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Para entender a Hannah Arendt: una biografía intelectual de la pensadora

Hannah Arendt. Una biografía intelectual (Anagrama) de Thomas Meyer, es una biografía que se centra en dos fases de la vida de Arendt: los años en París posteriores a su huida de Alemania y el tiempo que pasó en los Estados Unidos hasta la publicación en inglés de Los orígenes del totalitarismo en 1951.

Thomas Meyer, biógrafo de Hannah Arendt. Crédito: Andreas Hornoff.Thomas Meyer, biógrafo de Hannah Arendt. Crédito: Andreas Hornoff.

El libro, además, incorpora material de archivo hasta ahora desconocido, de igual modo que otros documentos ignorados por los investigadores. Resulta como mínimo curioso que el evidente interés por el pensamiento arendtiano contraste al mismo tiempo con la escasez de estudios biográficos.

Según Meyer “Hannah Arendt era una judía de Königsberg”, célebre ciudad prusiana cuyo nativo más ilustre será Immanuel Kant. No es el azar lo que conduce en más de una dirección común a ambos pensadores, de algún modo se podría afirmar, luego de leer las más de quinientas páginas del texto de Meyer, que la radicalidad ilustrada kantiana se encontraba en el temple de Arendt desde su origen con la diferencia de que en el caso de la pensadora anidaba una mayor cualidad tormentosa.

Los primeros años nos pintan una “Johanna Arendt” que dejan al descubierto el carácter “testarudo” de la pequeña Hannah que ya resultaba notorio, además de su brillantez y sensibilidad. Sorprende el dato que nos provee Meyer que el primer intelectual que dejó una huella en la formación de Arendt haya sido el pensador católico Romano Guardini.

Un filósofo extremo

En Marburgo, Arendt se sitúa bajo la protección académica del joven profesor Heidegger que era percibido como un intérprete radical de la tradición y un crítico del presente. Heidegger era un filósofo extremo y excesivo por su propia ambición filosófica: desocultar la verdad del Ser olvidado por siglos de metafísica.

Según relata Meyer, Arendt se enamoró de Heidegger en el transcurso de sus clases y mantuvieron una aventura amorosa desde principios de febrero de 1925. El otro gran maestro intelectual de Arendt será Karl Jaspers en Heidelberg, director de su tesis de doctorado sobre el concepto de amor en San Agustín.

Los años parisinos de la pensadora son descritos por Meyer como “años de libertad”. Allí vivía la filósofa junto a su marido Günther Stern financiados por las clases de filosofía que éste impartía en un colegio privado de señoritas. París también fue la conciencia del judaísmo para Arendt.

Dice Meyer: “Así comenzó Arendt su análisis del antisemitismo, que también debería ser un análisis de la historia judía, porque estaba convencida de que no se podía tener lo uno sin lo otro”. Sin embargo, la posición de Arendt con respecto al judaísmo será por lo menos controversial en el sentido que tanto la asimilación como el sionismo nacionalista nunca fueron a sus ojos soluciones plenamente convincentes.

Ya en New York la ensayista continuará su estudio del antisemitismo en sus textos escritos en inglés analizando particularmente la naturaleza peculiar de cada tradición antisemita. La filósofa sostenía que lo que Hitler verdaderamente quería imponer era un “despotismo asiático”, expresión que enlazará el nacionalsocialismo con la Rusia zarista bajo la categorización de Marx y Engels.

En su exilio estadounidense Arendt profundiza la vocación política de su pensamiento, algo que generará una mayor distancia de sus maestros Heidegger y Jaspers, en la medida en que ambos habían situado a la filosofía “pura” como el principio del cual derivaba toda otra disciplina. Como dice Meyer: “Para Arendt, con su politización, la filosofía se había convertido en parte de un todo, tan importante como cuestionable”.

Hannah Arendt. Cortesía de Middletown, Connecticut, Wesleyan University Library, Special Collections & Archives.Hannah Arendt. Cortesía de Middletown, Connecticut, Wesleyan University Library, Special Collections & Archives.

La postura de la filósofa respecto de la creación del Estado de Israel, según es documentada, no fue de rechazo a su fundación como afirman, a menudo malintencionadamente o desde la ignorancia, sus partidarios o enemigos, sino más bien sostenía lo problemático de la fundación del Estado bajo las condiciones de dependencia y la tutela de una potencia garante como lo era Estados Unidos, y de cuyo interés estaría determinado todo su desarrollo futuro.

El modelo ideal, según la información de Meyer, que tenía Arendt para la comunidad judía no será el nacionalismo sionista sino una confederación de pueblos mediterráneos que albergaría a judíos y árabes. Estos postulados polémicos no estarán exentos de cruces al interior de la propia intelectualidad judía y sionista, particularmente con Blumenfeld y Scholem, con quienes tendrá fuertes cruces y posteriores reconciliaciones.

Con la publicación de Los orígenes del totalitarismo y su versión en alemán en 1955 Arendt nos ofrece la convergencia conceptual del nacionalismo y el comunismo como punto culminante y su derrotero a través de sus intervenciones la lleva gradualmente a convertirse en una verdadera intelectual pública.

Meyer nos muestra este rasgo de profesional de los medios, su faceta de activa colaboradora en periódicos y revistas de cultura de alta circulación tanto en New York como en Alemania. Dice Meyer: “Como cualquier otra persona, Arendt necesitaba dinero. Era algo obvio y banal, por lo que no se hablaba de ello”.

La Arendt periodista cultural, lectora de editoriales y reseñista en medios no hace más que engrandecer el perfil de una pensadora de fuste que al mismo tiempo necesitaba trabajar para vivir. Sus libros nunca fueron bestsellers, sin embargo, la figura pública de Arendt despertaba interés. A los medios les gustaba entrevistarla porque sus respuestas eran precisas y se podían citar.

Los últimos textos de Arendt vuelven al vínculo con su origen heideggeriano a su modo: tanto La condición humana (1958) como La vida del espíritu (1977) son discusiones con su maestro y amor juvenil, con su retórica y su ontología. La correspondencia, rota luego de 1933, se restablece y el reencuentro se produce en 1950.

Es destacable que Arendt no haya tomado nota de las corrientes filosóficas que el propio Heidegger desencadenó (desde el existencialismo hasta el postestructuralismo), parecería haber en ella cierta fidelidad hacia una forma de fenomenología que prescindía del tecnicismo conceptual.

Brecha insalvable

Filosóficamente, la brecha insalvable entre Heidegger y Arendt, será la aversión al historicismo del pensador alemán. Luego de la tentación tiránica en su deriva nazi, al modo de Platón, así lo veía Arendt, el devenir de Heidegger fue hacia una gradual despolitización (contrariamente a la creciente politización de Arendt) que lo condujo a la serenidad como actitud moral, a una renuncia a toda forma de poder y a una inmersión en la vida del espíritu.

Thomas Meyer, biógrafo de Hannah Arendt. Crédito: Andreas Hornoff.Thomas Meyer, biógrafo de Hannah Arendt. Crédito: Andreas Hornoff.

De todos modos, Arendt siempre será extremadamente respetuosa con Heidegger. Dice Meyer: “Lo sorprendente es hasta qué punto Arendt estaba dispuesta a dejar de lado todo conocimiento de la persona y la obra de Heidegger y a evitar cualquier crítica, ya fuera en alusiones o entre líneas”.

El trabajo filosófico, como señala el biógrafo, siempre es radical. En este punto Arendt incorporó la radicalidad de su maestro Heidegger en un sentido distinto e incluso opuesto. Fue leal a Heidegger hasta su muerte, lo cual habla de su nobleza. De acuerdo a Meyer Hannah Arendt “no utilizó la expresión centro radical y, sin embargo, es la que describe con mayor precisión su posición en Estados Unidos”.

Arendt representaba un republicanismo kantiano radical. Sus posiciones controversiales, incómodas o irritantes en relación a las políticas del Estado de Israel o su indiferencia respecto del feminismo, no hacen sino cristalizar más este rasgo que Thomas Meyer nos entrega con nitidez y franqueza, sin evitar incluso formular sus propias críticas hacia el accionar de su biografiada.

Hannah Arendt murió el 4 de diciembre de 1975 cuando transitaba la plenitud de su reconocimiento como intelectual. Tal vez la mejor definición de su pensamiento la encontremos en este pasaje del texto: “Como kantiana, hacía tiempo que había aprendido la lección de que los demás te entienden mejor que tú mismo, lección que muchos de sus seguidores aprenderían con gran dificultad, mientras que sus enemigos irían por el buen camino gracias a la hermenéutica básica”.

Hannah Arendt. Una biografía intelectual, de Thomas Meyer (Anagrama).

Redacción

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