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sábado, agosto 30, 2025

Obras perdidas y falsificaciones: el costado oculto de Maruja Mallo en Buenos Aires

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“No hay series desconocidas y, por supuesto, la teoría de que Maruja Mallo pintó “cuadros A” (los buenos y auténticos) y “cuadros B” (los que hacía para vivir), teoría que he escuchado hasta en Buenos Aires, no tiene ningún fundamento. Conociendo la autoexigencia de Maruja hacia su obra, de compleja y lenta elaboración tanto intelectual como material, es impensable que hubiera realizado cuadros de segunda”. La frase, enunciada con convicción, es del español Guillermo de Osma, dueño de la galería de igual nombre, escritor e historiador del arte, autor, entre otros, de Maruja Mallo en Argentina: más luces que sombras y de su Catálogo Razonado, quien ha dedicado buena parte de su tiempo a exhibir e investigar la obra de la artista.

La artista española Maruja Mallo (Viveiro, Galicia, 1902 – Madrid, 1995) vivió 25 años de su vida en América Latina, la mayoría de ellos en Buenos Aires, en el quinto piso del edificio de la avenida Santa Fe número 2861, donde ninguno de sus habitantes la recuerda.

Hoy, cuando en España se exhibe Maruja Mallo: máscara y compás. Pinturas y dibujos de 1924 a 1982, curada por Patricia Molins, la retrospectiva más completa de la artista, coproducida por el Centro Botín de Santander y el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, muchas de las miradas regresan a la Argentina.

Dudas sobre el catálogo

Mientras la muestra española exhibe una de las “Verbenas” existente en una colección argentina, que no se veía en España hace muchos años, y otras obras hechas aquí y prestadas por museos argentinos –el Quinquela Martín las tiene por una donación y el Rosa Galisteo, de Santa Fe, comprada a la propia artista por uno de sus directores–, todas con su debida procedencia, coleccionistas y galeristas que piden no ser nombrados dicen tener obra de Mallo, lanzan teorías y muestran trazabilidades del origen que, hasta un punto, hacen dudar de lo que dice el Catálogo Razonado hecho por Guillermo de Osma junto a Juan Pérez de Ayala y Antonio Gómez, sobrino de Maruja Mallo, catálogo que se puede consultar.

¿Puede ser cierto esto de que hay obras existentes que no están en su Catálogo Razonado, el más serio y completo que existe? Es una pregunta muchas veces repetida. Laxeiro, otro pintor gallego que compartió con ella sus días porteños, aseguró que había pintado más de 300 o 500 cuadros y que trabajaba de forma incansable, tratando de buscar a quién vender sus obras.

Con Neruda, en Isla Negra, 1945 / Galería Guillermo de Osma.Con Neruda, en Isla Negra, 1945 / Galería Guillermo de Osma.

Sabido es que un Catálogo Razonado puede incluir nuevas obras si estas aparecen. En el caso de Maruja Mallo, la artista dejó documentado su trabajo prolijamente como parte de lo que la escritora argentino-gallega María Rosa Lojo denomina: la fuerte conciencia teórica de su oficio.

Uno de estos coleccionistas, poseedor de una obra en óleo, me dice literalmente: “Fui a ver a Guillermo de Osma y me sacó corriendo”. Dice otra palabra por “corriendo” y afirma estar dispuesto a encargar estudios específicos que demuestren la autoría, aunque no sabe si, con los resultados positivos, la aceptarán como original.

Maruja Mallo es una artista muy falsificada y la mirada vuelve una y otra vez a la Argentina, donde dos galerías vendieron en 2020 todas las obras exhibidas en la muestra en Galicia, Creaciones mágicas de medidas exactas. Maruja Mallo y Luis Seoane en Buenos Aires (1936-1965): quince óleos y dos dibujos suyos, que resultaron falsos.

Aunque se dice que su obra pasó por el modernismo, el surrealismo y el constructivismo, entre otros movimientos, ella solía decir que solo era “marúnica”: tenía su propio estilo. Y esa misma capacidad de transitar la llevó a lo que hoy constituye uno de los grandes aciertos de la muestra curada por la española Patricia Molins y que sortea, con éxito, las demasiadas referencias a su vida –llena de anécdotas deliciosas y transgresoras– que durante muchos años se antepusieron a la mirada sobre su obra.

Una vida tumultuosa

Desde sus amores con los poetas Rafael Alberti y Miguel Hernández, a los que inspiró en poemas y ayudó en sus trabajos, hasta la muerte de un amigo con el que viajaba y que, al sufrir un accidente y al creerla muerta, se suicidó; o de su pasión por un famoso empresario argentino que, ante su muerte, le pide en una hermosa carta –que se puede leer con acceso libre en internet– a Gabriela Mistral que escriba sobre él, ya que ella no puede; su amistad con Dalí, quien la presenta y la apoya en su primera exposición; la compra de uno de sus cuadros por Breton, el padre del surrealismo; su paseo en bicicleta dentro de una iglesia; el uso de su icónico tapado, debajo del cual algunos dicen que iba desnuda.

El mural desaparecido del cine Los Angeles en Buenos Aires. Foto: gentileza Claribel Terré Morell.El mural desaparecido del cine Los Angeles en Buenos Aires. Foto: gentileza Claribel Terré Morell.

“Maruja Mallo era queer porque se fue disfrazando para contarse. Era Andy Warhol porque se presentaba con personalidades diferentes y creó la biografía que le interesó que conociéramos de ella”, dijo Estrella de Diego, catedrática de la Universidad Complutense y académica de número de la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid.

En 1938, con la guerra azotando España, Maruja Mallo llega a la Argentina. La ayuda la poeta Gabriela Mistral, que está en labores diplomáticas en Portugal. “Allá les llega Maruja Mallo […] Yo sé que le confortará el alma acongojada bajo su sonrisa que ella lleva. Qué bueno que su Argentina sea lo bastante grande para sí misma y para los que la necesitan en estos trances”, le escribe a Victoria Ocampo, quien será su primera mecenas. Otro importante fue el argentino Constancio Vigil, a quien ella llama su milagro.

“Quienes la reciben –cuenta la escritora María Rosa Lojo, hija de un español exiliado– son los que simpatizaban con la izquierda en particular. Los más notables: el matrimonio conformado por Raúl González Tuñón y Amparo Mom. También anarquistas como Salvadora Medina Onrubia, que estaba casada con Natalio Botana, director del diario Crítica, y que la celebran especialmente como representante de la España mártir y abanderada de la vanguardia desde ya. El vínculo con Victoria Ocampo fue fundamental, si bien las diferencias de carácter y de posicionamiento político terminarían por prevalecer sobre las afinidades artísticas que tenía con la directora de Sur. La colectividad gallega la recibe y la acompaña.

Arquitectura Humana, 1937. / Galería Guillermo de Osma.Arquitectura Humana, 1937. / Galería Guillermo de Osma.

Un cuaderno, dentro de su legado, da cuenta de esos días en los que menciona su etapa americana. Buenos Aires; Montevideo y Punta del Este; Santiago de Chile, Valparaíso y Viña del Mar; Río de Janeiro; Nueva York son sus horizontes. Amigos nuevos y otros con los que se reencuentra y visita como el pintor uruguayo Joaquín Torres-García, el escritor chileno Pablo Neruda y los españoles Ramón Gómez de la Serna y Luis Seoane, entre otros.

En esos 25 años pinta algunas de sus obras más importantes: recién llegada trabaja la serie de La religión del trabajo, una de sus obras más ambiciosas; vuelve a la cerámica, realiza los famosos murales del cine Los Ángeles, la escenografía teatral para una obra del mexicano Alfonso Reyes –quien fuera uno de sus buenos amigos–.

Da charlas, colabora con revistas, entre ellas con Sur, y escribe largas cartas que la muestran como una mujer ordenada, culta, preocupada por los amigos, seguidora del mercado del arte. Cuenta sobre exposiciones, bienales, precios de obras en el mercado del arte de amigos y desconocidos; entre ellos menciona varias veces a Figari. No exenta de un humor corrosivo y cierta maldad, califica en una carta a Cesáreo Bernaldo de Quirós de gánster.

Listas de puño y letra

En la Argentina, coleccionistas compran sus obras. Sus nombres aparecen en listas hechas por Maruja, de puño y letra. Samuel Mallah, un joyero israelí afincado en la Argentina, le compra muchas. Otros son Claude y Salvador Benadon, Norberto y Nicha Blumenzweig, Tota Atucha, condesa de Cuevas de Vera, Alfredo Mantovani, Helen y Alfonso Sayons, Tuco Paz y Antonio Bonet.

Algunas de esas obras están en paradero desconocido. Como están identificadas, siempre se puede esperar que aparezcan.

Es su hermoso trabajo en el espacio público porteño el que corrió una suerte terrible. Su mural hecho en el cine Los Ángeles de Buenos Aires en 1945, que se podía ver desde el exterior, fue tapado en 1970 durante la remodelación del edificio.

Cabeza de mujer, una de las obras de Maruja Mallo, propiedad del museo argentino Rosa Galisteo. Foto: gentileza Claribel Terré Morell.Cabeza de mujer, una de las obras de Maruja Mallo, propiedad del museo argentino Rosa Galisteo. Foto: gentileza Claribel Terré Morell.

Estoy ahí. Trato de saber por qué lo hicieron. No encuentro respuestas definitivas. Un trabajador actual del espacio me responde: “Quizás no sabían quién era ella”. Hace un silencio y me pregunta: “¿Era importante?”

Sigo un recorrido pensado en función de su historia en la Argentina. Me propongo eliminar o aceptar algunos mitos que por estos días han vuelto a aparecer. Paso a ver a un antiguo trabajador del Hotel Alvear. Un amigo escribe una novela y me ha hablado de él. ¿Es cierto que Maruja Mallo, la pintora española, vendía sus obras en el lobby del hotel? Por ese tiempo un jovencito X –no quiere que diga su nombre– solía hablar con ella. Ambos habían nacido en el mismo pueblo gallego: Viveiro. Responde que no sabe si vendía o no, pero sí la vio muchas veces en el hotel dibujando en papeles. “Era fea, pero tenía encanto y trataba a todos bien” –dice.

Encuentro en la página de la librería El Enamorado, de libros antiguos y de colección, Lo popular en la plástica española a través de mi obra, editado por Losada en 1939. Pido precio. La destacada periodista argentina Laura Feinsilber me ha regalado el catálogo Maruja Mallo, hecho para la exposición del Museo Nacional de Bellas Artes en Buenos Aires en 1994, y una cantidad numerosa de recortes de prensa que la siguen por Latinoamérica.

Recuerdo lo que ha dicho de ella Manuel Segade, el actual director del Reina Sofía: “No se trata de una artista rara de época, sino que es artífice de la mayor aportación del imaginario cultural de la Generación del 27”.

Una de las obras falsas de Maruja Mallo  vendida por galerias argentinas y  exhibidas en Galicia. Foto: gentileza Claribel Terré Morell.Una de las obras falsas de Maruja Mallo vendida por galerias argentinas y exhibidas en Galicia. Foto: gentileza Claribel Terré Morell.

Activa, deportiva y desclasada

En un hotel de la calle Arenales me encuentro con Patricia Molins, la curadora de la muestra española que estará hasta 2026, entre Santander y Madrid. La exposición, que acoge unas 150 piezas, profundiza en los diferentes momentos creativos de Mallo: pintura, dibujo, notas, documentación.

Ella, que está de visita en la Argentina, tiene un currículo admirable y está también a cargo del Departamento de Exposiciones Temporales del Museo Reina Sofía.

“Mi viaje ha sido muy corto y el catálogo razonado es solo de óleos. Para otro tipo de obras habría que hacer estudios técnicos o buscar documentación sobre ellas”, me dice cuando le cuento sobre las supuestas obras de Mallo que dicen estar en la Argentina.

Sobre la exposición señala: “Como Maruja Mallo trabaja por series, presentar sus obras con ese criterio fue la primera decisión. Pero también pensé cómo subrayar, por una parte, las obras que han desaparecido o no pudo llegar a hacer y que fueron muy importantes en su trabajo, como los murales del cine Los Ángeles en Buenos Aires, los diseños para cerámicas o las escenografías teatrales. Por eso incluimos en la muestra reproducciones de cerámicas y de una escenografía, y toda la documentación existente sobre el cine.

“También destacamos la construcción de la imagen de la artista y de la mujer moderna a través de fotografías, porque es un asiento importante para ella y al que da una respuesta con la que crea un imaginario muy singular. No presento la imagen habitual de la mujer moderna como mujer urbana y burguesa, sino como mujer activa, deportiva y desclasada. Por último, otra faceta muy poco estudiada de Mallo es su interés por lo esotérico. Ese aspecto, difícil de mostrar en la exposición, lo estudia Alejandra Zanetta en el catálogo.

Para localizar las obras partimos del catálogo razonado de óleos. Los dibujos los buscamos a partir de catálogos previos y, por supuesto, hablamos con los familiares, los galeristas que han llevado su obra, las casas de subastas, que fueron de gran ayuda, por ejemplo, para localizar una «Verbena» existente en una colección argentina que no se veía en España hace muchos años. Y, por último, estudiamos también los archivos de artista adquiridos recientemente por el Museo Reina Sofía, con muchos datos sobre sus obras y proceso de producción”.

Mallo en su estudio de Buenos Airess, 1937. / Galería Guillermo de OsmaMallo en su estudio de Buenos Airess, 1937. / Galería Guillermo de Osma

En el primer volumen de las memorias de Rafael Alberti, La arboleda perdida, publicado en Buenos Aires en 1959, no hace una sola alusión a la artista que había sido tan importante en su vida y con la que rompe en los años 30. Ese olvido consciente lo subsana en otro libro, De las hojas que faltan, de donde tomo este párrafo, válido para toda la vida de Maruja Mallo, recuperada en su justa valía: “Sucede que, si con una nube de olvido se tapa la memoria, ella no es la culpable de lo que no recuerda; mas si el olvido es deliberado, si se expulsa de ella lo que no se quiere por cobardía o conveniencia… ¡Oh!”.

“Me siento más completa desde que he vivido en América” –dijo Maruja Mallo–. En Buenos Aires, dos espectáculos teatrales hoy la tienen como protagonista. El mito sigue vivo.

Redacción

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