La política argentina no deja de sorprender, y la reciente sesión en la Cámara de Diputados por la reforma laboral dejó una imagen difícil de digerir para muchos sectores del peronismo. Entre los votos que permitieron al oficialismo avanzar con el proyecto, destacó el del salteño Pablo Outes (Innovación Federal), quien a pesar de su pertenencia partidaria, decidió acompañar la iniciativa del gobierno de Javier Milei.
La justificación del «mal menor»
En una entrevista que despertó fuertes críticas, Outes intentó hacer equilibrio entre su identidad política y su voto. «Al final de mi discurso yo lo aclaré: no soy liberal», se excusó el legislador, quien responde al gobernador Gustavo Sáenz. Sin embargo, su argumento principal se centró en la realidad económica de su provincia, Salta, marcando una brecha con la estructura empresarial de Buenos Aires.
Según Outes, el marco legal vigente no se ajusta a la realidad de las provincias del norte, donde predominan las microempresas y la informalidad laboral alcanza el 50%. «En Salta no contamos con empresarios de patrimonios de 1.500 millones de dólares; no se pueden pagar los sueldos que pagan las empresas en Buenos Aires», afirmó, justificando la reducción de costos laborales como una herramienta para fomentar el empleo en su región.
Críticas al modelo, pero apoyo en la urna
Lo más llamativo de la postura de Outes es la contradicción discursiva. Durante la misma sesión, el diputado no ahorró críticas hacia la gestión de Milei, asegurando que el modelo actual «nos está llevando a la pobreza» y que el Presidente llegó al poder «producto de nuestros errores» (en referencia al peronismo).
Pese a este diagnóstico sombrío, Outes decidió votar a favor, argumentando que la ley no afecta derechos de manera retroactiva y que es necesaria para «corregir la legislación». Esta postura lo coloca en el grupo de legisladores que, enviados por gobernadores como Raúl Jalil (Catamarca) y Osvaldo Jaldo (Tucumán), se han convertido en el «oxígeno» inesperado que necesita el oficialismo para aprobar sus leyes clave.
¿Pragmatismo o traición?
Para los sectores más duros de la oposición, el movimiento de Outes y otros diputados peronistas del interior es visto como una «traición» a las bases del movimiento obrero. Sin embargo, desde el entorno de los gobernadores «dialoguistas» se habla de pragmatismo: la necesidad de negociar recursos y obras para sus provincias en un contexto de asfixia financiera por parte del Gobierno Nacional.
La reforma laboral, que ahora se encamina al Senado, sigue generando grietas no solo entre oficialismo y oposición, sino dentro del mismo bloque peronista, que ve cómo sus fronteras ideológicas se vuelven cada vez más difusas ante la presión de la caja y las necesidades regionales.
Mientras en la Ciudad de Buenos Aires la CGT y los movimientos sociales preparan presentaciones judiciales contra la ley por considerarla anticonstitucional, en el Congreso el debate se gana voto a voto, muchas veces con apoyos que parecen desafiar la lógica partidaria tradicional.




