Con el paso de los años, muchas personas dan por sentando que con el envejecimiento viene aparejado la pérdida de fuerza muscular. Sin embargo, especialistas en saludo advierten que esa idea es incompleta y, en muchos caso, equivocada.
La disminución en la fuerza y las capacidades físicas no ocurre solo por la edad, el sedentarismo tiene un rol clave y acelera la pérdida de la muscular y limita funciones básicas.
En las sociedades actuales el movimiento dejó de ser parte del día a día. Actividades que antes demandaban esfuerzo físico hoy se resuelven con comodidad lo que reduce la estimulación muscular constante.

Para la cirujana ortopédica y experta en envejecimiento activo Vonda Wright, este cambio en la sociedad y la potenciación del sedentarismo, explica gran parte del deterioro físico asociado a la edad y obliga a replantear el rol del ejercicio en la vida adulta.
Por qué la fuerza define la independencia en la adultez
Los músculos y la fuerza cumplen funciones centrales en la autonomía cotidiana, sin ellos levantarse de una silla, subir escalares o cargar objetos sería imposible.
Por esta razón, Wright señala que muchas personas terminan necesitando asistencia no por edad en sí, sino por la pérdida de masa muscular que impide realizar tareas simples sin ayuda.
A diferencia de otros sistemas del cuerpo, el músculo responde de forma directa al estímulo. Cuando se lo entrena, se fortalece; cuando se lo abandona, se deteriora con rapidez, incluso en personas jóvenes.

El problema, según la especialista, es que el estilo de vida actual eliminó gran parte del movimiento espontáneo. Ya no existen trabajos físicos generalizados ni actividades diarias que mantengan la fuerza de forma natural.
Por ese motivo, el entrenamiento de fuerza dejó de ser una opción asociada al deporte y pasó a ser una herramienta de salud. No se trata de estética, sino de funcionalidad a largo plazo y una herramienta potente para luchar contra el sedentarismo impuesto por las sociedades modernas.
Fuerza y potencia, los pilares para un envejecimiento saludable
Desde la perspectiva del envejecimiento saludable, el foco del ejercicio debe estar en la fuerza y la potencia. La fuerza permite levantar peso una vez; la potencia sostiene ese esfuerzo a lo largo del tiempo.

Ambos factores son claves para prevenir caídas, una de las principales causas de lesiones graves en adultos mayores. Mantener músculos activos reduce riesgos y preserva la capacidad de movimiento autónomo.
Entrenar regularmente ayuda también a fortalecer huesos, mejorar la coordinación y sostener funciones cognitivas. El impacto del ejercicio va más allá del cuerpo y alcanza al bienestar general.
Wright remarca que el ejercicio no debe desaparecer con la edad, sino que debe adaptarse. La intensidad, la frecuencia y el tipo de entrenamiento deben ajustarse, pero el movimiento sigue siendo imprescindible.

Nunca es tarde para comenzar. Incluso personas que empiezan a entrenar fuerza en etapas avanzadas pueden recuperar capacidades, mejorar su postura y ganar seguridad en sus movimientos diarios y así mejorar su calidad de vida.

