Un nuevo terremoto sacudió Myanmar este domingo, mientras los equipos de emergencia luchan por rescatar a las víctimas del sismo de magnitud 7,7 que dejó más de 1.600 muertos. La situación en la zona sigue siendo crítica.
Myanmar sigue sufriendo las consecuencias de un potente terremoto ocurrido el viernes, de magnitud 7,7, que dejó al menos 1.644 muertos y más de 3.400 desaparecidos.
Este domingo, una nueva réplica de magnitud 5,1 golpeó las cercanías de Mandalay, generando más preocupación entre las autoridades y los equipos de rescate.
A pesar de que no se han reportado daños adicionales tras este último sismo, la situación sigue siendo grave. Las operaciones de rescate continúan, pero muchas áreas aún son de difícil acceso.
Se ha informado que, hasta el momento, más de 1.690 casas, 670 monasterios, 60 escuelas y tres puentes han sido dañados, y se teme por la seguridad de las represas principales.
Los hospitales en las zonas afectadas están desbordados, con infraestructuras sanitarias gravemente dañadas y comunicaciones por internet cortadas en Mandalay, lo que complica aún más los esfuerzos de ayuda. Además, se teme que más de 90 personas sigan atrapadas bajo los escombros de un edificio colapsado en la ciudad.
La ONU y organizaciones humanitarias están movilizando recursos para apoyar a las 20 millones de personas afectadas por el desastre.
Las tareas de rescate y asistencia humanitaria están siendo apoyadas por las reservas disponibles en el terreno, y se espera que la ayuda continúe llegando a las comunidades más necesitadas.