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Entrevistamos a Agustín Morcillo, especialista en esta técnica milenaria, para entender cómo una presión precisa en el lugar indicado puede transformar tu salud física y emocional.

Más que un masaje: El arte japonés de presionar para sanar

Por: Galo, Maíl

Detenerse a escuchar el cuerpo no es un lujo, sino una necesidad. Entre las diversas terapias que buscan devolvernos el equilibrio, el Shiatzu se destaca como una de las más profundas y efectivas. Pero, ¿qué es exactamente lo que ocurre cuando recibimos esta técnica milenaria?

Un puente entre dos mundos

El Shiatzu (que en japonés significa «presión con los dedos») es una terapia manual antigua, tradicional, heredada por los japoneses, en la que se coordina la respiración y la utilización del cuerpo a favor de la gravedad para presionar puntos específicos que postula la Medicina Tradicional China. Lo fascinante de esta disciplina es su naturaleza híbrida: aunque sus raíces se hunden en la Medicina Tradicional China y el manejo de los canales energéticos (meridianos), su práctica está profundamente fundamentada por el conocimiento moderno de la anatomía y la fisiología. Dos mundos que se alimentan recíprocamente y potencian sus sabidurías particulares.

Vale observar la diferencia entre el Shiatsu moderno del Maestro Tokujiro Namikoshi, y el Shiatzu antiguo. Aunque guardan una similitud y ambas terapias son reconocidas en Japón y tienen efectos maravillosos, es el Shiatzu antiguo quien mantiene la relación más estrecha con la medicina tradicional china, invitando a la energía del cuerpo a moverse en su cause natural, original, promoviendo de esta manera su capacidad de autocuración.

Más allá de la relajación: Beneficios reales

A diferencia de un masaje convencional que busca únicamente distender el músculo, el Shiatzu trabaja de forma integral. Algunos de sus beneficios más destacados incluyen:

Gestión del estrés: Actúa directamente sobre el sistema nervioso parasimpático, reduciendo los niveles de cortisol y mejorando la calidad del sueño.

Recuperación física: Es una herramienta poderosa para aliviar dolores lumbares, cervicales y contracturas crónicas sin maniobras invasivas.

Estímulo interno: Favorece la circulación sanguínea y linfática, lo que potencia el sistema inmunológico y ayuda a regular los procesos digestivos.

Esta imagen muestra el consultorio donde Agustín Morcillo practica Shiatzu.

Entrar al espacio de Agustín es como dejar el ruido de la ciudad en la puerta. Hay olor a madera, una luz tenue que te baja las pulsaciones y una promesa: que tu cuerpo finalmente va a ser escuchado. El Shiatzu no es solo presionar puntos; es un diálogo silencioso que busca devolvernos el equilibrio en un mundo que no para.

Entrevista: Mano a mano con Agustín Morcillo

— Para quien nunca lo probó, ¿cuál es la diferencia fundamental entre el Shiatzu y un masaje relajante tradicional? ¿Cómo conociste la técnica?

— Es difícil hablar de una sola diferencia cuando tal vez lo más importante es el encuadre. En las sesiones no se trabaja únicamente la contractura o el malestar (que sería el foco), sino que también es una invitación a regular el cauce energético del cuerpo (el origen).

Vale aclarar que no es una terapia netamente energética, como lo puede ser el reiki por ejemplo; en el shiatzu se trabaja con la presión concreta y real de los dedos de las manos, con los puños, codos y antebrazos, desarmando los nudos, movilizando articulaciones y liberando tensiones. Conocí la técnica, como muchas cosas importantes de mi vida, casi de casualidad: buscaba una terapia manual holística y me derivaron a la escuela donde finalmente aprendí Shiatzu y me enamoré de esta disciplina.

— En Shiatzu se habla mucho de los «meridianos» de energía. ¿Cómo se traduce eso en un alivio físico real?

“Podemos decir que muchas veces los dolores físicos tienen su raíz en una perturbación energética. Cuando el Qi se estanca, genera inflamación.”

PH IRI Rabenstein

«Conocí la técnica, como muchas cosas importantes de mi vida, casi de casualidad»

— Podemos decir que muchas veces los dolores físicos tienen su raíz en una perturbación energética. Cuando el Qi (energía) no circula como corresponde, se estanca y genera inflamación, dolor o inestabilidad emocional. El shiatzu promueve la correcta circulación de los meridianos, facilitando la restauración de las funciones normales del cuerpo. Para la cosmovisión china “Todo es Qi”; en su expresión más sutil es bioenergía, pero en su forma más tangible es materia y cuerpo. Trabajando en una se logra modificar la otra. ¿No es increíble?

— Es curioso que se realice con ropa y sobre un futón en el suelo. ¿Qué ventaja ofrece esta modalidad?

El objetivo del futón es poder utilizar el peso del cuerpo a favor de la gravedad. La presión sin esta combinación no tendría el mismo efecto. En relación a la ropa, permite ciertos deslizamientos y fricciones que activan los canales. De cualquier modo, mientras la técnica se mantenga, se puede realizar en camilla; yo hace unos años empecé a usarla teniendo en cuenta que para muchas personas con menos movilidad llegar al piso se vuelve muy difícil.

— ¿Por qué se dice que es una «medicina preventiva»? — Al garantizar el correcto fluir energético, el cuerpo recupera su capacidad de autorregulación. Se vuelve un terreno menos vulnerable al ataque de factores patógenos y con mayor capacidad para recuperar la homeostasis interna.

— Después de años de práctica, ¿qué es lo que más te sigue sorprendiendo?

— La capacidad de relajación profunda que se logra, porque atraviesa no solo el plano muscular, sino que se ve reflejado en un bienestar psicoemocional. No hay quien se vaya de la sesión sin sentirse inmensamente más liviano. También uno aprende a “escuchar” a los cuerpos; parece realmente que te estuvieran hablando e indicando dónde están las zonas comprometidas. Ese intercambio es extraordinario.

PH IRI Rabenstein

“No hay quien se vaya de la sesión sin sentirse inmensamente más liviano, y con un estado similar al que se logra en una meditación.”

— ¿Cuáles fueron tus desafíos más grandes y qué es lo más gratificante?

— Creo que el mayor desafío es comprender que cada persona es diferente y necesita un abordaje personal e intransferible. Es fundamental practicar la escucha activa y estar atento a lo que el consultante requiere en ese momento. Y lo más gratificante es ser agente de cambio. Cuando la persona se va con otro semblante o te llega ese mensaje que dice “Me siento mucho mejor”, es un abrazo y un impulso a seguir con esta tarea que amo.

Contacto y servicios:

Agustín Morcillo es Terapeuta en Volver a Uno, un espacio para recuperar la armonía a través de digitopuntura, ventosaterapia y moxibustión.

Desde Vive multimedio digital de comunicación y webs de ciudades claves de Argentina y el mundo; difundimos y potenciamos autores y otros medios indistintos de comunicación. Asimismo generamos nuestras propias creaciones e investigaciones periodísticas para el servicio de los lectores.

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