La muerte de una niña de 10 años por hantavirus en General Belgrano encendió la alarma sanitaria en la provincia de Buenos Aires. Autoridades locales activaron protocolos epidemiológicos, reforzaron tareas de prevención y mantienen vigilancia sobre los contactos estrechos ante el aumento de casos de esta enfermeda
Una niña de 10 años falleció por hantavirus en el paraje rural Chas, en el partido bonaerense de General Belgrano, lo que generó conmoción en la comunidad y motivó la activación inmediata de los protocolos epidemiológicos. La causa del deceso fue confirmada por el Gobierno municipal, en articulación con las autoridades sanitarias provinciales.
Desde el municipio expresaron su pesar a través de un comunicado oficial: “Con profundo dolor y tristeza acompañamos a la familia de Mía Rodríguez ante esta irreparable pérdida que enluta a toda nuestra comunidad”. El diagnóstico fue validado mediante los registros del Sistema Integrado de Información Sanitaria Argentino (SISA).
Tras la confirmación del caso, se desplegó un operativo de bloqueo sanitario que incluyó tareas de desmalezamiento, fumigación y desratización en las zonas indicadas por los protocolos, además de la vigilancia activa y el seguimiento de los contactos estrechos de la niña, con el objetivo de prevenir nuevos contagios.
El fallecimiento se suma a otros casos recientes registrados en la provincia de Buenos Aires. En los últimos meses murieron un hombre de 33 años en Mar del Plata, un adolescente de 14 años en San Andrés de Giles y un hombre de 59 años en Chacabuco. A nivel nacional, durante 2025 se confirmaron 77 casos de hantavirus, con 23 muertes, lo que representa una letalidad cercana al 30%, según el último Boletín Epidemiológico.
Las autoridades sanitarias advirtieron que la enfermedad presenta una marcada estacionalidad, con mayor incidencia entre septiembre y abril y un pico entre noviembre y enero. La transmisión se produce principalmente por la inhalación de partículas virales presentes en la orina, saliva o heces de roedores silvestres, especialmente en ambientes rurales o cerrados sin ventilación.
Ante este escenario, se reiteraron las recomendaciones de prevención: ventilar los ambientes antes de limpiarlos, utilizar barbijo en zonas de riesgo, desinfectar superficies con soluciones de cloro, evitar el contacto con roedores y mantener los espacios domiciliarios y rurales limpios y ordenados. No existe vacuna ni tratamiento antiviral específico, por lo que la prevención y el saneamiento ambiental continúan siendo las principales herramientas para reducir el riesgo de contagio.



