Por Pavla Ochoa /
Martha Barnes se mudó de Moreno a Mendoza para aprender dibujo artístico en la Academia Nacional de Bellas Artes. Siempre tuvo claro que quería ser historietista, pese a la postura de sus docentes que le decían «eso no es profesión para mujeres”.
Me emociona sentir su convicción sin límites y saber que la historieta le invadía el cerebro y que no quería hacer otro tipo de arte que contar aventuras en cuadritos. Esa idea fija la formó y le dió fortaleza para creer en si misma. Al volver a Buenos Aires en 1949 consiguió trabajo en Muchnik donde hizo pegatinas y dos años después, comenzó a dibujar historietas para la Editorial Difusión para luego, durante veinte años, hacerlo para la Editorial Columba.

Trabajó para casi todas las editoriales locales: Esquiú, diario La Nación, las revistas Puño Fuerte (de editorial Lainez) Rastros, Estrada, Codex, Acme, Sigmar, Kapelusz, Abril, Perfil (ilustraciones), en libros de la popular colección Robin Hood de la editorial Acme Agency, en las revistas Skorpio y Corto Maltés.

El amor a la historieta, siempre guió sus pasos profesionales. Esa pasión la impulsó a enviar colaboraciones a la editorial DC Cómics que publicó sus dibujos.También, participó como dibujante en programas televisivos en Canal 9 y 13 y como actriz participó de obras en teatro, radio y televisión. Martha, siempre tuvo claro que ser dibujante de historietas no la iba a hacer millonaria, pero todos esos años de oficio la llenaron de felicidad. Cuando la conocí en persona, en esa actividad en la Casa de Mendoza en 2018, reía y celebraba estar rodeada de colegas. Fui testigx del respeto que generaba su obra y su historia en este oficio. Cuando me enteré que esa compañera, como tantas en su momento, se enfrentaron a lógicas patriarcales en el trabajo de dibujar, entendí la fortaleza que le brindó ese amor que tiene por la historieta.
Imaginé a mí tía Irene, hermana de mí mamá Alicia, en el galpón de la casa del barrio Los Nogales, dibujando todo lo que le indicaba el curso por correspondencia que había decidido hacer, un mecanismo popular de estudio por excelencia en esos años.
Antes de comenzar a escribir este texto, revisé algunas de mis revistas viejas de Columba para prestar atención a su trabajo gráfico y se me vino a la mente como un rayo en la oscuridad Gisela Dester, colaboradora de Hugo Pratt en el diseño de fondos, en los episodios de «Ticonderoga», con argumentos de Héctor Germán Oesterheld. Ahí, Dester mostró como manejaba la difícil técnica de la aguada y cuando el Tano Pratt se fue a Europa, ella se hizo cargo de esa serie y del «Sargento Kirk”. Por ser mujer, nunca se la destacó como autora de esa historieta en las reediciones en libro de ese trabajo. Por ejemplo, en la edición de la «Biblioteca Clarín de la Historieta» del 2004, pese haber dibujado por completo 23 capítulos de «Ticonderoga» y Pratt solo 20 episodios, no aparece en los créditos de autor de la obra.

Si le sumamos la precarización laboral que vivieron esas profesionales, solo por ser «mujer», vamos a entender el régimen de genitalidad en plena acción, y sin metáfora alguna, que vivían las historietistas en esos años. Fue la propia Martha Barnes la que brindó detalles de esa desigualdad: «En Columba, todos los varones cobraban más que yo y eso que trabajaba a la par y entregaba al mismo tiempo que todos y siempre me pagaban menos».
Además, la morenense agregó: «Cuando había notas, ninguna mujer aparecía. Le hacían notas a los varones. Una vez asistí a una exposición en la que estaba Caloi. Un caballero Caloi. Conmigo fue un caballero. Había una exposición de dibujo, creo que era de Columba. Lo vi, estaba al lado mío, yo hacía muchísimos años que venía trabajando, y entonces le digo: ¿A usted le parece, yo hace quichicientos años –ya no me acordaba cuantos años– que hago historietas para esta editorial, y no hay una mención, como no ha habido en muchísimos lugares, ni mías ni de otras? Y él no sabía que decirme, le vi la cara dulce, como diciendo que injusto. Se disculpaba. Pero me hice una coraza para que no me doliera porque me parecía injusto. Inclusive llegué a pensar que yo debía dibujar muy mal desde el momento en que no pasaba nada, que todos los expuestos eran varones. Entonces me conformaba con tener la plata para pagar el hotel, salíamos con mi mamá. Ganaba muy bien. Los detractores de la historieta femenina me lastimaron, hasta que fueron reconociéndola. Parecía que el rol de la mujer debía ser sólo el de ama de casa. Pero no. Yo necesitaba trabajar para alquilar el departamento con mi mamá y trabajé dibujando».

Ella siempre estuvo orgullosa de ser quien era en un mundo machista: «Yo soy, y siempre fui una MUJER. Reivindico eso, porque siendo mujer dibujé y dibujé, y ese fue mi trabajo con el que sostuve mi hogar en tiempos difíciles. Cuando vivía con mi mamá o cuando ya casada el dinero no alcanzaba. Yo agarraba mi carpeta con dibujos y salía a recorrer editoriales y siempre volvía con trabajo, con algo para hacer. Yo fui y soy mujer, soy Martha Barnes».
Por eso hablar de Martha Barnes es también hablar de Gisela Dester, Idelba Lidia Dapueto, Cerebela y tantas otras historietistas, que marcaron el camino para que nuevas generaciones, como Patricia Breccia, Nelly Hoijman, Petisuí, Cristina Breccia, Diana Raznovich, Silvia Maldini y Maitena Burundarena, siguieran allanando el oficio para que actualmente Laura Gulino, Alejandra Lunik, Power Paola,Delius, Sole Otero, Alyen, Gato Fernández, Lauri Fernández, María E. Alcatena, Nacha Vollenweider, Femimutancia, Mora Sarquis, Paula Andrade, Paula Boffo, China Ocho, Dani Ruggeri, Aleta Vidal, Sine y muchísimas más, hagan historietas.

Entiendo que es importante que Moreno se enteré que fue el lugar donde creció la semilla del amor al dibujo y por la historieta para Martha. Porque en esa casa frente a la Plaza Mariano Moreno, fue donde comenzó a soñar con ser una obrera del lápiz. En 2012, la Biblioteca Nacional Mariano Moreno y la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP), le otorgaron un reconocimiento por su aporte a la historieta argentina. No estaría mal que el pueblo donde nació y creció sepa quién es esta mujer y le haga un reconocimiento por su aporte a la cultura popular.
Actualmente Marha vive en Capital Federal. Con sus 94 años de vida sigue amando a la historieta como en esos días que comenzó a dibujar en el patio de su casa en Moreno, con la fortaleza de una mujer que vivió sus sueños pese a las dificultades de una sociedad hostil y patriarcal.




