Luego de atravesar uno de los momentos más difíciles de su vida, Narella Díaz Coali volvió a Bragado y compartió su historia de lucha, esperanza y agradecimiento, marcada por un trasplante de corazón que le permitió empezar una nueva etapa junto a su familia.
Narella contó que estuvo casi un año sin vivir en Bragado. Todo comenzó cuando fue mamá y, a los diez días del nacimiento de su hijo, debieron viajar de urgencia a La Plata, ya que el bebé tuvo que ser operado del corazón por una coartación de la aorta. La familia permaneció cinco meses viviendo en La Plata hasta que el niño recibió el alta médica.
Sin embargo, poco después, fue ella quien comenzó a sentir síntomas preocupantes. En ese momento, Narella se quedó en Buenos Aires para realizar estudios y tratamientos, mientras que su pareja y su hijo regresaron a Bragado.
En octubre apareció el donante y el trasplante de corazón se realizó de manera inmediata. Un mes más tarde, en noviembre, fue dada de alta. Desde entonces, atravesó una etapa de controles médicos intensivos: primero todas las semanas, luego cada quince días y actualmente una vez por mes.
“No podía creer cuando el médico me dijo que podía volver a mi vida, a mi casa, con mi familia, y volver a trabajar”, expresó emocionada. Destacó que siempre intentó mantenerse positiva, apoyándose en el amor de su familia. “Sabía que detrás mío estaban ellos y tenía que seguir”, afirmó. Reconoció que hubo momentos muy duros, de cansancio extremo, en los que sentía que no quería saber “más nada”, pero aseguró que siempre buscó la manera de distraerse y salir adelante.
Narella explicó que ahora debe cuidarse mucho: evitar el contacto físico, saludar a distancia, usar barbijo y prestar atención a cada detalle. “Es todo nuevo, es una vida nueva”, resumió.
En cuanto a su hijo, contó que se encuentra bien y que deberá operarse de la cadera en septiembre, lo que le permitirá a ella recuperarse completamente antes de acompañarlo en ese proceso. Conmovida, relató que ayer vivió un momento muy especial: por primera vez pudo acostar a su hijo en su cuna. “Pensé: qué alegría, gracias”, dijo, reflejando la emoción de volver a compartir los pequeños grandes momentos de la vida cotidiana.



