Por Redacción Vive Caba
En una nueva escala de su gira por los Estados Unidos, Javier Milei volvió a sacudir el tablero de la política exterior argentina. Durante una disertación en la Universidad de Yeshiva, en Nueva York, el mandatario no solo ratificó su alineamiento incondicional con Washington y Tel Aviv, sino que dio un paso más allá al declarar formalmente a Irán como un «enemigo» de la Nación, en el marco de la escalada bélica que atraviesa Medio Oriente.
«Son nuestros enemigos»
Bajo el argumento de los atentados a la Embajada de Israel y la AMIA en la década del 90, Milei justificó el abandono de la histórica postura de neutralidad que Argentina ha mantenido frente a conflictos armados internacionales. «Irán no me cae simpático porque nos han metido dos bombas… por lo tanto, son nuestros enemigos», sentenció ante un auditorio que lo ovacionó.
Sin embargo, el discurso del Presidente fue más allá de la memoria histórica. Milei vinculó directamente la seguridad nacional a su «alianza estratégica» con Donald Trump —a quien elogió fervientemente— y con Israel, posicionando a la Argentina como un actor activo en una guerra de potencias que, hasta hace poco, el país miraba desde la periferia diplomática.
La geopolítica del «reordenamiento»
En entrevistas posteriores, el Jefe de Estado defendió la tesis de que este conflicto no es por petróleo, sino por hegemonía. Según su visión, la intervención de las potencias «limpiará» el escenario global, aislando a China y debilitando a gobiernos de la región como los de Cuba y Venezuela, a quienes acusa de tener nexos con el terrorismo iraní.
Mientras el Presidente proclama que Argentina está «en el lugar correcto de la historia», los analistas locales advierten sobre los riesgos de seguridad que implica esta exposición directa. El paso de una condena diplomática al terrorismo a una beligerancia activa en un conflicto global marca un punto de no retorno para la política exterior local.
Una comitiva bajo la lupa
Más allá de las definiciones bélicas, la gira no estuvo exenta de polémica doméstica. La «nutrida» comitiva que acompaña a Milei —que incluye a diez gobernadores y varios ministros— ha quedado en el ojo de la tormenta por la presencia de familiares que no cumplen funciones oficiales.
Desde la oposición ya se han presentado pedidos de informes para determinar si el viaje de las esposas de algunos funcionarios fue financiado con fondos públicos, sumando una mancha ética a un viaje que, por sus definiciones políticas, ya es considerado uno de los más arriesgados de la gestión libertaria.




