Marejada aplastante. «Mini-tsunami». Meteotsunami. Tres de los diversos nombres con los que se trató de identificar a la inesperada serie de olas potentes que arrasaron por la orilla de la costa, después de que, en total calma pero de forma repentina, el mar se retiró unos 15 metros antes de mostrar la violencia de su regreso.
Sea como fuere, el caos en las playas se vivió desde Mar Del Plata hasta Mar Chiquita, donde murió un hombre que fue arrastrado por el agua y golpeó contra unas piedras. Además del shock generalizado, hubo 35 heridos.
El evento, atípico en daño pero que ya había ocurrido en la zona, técnicamente se llama virazón. ¿Hay manera de preverlo estando en la arena? ¿Hay chance de reaccionar a tiempo y escapar a la orilla?
Los guardavidas tienen los ojos siempre puestos en el mar, lo que los hace avezados «detectores de olas bravas», como le dice a Clarín Martín del Gaiso, que hace 32 años que mira los humores de las aguas de San Bernardo y es docente de salvamento y socorrismo.
«Nunca vi una cosa así como la que pasó en Santa Clara del Mar. Pero si vos observás un indicio que te marca el mar (como en este caso fue la bajamar), es un alerta. A veces la naturaleza te avisa», explica, mientras pone la bandera en la arena.
¿Podría anticiparse algo desde la casilla que mira al horizonte? Cuando golpeó el tsunami en Tailandia, en 2004, cuenta, «en broma todos los guardavidas nos preguntamos qué se puede hacer si nos pasa acá, si el mar se retrae tantos metros. Yo alertaría por handy para empezar a sacar a la gente del agua mientras les avisaría a todos que abandonen la orilla».
También recuerda una tragedia cercana, que generó nuevas alertas entre los guardianes del verano.
Cuando cayó el rayo en el medio de las carpas en Villa Gesell, en 2014, que dejó cuatro muertos, empezó la desesperación entre quienes se encargan de las reglas, y ahí se instó a colocar una nueva bandera, que es negra y con un rayo. «Siempre estamos actuando después de que ocurre… cuando esto en Chile pasa constantemente. Deberíamos adelantarnos a las decisiones, tener un aviso para que no vuelva a suceder«, apunta Del Gaiso.
Por los videos que vio de la repentina marejada, el guardavidas marca como una «boca de lobo» a la zona de la escollera: «Si no hubiese sido ahí, la ola estaría más disipada, tendría más espacio para pasar. Acá ingresó a un espacio más reducido, y cuando tiene que regresar, volvió como lo que nosotros llamamos ‘una corriente de retorno’. Toda la gente fue succionada por el agua, y es donde se produjeron los 35 rescates».
Del Gasio adjetiva como «un milagro» que no haya habido más víctimas fatales. «Imagino que deben haber actuado de la mejor manera los rescatistas, y que hubo veraneantes que se la jugaron, que tuvieron que ayudar a salvar a alguien».
¿Cuál es la recomendación para quienes están en el agua? Además de prestarle atención a una repentina retirada del mar, hay algo clave: obedecer al silbato del guardavidas.
«Hay que hacerles caso a los guardavidas, que son quienes estamos preparados y pasamos todo el día en el mar y sabemos cuáles son las crecidas y las bajantes. Si el guardavidas ve una situación de este tipo, que se retira el mar, y te avisa, tenés que salir. Nos pasa hoy en día que muchos desoyen nuestras advertencias. Hay una desensibilización del miedo al mar».
AS

