora de buscar rasgos en común, Mariana Fabbiani ve en Matilda esa misma energía arrolladora que ella tenía a su edad. «Me identifico mucho en cómo era a su edad. Es hermoso ver a tus hijos con algo tuyo, pero tremendamente mejorado y potenciado, es hermoso», señala.
Aunque todavía no es claro qué rumbo artístico elegirá, algunos indicios aparecen: baila muy bien, disfruta expresarse y se mueve cómoda en cualquier lenguaje creativo. “Hablamos a veces… le gusta. No sé si se le va a dar por los medios o por otro lado”, admite su mamá, que por ahora prefiere cuidarla de la exposición. Eso sí: la fiesta de 15 fue un momento decisivo. “Pudo expresarse un montón y fue hermoso verla brillar”.

«Máximo es una promesa hermosa de lo que necesitamos en nuestros varones”
A diferencia de su hermana, Máximo vive la imagen desde otro lugar: no lo desvela, pero ya sabe perfectamente qué le gusta y qué no. «Máximo es mucho más tranquilo, pero tiene esa sensibilidad, todo le afecta. Ahí soy yo. A veces digo: ‘Ay, pobre, tiene esto mío’. Pero bueno, también lo hace un ser súper especial», detalla con una gran sonrisa de madre orgullosa.
Y remarca: «Además, Máximo es muy observador. Él está todo el tiempo viendo, observando, y yo soy así, soy curiosa. A mí me gusta mirar y mirarme, estoy todo el tiempo atenta».
Lo que más destaca de él es su ternura y su sensibilidad. Le preocupa cómo navegará temas como la violencia escolar y el bullying, pero confía en la empatía natural del nene. “Es muy tranquilo, muy empático y muy sensible. Me encanta tener un varón así porque siento que es una promesa de lo que necesitamos de nuestros varones: que se conecten más”.


