Las alianzas en Colombia, Ecuador y Guatemala, junto con su forma de operar mediante células autónomas, permiten que las rutas sigan funcionando

La muerte de Rubén Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, titular del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), no modificó el mapa del narcotráfico en la región, pues las rutas y alianzas de exportación de cocaína hacia Estados Unidos y Centroamérica continúan activas y, según especialistas, sólo podrían enfrentar un freno temporal.
El operativo que acabó con la vida del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) en Tapalpa, Jalisco, desató interrogantes sobre el futuro del tráfico de cocaína en América Latina. Sin embargo, un análisis reciente de InSight Crime advierte que la estructura del comercio ilícito no depende de una sola figura y que la red de relaciones que tejió el CJNG con organizaciones criminales de Colombia, Ecuador y Guatemala, así como el funcionamiento por emisarios y células semiindependientes, permitirán que el flujo de cocaína se mantenga estable.

En Colombia, país que mantiene la mayor superficie de cultivos de coca en el mundo, las alianzas entre el CJNG y grupos armados como las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) y disidencias de las FARC se han fortalecido en la última década, apuntan, lo que les garantiza la calidad y el volumen de los embarques, sin requerir presencia territorial constante.
En Ecuador, la estrategia del CJNG se ha basado en delegar la logística de transporte y exportación a bandas locales. Tras la fragmentación de Los Choneros, el cártel mexicano diversificó sus alianzas, trabajando actualmente con grupos como Los Lobos y Los Tiguerones. El país es clave para el tráfico de cocaína por su ubicación geográfica y sus conexiones marítimas hacia Centroamérica y México. Lanchas rápidas y barcos pesqueros permiten sortear controles y seguir abasteciendo los mercados del norte.
Guatemala también sigue siendo un eje logístico. Redes de tráfico reciben embarques desde Sudamérica —tanto por mar como por aire— y los trasladan por carretera hasta la frontera mexicana. Los Huistas y otras organizaciones locales han mantenido relaciones históricas con cárteles mexicanos, y el CJNG ha adoptado tácticas violentas para afianzar su dominio en ciertas regiones, aunque la tendencia actual es operar con bajo perfil para eludir la presión de las autoridades.
InSight Crime apunta que la capacidad de adaptación de los grupos criminales y la fragmentación de las bandas sudamericanas garantizan la continuidad del comercio ilícito. Incluso, los vacíos temporales pueden ser cubiertos por organizaciones rivales, como el Cártel de Sinaloa, que ya cuentan con socios y estructuras en los países productores.

El panorama para el CJNG tras la muerte de “El Mencho” está marcado por la incertidumbre y una variedad de posibles rutas de evolución. Fuentes expertas han identificado al menos cinco perfiles con posibilidad real de disputar el liderazgo del cártel.
- Audias Flores Silva, “El Jardinero”: operador regional con influencia en Michoacán, Jalisco y Nayarit, conocido por su bajo perfil y capacidad de negociación.
- Juan Carlos Valencia González, “El 03”: hijastro de “El Mencho” y jefe del Grupo Élite, el linaje de Los Cuinis.
- Ricardo Ruiz Velasco, “El RR” o “Doble R”: jefe regional en Guadalajara, con control de infraestructura urbana y reputación de liderar células violentas.
- Hugo Gonzalo Mendoza Gaytán, “El Sapo”: figura clave en la estructura militar y reclutamiento de sicarios.
- Heraclio Guerrero Martínez, “El Tío Lako”: líder de la facción “Los Guerreros”, con control en la frontera Michoacán-Jalisco y acceso a recursos alternativos de financiamiento.

De acuerdo con un análisis de Víctor Sánchez, especialista en crimen organizado y seguridad nacional, hay algunos posibles escenarios para el CJNG en la etapa post-El Mencho:
- Consolidación de un liderazgo único: Uno de los sucesores logra aglutinar el control de las células regionales y mantener la cohesión del cártel, asegurando la continuidad de la estructura y las alianzas internacionales.
- Fragmentación interna: Surgen disputas violentas entre facciones, lo que debilita el control central y abre la puerta a guerras internas o pérdida de territorios clave.
- Descentralización operativa: Las células regionales ganan autonomía, operan bajo la marca CJNG pero con menor coordinación central, manteniendo la logística internacional y las rutas de tráfico.
- Reacomodo del mapa criminal mexicano: Otros grupos, principalmente el Cártel de Sinaloa, intentan aprovechar el reacomodo para expandir su influencia en rutas y mercados ahora disputados, lo que puede derivar en nuevos episodios de violencia.
Sánchez enfatiza que la capacidad del CJNG para mantener la logística internacional y el flujo de cocaína hacia Estados Unidos y Centroamérica dependerá de la rapidez y la forma en que se resuelva la sucesión interna.

