Uno de los músicos de jazz emblemáticos de la escena argentina, el trompetista Fats Fernández murió esta miércoles. Tenía 88 años y estaba internado desde hace varios años en un geriátrico. no se conocen aún las causas de su fallecimiento. Fue un músico de una enorme calidad interpretativa, que logró conjugar desde el jazz un sonido personal y propio de Buenos Aires.
Nacido en La Boca, tuvo una carrera de casi sesenta años en las que tocó en diferentes orquestas y con artistas de nivel internacional como Roy Eldridge, Lionel Hampton, Ray Charles, Mel Lewis, Gato Barbieri y Paquito D’Rivera, entre otros.
Comenzó en orquestas de hot jazz, transitó por el swing hasta llegar a ocupar un lugar preponderante dentro del bebop. Además desarrolló una verdadera escuela de trompetistas donde no sólo transmitió sus conocimientos sino también ese amor por la música de Armstrong sin dejar de lado al tango, su otro gran amor.
Arrasaba en las baladas, quizás sus temas preferidos para expresar toda esa melancolía que escondía con su música; su tono cálido, su fraseo fluido, esa jactancia de notas agudas y su talento para improvisar hicieron que fuese uno de los artistas más interesantes de la escena del jazz local.
Si tocaba varios instrumentos, su pasión pasaba por la trompeta y el jazz, aunque también se ganó un buen lugar en el tango.Comenzó con una banda de hot jazz, Georgian’s Jazz Band, pero fue a principios de los ’60 cuando ingresó en el quinteto de Gato Barbieri que se abrió para Fats un nuevo camino, el bebop y en seguida, el hard bop.
“Gato me hizo escuchar discos de Miles Davis, John Coltrane que traía su hermano, Rubén (también trompetista) y que no conocía. Recuerdo que esos momentos fueron una epifanía para mí”, contó Fats en una entrevista.
Esa ductilidad le permitió participar de orquestas, ensambles y diferentes combos, siempre marcados por su calidad como improvisador. A toda la música que interpretaba le confería un “humor” porteño, como se sentía, porteño de ley. Un músico de una genuina sensibilidad que le «tocó hacer jazz y no tango», como siempre afirmaba, pero que «el sentimiento es el mismo», remataba la frase.
Supo amalgamar el jazz con sentimiento rioplatense
En el escenario era un trompetista de empuje, sabía desarrollar su música de manera que la audiencia disfrutara no sólo del swing sino también de un delicado trabajo con la organización del repertorio. Le gustaba cerrar sus conciertos, cuando era principal protagonista, con una balada que dejaba al público con una clara sensación de querer más.
En sus discos, que no fueron demasiados para su larga trayectoria, dejaba traslucir toda su riqueza melódica, como en ese entrañable trabajo Cuore (1991), con Dizzy Gillespie y Lito Nebbia como invitados. Antes ya había lanzado dos discos que lo ubicaron como uno de los referentes del jazz argentino, El trompetista de Buenos Aires (1987) y New York Sessions & Trabajos Porteños (1989), con Paquito D’Rivera como invitado.
En 1991 fue invitado al tributo que le hicieron en Nueva York a Dizzy Gillispie; Fats tocó junto a Tom Harrell, Randy Brecker, Lew Soloff y Jimmy Owens, entre otros.
Un año después lanzó La música y la vida (1992), con Wynton Marsalis como invitado con el que tejió una relación estrecha. La amistad entre ellos se hizo muy cercana, al punto de que Fernández lo invitó a comer los famosos canelones de Gisela (la mujer de toda su vida) en su casa de La Boca. Marsalis, consecuente con esta señal de amistad, le regaló un modelo idéntico a su “trompeta de oro”, un instrumento bañado en oro que por su peso (alrededor de cuatro kilos) Fats usó poco.
Fue premiado con el Konex, elogiado por la crítica especializada y aplaudido por el público.Un músico querido y respetado por artistas de diferentes géneros.En 1992 obtuvo el premio ACE por su disco Cuore y en diciembre de ese año recibió el premio Konex por sus diez años de trayectoria. Un reconocimiento merecido para un músico que supo amalgamar el jazz con un sentimiento rioplatense; en realidad, a Fats nada le era ajeno, el tango, el candombe, la milonga eran territorios que sabía explorar desde su música.
En 1995 se convirtió definitivamente en un ícono del jazz en la Argentina con el Premio Konex de Platino por su labor como Solista de Jazz y un año después grabó Tangos y Standards (1996), un trabajo en el que entreteje dos corrientes de música con una plasticidad admirable.
Ahora bien, quizás su trabajo más destacable sea Fats Live Birthday (1997), por los 60 años del músico, con versiones logradas como, por ejemplo, la balada de Michel Legrand ¿Qué harás el resto de tu vida?.
Desde fines de la década del ’90, Fats comenzó a trabajar en vivo acompañado sólo con piano; inicialmente, el pianista Andrés Beeuwsaert, recién llegado de Olavarría, y luego el necochense Pablo Raposo. “Me siento muy cómodo en este formato porque podemos conversar y tanto Andrés como Pablo, son artistas muy talentosos y con los que me siento muy cómodo”, decía en una entrevista Fernández.
En 1998 lanzó su disco 100 años de Gershwin, que incluía grabaciones con el Mono Villegas y en 2006, su último trabajo y una especie de deuda con su público Baladas.
Por problemas de salud, Fats Fernández se retiró de los escenarios hacia 2014.Una de sus últimas actuaciones fue un ciclo en el club Thelonious, acompañado por el pianista Raposo.

