“Algo curioso que tenemos los argentinos, ¿no? Tendemos a lavar un poco a ciertos personajes cuando se hacen medio famosos. Con (Ricardo) Barreda pasó lo mismo… Y a mí eso nunca me gustó: lo que está mal, está mal, seas o no famoso”, arranca, a su estilo -sincero cien por ciento-, Pablo Rago (53 años, del 24 de septiembre de 1972), cuando le mencionamos a la correntina María Bernardina de las Mercedes Bolla Aponte de Murano, inspiradora absoluta de Yiya, la ficción de cinco capítulos que acaba de estrenar en Flow.
–¿Lo dice por aquella incursión de «La envenenadora de Monserrat» en el programa de Mirtha Legrand?
–Cuando el director (Mariano Hueter) me llamó, lo primero que recordé fue que yo conocía al hijo, Martín (Murano). Trabajaba en Telefe, en el área de efectos especiales. A él le gustaba contar su historia poniéndose un poco en el lugar de víctima. Ni hablar ya de que cuando conocimos en vivo a Yiya luego de que estuviera presa y apareciera justamente en la icónica entrevista de Mirtha. ¡Ahí aparecieron hasta fanáticos de ese personaje!… Por eso me detengo en esa curiosidad. Repito, para mí lo que está mal, está mal, seas o no famoso.

–Gran motivo, tamaña cantidad de ingredientes policiales, para llevarla a una serie. Era más que tentador, ¿cierto?
–Tal cual. Y viene a cumplir algo que -tengo entendido- ya se intentó hacer varias veces en formato de película y de serie porque, claro, es un personaje muy ficcionable. Como pasó con El robo del siglo: ¡alguien lo tiene que hacer!
–¿Y cómo decidió “hacerla” usted, con la anuencia del director?
–La decisión que tomamos fue que mi personaje fuera descubriendo a Yiya a medida que Cristina (Banegas, la encarna en su última etapa de vida) contaba su historia, dejándome llevar por cómo se desarrollaba el guion.
“NO SÉ POR QUÉ, PERO ALGÚN DÍA LO DESCUBRIRÉ: EN TODO LO QUE ESCRIBÍA DE FICCIÓN HABÍA UNA LAURA…”

Con una carrera ininterrumpida que se extiende desde los seis años, Pablo Adrián Ragonese (tal su nombre real) atesora un “currículum de novela” que incluye el récord de haber participado en las únicas dos películas argentinas ganadoras del Oscar (La historia oficial -1985- y El secreto de sus ojos -2009-). También en éxitos juveniles como Clave de sol y Amigos son los amigos. Lo cierto es que -luego de participar en 39 películas, otros tantos ciclos de tevé y catorce obras de teatro, además de haber obtenido los Premios ACE, Clarín, VOS y Carlos- acaba de llegar a un papel clave dentro del true crime más esperado de la temporada.
–En tanto tiempo delante de cámaras, ¿alguna vez se le ocurrió, en lugar de actuar una historia, escribirla?
–Allá por 2002, cuando grabábamos Kachorra con Natalia Oreiro, compartíamos el ciclo con Pato Menahem. Él es amigo de Diego, un autor de cine, con quien por esos tiempos encaré un curso de guion que duró como un año. Me gustó, e incluso escribí una peli que nunca afiné, digamos.
–¿Quedó en un cajón?
–Sí, la tengo en alguna parte, sí, sí, sí.

–¿Y de qué trata la película de Pablo Rago que nunca vio la luz?
–No tenía nombre. Fue muy curioso porque durante toda mi infancia y adolescencia estuve muy enojado con la guerra de Malvinas. Cuando sucedió, yo andaba por los diez años. Tengo un tío que me duplicaba en edad y no fue porque mi abuela era viuda y debía quedarse con ella. Lo recuerdo sufriendo mucho porque sus amigos habían viajado al sur. Así que el tema me resultaba incómodo.
–¿Sí?
–Tal cual. Cuando repasé de qué se trataba lo que había escrito, me di cuenta de que en la historia de amor que había imaginado ¡el protagonista de mi película era un piloto ex combatiente de Malvinas! Pronto comprendí que tenía negado el tema, necesitaba sacarlo y, sin darme cuenta, lo había hecho desde ese lugar.
–¿Qué más se acuerda de aquella época de escritor?
–Que en el taller también escribí algunos cuentitos. Lo que sí… No sé por qué, pero algún día lo descubriré: en todo lo que escribía había una Laura. Incluso quien vivía la historia de amor con aquel ex combatiente se llamaba así.
“EL OTRO DÍA QUISE APUNTAR ALGO A MANO… Y NO ME SALÍA LA LETRA. CLARO: TANTO ESCRIBIR EN CELULAR, EN COMPUTADORA…”

“Lo de Juli es espectacular, espectacular; sólo hay que verla en el papel. Habíamos trabajado en Enséñame a vivir (2009, por Canal 13)”, lanza apenas le nombramos a las colegas que encarnan a las Yiya: Zylberberg y Cristina Banegas. Para continuar sin pausa: “Y respecto a Cristina… lo que tiene de hermoso este trabajo es que me sigue dando sorpresas. Nunca me había cruzado con ella, por lo cual, obvio, tampoco habíamos trabajado juntos. Fue muy intenso. Pasamos dos semanas completas, los dos solos, mano a mano. Un curso intenso con la cámara encendida pero también afuera del set, en el tiempo muerto entre escena y escena, los almuerzos y demás. Fue muy lindo, muy lindo”, redondea Pablo Rago, feliz de haberse subido a este true crime de cinco episodios, «de trama tan compleja como fascinante” y “rodeado por un elenco con tantas figuras”.
–¿Le gusta ver series?
–Tengo mis momentos. Vengo recorriendo por segunda vez Yellowstone, que me encantó, y sus precuelas, 1883 y 1923. Ahora, observando mejor cada detalle. Y sí, me gustan los policiales… Yiya lo es, con tintes grotescos en un punto: el personaje lo permite. Y está bueno porque, en cierta manera, es de época, aunque se trate de tiempos medianamente cercanos: casi de los 90 hasta el 2014, en que ella murió. Al margen de que los autos que había ya no son los de ahora, habla de los tiempos de Carlos Menem -quien la indultó- y de una etapa política y social muy controversial, para decirlo con una palabra liviana.


–¿Era buen lector antes de que probara con la escritura? Porque son costumbres que suelen ir de la mano.
–Tal cual. Me encanta leer. Pero en los últimos tiempos esa práctica se me ha ido yendo. Es muy raro. Y eso que a mis últimas vacaciones me llevé para releer por enésima vez Cuentos sin plumas, de Woody Allen, a ver si me volvía la costumbre. ¡Pero la estamos perdiendo! El otro día quise escribir algo a mano… y no me salía la letra. Claro, tanto hacerlo en celular, en computadora.
–Habrá que buscar aquel guion que cajoneó, a ver si le da ganas de retomar el ritmo…
–¿Por qué no?
-¿Quién le dice que termine convirtiéndolo en su primera película como escritor…
-Hmmmm. ¿Por qué no? ¡Ojalá! Me diste una linda idea… Tengo que desempolvarlo. Algún día lo haré.
Fotos y video: Gentileza Prensa de Flow
Agradecemos a Greta Toukatli

