Por: Galo, Maíl.
Escribo esto no solo desde la vivencia personal, sino desde la necesidad de dar a conocer un proceso que muchas veces se reduce a lo estético. soy un varón trans, trabajador y estudiante de los profesorados de Filosofía y Psicología y llevo más de cuatro años de terapia de reemplazo hormonal. En este tiempo, he aprendido que la testosterona no vino a «transformarme» en alguien nuevo, sino a reparar una arquitectura mental acorde a mi percepción y en coherencia con mis vivencias personales e identitarias.
Desde la Filosofía solemos debatir sobre la identidad y el cuerpo, pero hay una dimensión que es innegable: la neuroplasticidad. No solo el cuerpo se moldea, sino también el cerebro. No es una suposición; la ciencia hoy nos habla de cómo la testosterona fortalece o debilita algunas áreas del cerebro, incluyendo la sustancia blanca y mejorando la conexión entre nuestras áreas de percepción (Kranz et al., 2014). Para mí, esto se tradujo en un estado de paz química. Se terminó la disonancia y empezó la coherencia.
Al ser una hormona con una fuerte influencia en el sistema nervioso central, la testosterona impacta directamente en cómo se gestionan y procesan las emociones. A continuación, menciono algunos de los cambios estructurales y emocionales clave:
Cambios a Nivel Cerebral (Estructural y Funcional)
- Aumento de la Sustancia Blanca: Se ha observado un incremento en la conectividad de la sustancia blanca, particularmente en áreas relacionadas con la percepción visoespacial. Esto se traduce en un aumento en el sentido de la orientación, la coordinación motora y un procesamiento de la información más enfocado y menos ramificado.
- Reducción de la Sustancia Gris en áreas de lenguaje: Algunos estudios indican una ligera disminución de la densidad de sustancia gris en regiones asociadas con el procesamiento verbal (áreas de Broca y Wernicke), lo cual no significa pérdida de capacidad, sino una reconfiguración (Hahn et al., 2016). El cerebro se vuelve más eficiente: optimiza el procesamiento para que sea más rápido. Se pasa de un procesamiento «difuso» (muchas palabras para una emoción) a uno más «sintético». Esto se traduce en más acción y menos rumiación verbal.
- Mayor volumen en el Hipocampo y la Amígdala: Estas áreas están ligadas a la memoria y la reactividad emocional. Esto influye en una respuesta más rápida ante estímulos de alerta o amenaza.
Toda esta información me llevó a una pregunta:
¿Se puede decir que los cerebros más estrogénicos tienen un pensamiento más complejo y los androgénicos uno más práctico?
Decir que un cerebro es "más complejo" es arriesgado. Lo que sí podemos afirmar es que el cerebro bajo una configuración estrogénica tiende a la hiperconectividad hemisférica (comunicación entre ambos lados), lo que facilita integrar emociones con lenguaje. Es un cerebro más discursivo. En cambio, las configuraciones androgénicas tienden a la especialización intra-hemisférica (conexiones fuertes dentro de un mismo lado), lo que facilita la conciencia ejecutiva. Ves un problema -> El cerebro busca la herramienta técnica o física -> Acción. Es un cerebro de síntesis.
La trampa del determinismo
Si decimos que el hombre es «práctico» y la mujer «analítica» por biología, estaríamos dándole la razón al machismo que justifica que las mujeres no ocupen lugares de mando por ser «emocionales» o que los hombres no tengan responsabilidad afectiva por ser «simples».
La respuesta técnica es: no es que uno sea más complejo que el otro. Son estrategias de supervivencia distintas. Uno prioriza la velocidad de respuesta y la espacialidad; el otro, la lectura del entorno social y la comunicación.
Cambios en el Procesamiento Emocional
Muchos varones trans reportamos una reconfiguración de nuestro mundo interno:
- Dificultad para el llanto: Es un efecto común. Fisiológicamente, el umbral para llegar al llanto se eleva. Sentimos la emoción, pero aparece una incapacidad física de derramar lágrimas.
- Gestión de la ira: La testosterona puede acortar el «tiempo de mecha». La irritabilidad puede manifestarse de forma más física o explosiva en lugar de introspectiva.
- Reducción de la ansiedad y depresión: Al reducirse la disforia, los niveles de ansiedad bajan drásticamente. El cerebro comienza a funcionar con la «nafta» que siempre necesitó, generando calma y mayor presencia mental (The Lancet, 2023).
El Gran Debate: ¿Existen cerebros «femeninos» y «masculinos»?
¿Es verdad que los cerebros son diferentes según el sexo asignado? Sí y no. Existen diferencias estadísticas en ciertos núcleos, pero la ciencia moderna habla de un «mosaico cerebral» (Daphna Joel, 2015). La mayoría de los cerebros tienen una mezcla de rasgos. Lo más fascinante es que los estudios muestran que los cerebros de las personas trans, incluso antes de hormonarse, suelen compartir más similitudes estructurales con su identidad de género que con su sexo asignado al nacer.

Desarmando el mito del «instinto»
Como estudiante de Filosofía, me resulta central cuestionar si estas diferencias justifican comportamientos machistas. Como varón que conoce ambos lados de la configuración hormonal, mi respuesta es: No.
La biología no es un destino ni una excusa. El comportamiento (cómo tratamos a los demás, cómo ocupamos el espacio) pasa por la corteza prefrontal. Ahí reside la ética y nuestra capacidad de decidir. El machismo es un aprendizaje social, no un impulso celular. Atribuir la violencia o el dominio a la ‘naturaleza masculina’ es una falacia que busca eximir al sujeto de su responsabilidad ética.
Al final del día, el efecto más profundo de la transición es la congruencia identitaria: el cese de una guerra interna que nos permite alcanzar una estabilidad funcional. Esta homeostasis nos devuelve la energía que antes perdíamos en la disforia, permitiéndonos habitar el mundo no desde la reacción, sino desde una presencia consciente y auténtica. La transición, entonces, no es solo un cambio de forma, sino una conquista de la propia soberanía.

Maíl Galo, Varón trans (29) estudiante de los profesorados de filosofía y psicología. IG: @galo_mail
Fuentes y Citas bibliográficas:
- Joel, D. (2015). El sexo más allá de los genitales: el mosaico del cerebro humano
- Kranz, G. S., et al. (2014/2020). Microestructura de la sustancia blanca en personas transgénero antes del tratamiento hormonal cruzado. Estudio de imágenes por tensor de difusión.
- Hahn, A., et al. (2016). Testosterone administration modulates gray matter in specific language areas. Psychoneuroendocrinology.
- The Lancet Diabetes & Endocrinology (2023). Hormone therapy and mental health outcomes in transgender adults.




