Mar, 17 marzo, 2026
23.9 C
Buenos Aires

«No me pasa nada grave, pero no doy más»: seis consejos para aliviar el cansancio emocional

«Trabajo y me va bien en lo que hago. Cuido a mis hijos y soy muy feliz con ellos. Estoy conociendo gente porque quiero formar pareja. Me ocupo de mi casa, mis plantas, mis perras, mi madre. No doy más. Estoy agotada.»

Hace un tiempo, en el consultorio una mujer de unos cuarenta y tantos años se sentó frente a mí y antes de empezar a hablar suspiró largo. No era un suspiro de tristeza. Era más bien un suspiro de agotamiento.

Después de unos segundos, dijo algo que escucho cada vez con más frecuencia: «Estoy cansada… pero no sé bien de qué». Mientras hablaba, repetía «no me pasa nada grave, pero siento que no doy más».

En un momento se quedó en silencio y agregó una frase que resumía todo: «Siento que estoy cansada de sostener».

¿Sostener qué? Muchas cosas: a sus hijos cuando están mal, la preocupación por su madre, la tensión de conocer gente con la que después no funciona. En definitiva, sostener una imagen de fortaleza frente a todos.

Un cansancio que no se cura al dormir

Me estaba hablando de ella y también me contaba de algo que sufre mucha gente en estos tiempos donde lo urgente nos tapa lo importante: el cansancio emocional.

Porque hay un cansancio que dormir no cura. Personas que dicen: «todo me cuesta», «todo me pesa», «todo me abruma». Y no lo dicen en modo queja, lo dicen porque lo sienten. Y de esto se trata. De escucharnos, y darnos soluciones.

Suscribite a Buena Vida

Cada quince días, Florencia Cunzolo te cuenta lo último para cuidar tu salud y sentirte bien. Registrate acá

No es el cansancio del cuerpo después de un día largo. Tampoco es el sueño que aparece cuando acumulamos pocas horas de descanso.

El cansancio emocional es otra cosa. Es ese agotamiento que aparece cuando llevamos demasiado tiempo sosteniendo situaciones, emociones, vínculos o preocupaciones que nos demandan más energía de la que tenemos disponible. Es sentir que estamos con la reserva del tanque de nafta, no hay nada en particular y es todo en general.

Cansancio emocional y burnout

El burnout no es igual al cansancio emocional. No hay burnout sin cansancio emocional, pero puede haber cansancio emocional sin burnout.

Aquí es clave la mirada profesional para un diagnóstico diferencial y evaluar posibles cuadros depresivos silenciados o soldados en personas que siguen con su vida normal y la procesión va por dentro.

El cansancio emocional puede ser parte de un cuadro más complejo y es clave aclarar que no es un diagnóstico en sí, sino una serie de manifestaciones que dan cuenta de que no estamos ocupándonos de nosotros mismos como lo precisamos.

Síntomas y alertas del cansancio emocional

Suele aparecer con señales que a veces confundimos con otras cosas.

Irritabilidad y cambios de humor. Baja tolerancia a la frustración, malhumor, ira irracional y sensibilidad extrema a las críticas.

Agotamiento físico y mental. Sensación de no tener energía, fatiga constante incluso tras dormir, y dificultades para concentrarse.

Apatía y desmotivación. Falta de interés por actividades antes placenteras, sensación de no poder cumplir con las obligaciones y vacío emocional.

Distanciamiento afectivo. Desconexión con los demás, apatía, comportamiento mecánico y frialdad.

Problemas cognitivos. Olvidos frecuentes, dificultad para pensar con claridad y toma de decisiones lenta.

Sintomatología física. Dolores de cabeza, cambios en el apetito, debilidad muscular y tensión, sin causa física aparente.

Escuchar las alertas

Si no somos capaces de gestionar con nuestros propios recursos, entonces debemos pedir ayuda profesional.

Es clave ocuparnos de nuestro bienestar tanto como lo hacemos con la gente que queremos. «Cuidate a vos mismo como cuidás a tus hijos y mascotas» es una máxima que debemos aplicar. Somos bastante poco generosos en el autocuidado habitualmente.

«Estoy cansado, pero no sé bien de qué». Empezamos a percibir ese cansancio. A veces lo naturalizamos y pedimos la campana de final de round, vacaciones, recreo, algo que nos dé aire.

Cuando empezamos a desarmar y profundizar ese cansancio, aparece algo muy interesante, no es solo de trabajar ni de estudiar. Porque, como vimos, el cansancio emocional no se produce solamente por lo que hacemos.

Se produce, sobre todo, por lo que cargamos. Preocupaciones que no nos dejan descansar la cabeza ni siquiera cuando el día terminó. Vínculos que se volvieron más pesados que nutritivos. Responsabilidades que sentimos que no podemos soltar.

Y muchas veces cargamos algo más silencioso: la sensación de tener que poder con todo.

Y sufrir en silencio, que es una manera muy dolorosa y mucho más habitual de sufrir en estos tiempos que corren.

Vivimos en una cultura que celebra la productividad, la eficiencia, la capacidad de resolver. Una cultura que transmite la idea de que hay que poder con todo: con el trabajo, con los hijos, con la pareja, con los proyectos, con las emociones.

Y no podemos sostener todo el tiempo.

Disponibles todo el tiempo

Un video circuló hace años en redes sociales: ¿Cuánto pesa este vaso de agua?, preguntaba una colega en una clase.

La respuesta: pesa el tiempo que lo sostenemos. Y aplica a todos los órdenes de la vida.

Estos fenómenos van in crescendo en los últimos años. Y el mundo no ayuda, guerras, hambrunas, tensión y grietas aquí y allá.

El cansancio emocional no se resuelve solo con desconectarse de los dispositivos. Foto Shutterstock.

En los últimos años este cansancio se volvió especialmente frecuente. Vivimos en una época de mucha estimulación, mucha exigencia y muy poco descanso mental. Las noticias, las redes, las preocupaciones económicas, las incertidumbres del futuro. Todo eso va generando un ruido permanente en la cabeza.

A eso se suma algo que vemos mucho en adolescentes y adultos jóvenes: la sensación de tener que estar siempre disponibles.

Disponibles para responder mensajes. Disponibles para opinar. Disponibles para mostrar lo que hacemos. Disponibles para sostener vínculos que a veces se vuelven demandantes.

La hiperconexión no siempre nos acerca. Muchas veces nos agota.

Pero el cansancio emocional no se resuelve solo con desconectarse del teléfono. Se resuelve identificando qué cosas estamos sosteniendo que tal vez ya no deberíamos sostener de la misma manera.

Muchas veces nos sentimos mal cuando frenamos. Como si descansar fuera una forma de perder el tiempo. Pero el descanso emocional no es un lujo. Es una necesidad. Nadie puede cuidar bien si está completamente agotado. Nadie puede escuchar con paciencia si está saturado. Nadie puede sostener vínculos saludables si vive al borde del desgaste.

Por eso, cuando hablamos de salud mental, también hablamos de administrar la energía emocional. Preguntarnos cosas simples pero importantes:

  • ¿Qué situaciones me están drenando más de lo que puedo dar?
  • ¿En qué vínculos siento que siempre tengo que ser el que sostiene?
  • ¿Dónde estoy diciendo que sí cuando en realidad necesito decir que no?

Porque cuidar la salud emocional no es solamente aprender a gestionar lo que sentimos. También es aprender a no cargar con todo.

El cansancio emocional muchas veces es una señal. Una señal de que llevamos demasiado tiempo empujando sin parar. De que hace falta frenar. Reordenar prioridades. Volver a escuchar lo que necesitamos.

No siempre podemos cambiar todas las circunstancias de nuestra vida. Pero sí podemos empezar a preguntarnos algo fundamental: ¿Cómo quiero seguir habitando lo que me pasa sin destruirme en el intento?

Porque vivir implica gestionar conflictos. Eso es inevitable. Lo que no debería ser inevitable es vivir agotados emocionalmente todo el tiempo.

A veces, el primer paso para empezar a recuperar energía no es hacer más cosas. Es soltar algunas.

Y recordar algo que solemos olvidar demasiado seguido: no estamos hechos para sostener el mundo entero sobre los hombros.

Cuando sentimos que no podemos parar, entonces respiramos y nos escuchamos.

Las herramientas son:

  1. A veces se trata de aprender a poner límites donde antes solo poníamos paciencia.
  2. A veces se trata de que no podemos resolver todos los problemas de los demás.
  3. A veces se trata de permitirnos decir “hasta acá”.
  4. Aceptar que hay cosas que no dependen de nosotros.
  5. Aceptar que hay conflictos que no vamos a resolver solos.
  6. Aceptar que hay momentos en los que necesitamos ayuda.

Aceptar, entender, escuchar, respirar y parar. Suena difícil, difícil pero no imposible. Ocuparte de vos en tu pleno ejercicio del amor propio. Ni más ni menos.

***

➪¿Tenés alguna duda sobre salud y bienestar que te gustaría que abordemos en notas de la sección? Escribinos tu consulta a [email protected]

Redacción

Fuente: Leer artículo original

Desde Vive multimedio digital de comunicación y webs de ciudades claves de Argentina y el mundo; difundimos y potenciamos autores y otros medios indistintos de comunicación. Asimismo generamos nuestras propias creaciones e investigaciones periodísticas para el servicio de los lectores.

Sugerimos leer la fuente y ampliar con el link de arriba para acceder al origen de la nota.

 

Desorientada, una mujer ingresó a la Panamericana y manejó 6 kilómetros a contramano

Una mujer manejó cerca de 6 kilómetros a contramano por la Panamericana a la altura de Campana. Fue interceptada...

Registran en Argentina el primer caso de la cepa más agresiva y contagiosa de la «viruela del mono»

El Ministerio de Salud de la Nación informó que se detectó el primer caso de viruela del mono (Mpox)...

Sorpresa en el arranque de clases de las facultades por el paro universitario: «Los perjudicados somos los alumnos»

Las universidades nacionales suman un nuevo capítulo a la lista de enfrentamientos con el Gobierno. En reclamo por la...
- Advertisement -spot_img

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí