Hace unas semanas, dos brigadistas forestales partieron desde nuestra ciudad para prestar auxilio en los voraces incendios que azotan la provincia de Chubut, y que se investiga serían intencionales. Los bomberos voluntarios Pamela Robledo y Nelson Fernández se adentraron en la precordillera para enfrentar un escenario que, a pesar de sus años de preparación, resultó ser una experiencia nueva y compleja.
Un terreno que desafía la lógica
Para Nelson Fernández, una de las mayores sorpresas fue la composición del suelo patagónico. «Acá en Córdoba pasás una topadora y tenés suelo firme; allá el suelo es arenoso, como una mezcla de tierra con ceniza. Las camionetas se enterraban como si fuera barro, pero estando seco», relató. Esta inestabilidad obligó a los brigadistas a realizar extenuantes caminatas de varios kilómetros montaña arriba, cargando todo el equipo de corte y arrastre sin posibilidad de asistencia vehicular.
La lucha no fue solo contra las llamas visibles, sino contra un enemigo invisible: las raíces. «Podías estar haciendo una brecha para controlar un punto y de repente se prendían dos árboles a tus espaldas. El fuego corría por debajo, por las raíces», explicó Fernández, que destacó además que el agua de los aviones hidrantes a menudo no penetraba en la tierra, rebotando y generando surcos sin sofocar el calor subterráneo.
Ambos bomberos dijeron que fue una tarea compleja para trabajar.
Herramientas y estrategia
Pamela Robledo detalló la tecnicidad de la tarea, donde el trabajo manual fue el gran protagonista ante la falta de espejos de agua cercanos. «Utilizamos herramientas de corte y arrastre, además de motosierras y machetes para gestionar el combustible forestal», explicó la brigadista.
El trabajo se coordinó bajo una logística interestatal. Junto a ellos trabajaron bomberos de otras provincias, como Santa Fe y Entre Ríos, realizando día tras día kilómetros de líneas de defensa (brechas cortafuego).
El factor emocional: la vocación frente a la distancia
Para Pamela, el desafío no fue solo físico. La distancia de 1.800 kilómetros y el hecho de tener un niño pequeño a su cargo le hicieron repensar la situación al regresar, pero la satisfacción del deber cumplido fue mayor. «Me preparé cuatro años para esto. No podía perder la oportunidad de conocer este terreno y la flora del lugar. Fui con expectativas de crecer en la materia que elegí para perfeccionarme y viví la experiencia sin ningún tipo de culpa», confesó con orgullo.
La labor de estos bomberos sanfrancisqueños reafirma el alto nivel de capacitación de los cuarteles de la provincia de Córdoba, cuyos efectivos son requeridos en todo el país ante emergencias de esta magnitud. Tras jornadas que comenzaban desde las 7:30 a las 17:30hs, o hasta que la climatología lo permitía, Robledo y Fernández hicieron frente al peligro para defender nuestro suelo de las llamas.



