Patagonia indómita, no salvaje: el rol de la agricultura regenerativa

La nota del periodista Nicolás Cassese del 29 de abril en un diario nacional presenta como inevitable la retirada de la ganadería patagónica y celebra la “recuperación” de la naturaleza sobre campos abandonados. Esa lectura desconoce la ecología regional y, sobre todo, el drama humano y económico que implica: miles de productores, trabajadores, proveedores, industrias laneras y frigorífi cas que no “se fueron” por gusto, sino por el colapso productivo. Hoy hay más de 25 millones de hectáreas cerradas -una pérdida anual de producción estimada en más de 200 millones de dólares y al menos 8.000 empleos directos e indirectos- en un territorio que no puede prescindir de cada fuente de divisas y trabajo genuino. Los campos abandonados son la pesadilla de los productores que quieren seguir con la actividad.

Comparar la Patagonia con Chernóbil -celebrando la vuelta de flora y fauna- es, para quienes perdieron todo, un consuelo ofensivo. Hablamos del fracaso de miles de familias que han tenido que migrar a las ciudades. Dejan atrás los sueños (y en muchos casos los huesos) de 3 o 4 generaciones. Esto impacta sobre las industrias procesadoras y afecta a decenas de pueblos rurales cuya economía genuina depende de la ganadería.

La ilusión de una tierra salvaje

Los extranjeros que financian a fundaciones como Rewilding no viven de estos ingresos y estos empleos. Perderlos es un “daño colateral” justificado por lograr su sueño de una Patagonia sin ovejas ni gente, un gran páramo deshabitado. Es posible que tengan buenas intenciones, pero están basados en una teoría repleta de falsedades que distan mucho de tener consenso científico. Aún así, calaron hondo en organizaciones científicas como el Conicet y en las autoridades de Fauna de las provincias.

Estancia Santa Lucía, San Julián, tras 25 años sin ovinos. Sostiene una población residente de 0,33 guanacos por hectárea. Indice de Salud Ecológica = -45 (severo alejamiento del potencial del sitio)

El punto central de discrepancia tiene que ver con la protección de los guanacos en forma aislada, sin evaluar su impacto sobre los suelos, los pastizales y la economía de los productores y la región.

Veamos algunos argumentos que utilizan para justificar la protección absoluta del guanaco:

a) “Los guanacos no sobrepastorean por ser nativos”: falso. Cualquier herbívoro que paste de manera continua en un lugar termina degradando el pastizal. Hay campos que sólo tienen guanacos desde la década del 90 y lucen tan desertificados como los camposganaderos.

El INTA demostró que el Parque Nacional Monte León pastoreado por guanacos tiene el mismo nivel de degradación que los campos ganaderos vecinos. En la antigüedad esto no sucedía porque los guanacos tenían un comportamiento diferente. Se movían en respuesta a la oferta de agua y la acción de predadores (pumas y humanos). Pastoreaban un sector y tal vez no volvían al mismo lugar por meses o años. Basta con leer las crónicas de los primeros exploradores (Darwin, Moreno, Musters) para darse cuenta que los guanacos no ocupaban un territorio fijo. Si hubieran sido estáticos y territoriales, los tehuelches no hubieran sido nómades.

Estancia La Barrancosa. Santa Cruz. Unos 30 años sin ovinos. Pastoreo con guanacos residentes. Indice de Salud Ecológica = -42 (severo alejamiento del potencial del sitio)

b) “Las almohadillas en sus patas evitan la desertificación”: mitología. La degradación se debe principalmente al consumo, no al tipo de pezuña; además, las pezuñas cumplen funciones benefi ciosas en el suelo

c) Las poblaciones de guanacos se autorregulan. La teoría de la autorregulación se esgrime como argumento para sostener la protección del guanaco. Se define como la capacidad de una especie para ajustar su población a la capacidad “del sistema” esto es, a la abundancia de alimentación. Si bien tanto ovejas como guanacos reducen su tasa reproductiva cuando hay sequía, esto sucede después de producir importantes daños al pastizal del cual viven. La teoría de la autorregulación se refiere a poblaciones de herbívoros, sin considerar lo que pasa con el resto del ecosistema. Groseramente, desestima el rol de los predadores, no existen ecosistemas en la Naturaleza donde haya herbívoros sin predadores. La regulación de las poblaciones de guanaco depende principalmente de la depredación (pumas y humanos) y los inviernos rigurosos. Las poblaciones de puma son insuficientes para controlar la tasa reproductiva de los guanacos y su protección impide que los humanos cumplamos ese rol ecológico. Adicionalmente, el cambio climático redujo la frecuencia de nevadas y aumentó las temperaturas invernales. En consecuencia: las poblaciones de guanaco no están sometidas a sus mecanismos naturales de regulación.

d) El sistema tenderá al equilibrio natural. Ingenuo. El ecosistema patagónico evolucionó con la megafauna del Pleistoceno, hoy extinta y con presencia abundante de predadores, incluyendo al ser humano, desde hace 12.000 años. Sacar la ganadería y proteger a los guanacos no conduce a ninguna situación de equilibrio natural. Podemos recorrer cientos de kilómetros en rutas patagónicas donde ya no vemos ovejas, pero sin una recuperación de los pastizales. Veamos por qué:

Clausura de más de 30 años en Estancia Media Luna, Chubut. Sobredescanso: mueren pastos por falta de remoción del material viejo y oxidado.

Tres escenarios de respuesta tras el abandono de campos

Cuando se abandona un campo se observa uno de tres resultados:

  • 1) entrada masiva de guanacos residentes y pastoreo continuo (la desertifi cación continúa cambia solo el herbívoro) ;
  • 2) ingreso reducido de guanacos que sobrepastorea sectores específi cos que luego se extienden a medida que la población aumenta;
  • 3) La entrada de guanacos se demora más de una década: se acumula pasto viejo y oxidado (gris) y el sobredescanso termina matando los pastos.

Ganadería regenerativa, salida posible

La única herramienta efectiva para recrear ciclos de pastoreo y descansos controlados son los herbívoros gestionados. Ovejas, vacas y caballos pueden manejarse para generar alternancia entre pastoreo y descanso, algo que los guanacos, sin manejo humano o depredación adecuada, no permiten. Por eso sostenemos que la conservación de la Patagonia necesita ganadería, pero otra ganadería: regenerativa. Los mejores paisajes en términos de funcionamiento ecológico y biodiversidad en la Patagonia son los manejados según principios de ganadería regenerativa:

• Pastoreo planificado con moderada intensidad y baja frecuencia de pastoreo. El Estándar GRASS, desarrollado por Ovis 21 en conjunto con The Nature Conservancy, provee indicaciones precisas sobre cómo armonizar la ganadería con la conservación de la fauna. En la Provincia de Santa Cruz Ovis 21 tiene un convenio con la ONG Ambiente Sur para mejorar el manejo de poblaciones de aves que son objetos de conservación. Se puede manejar la tierra con objetivos múltiples. La separación y la confrontación son caminos sin salida.

• De la protección al aprovechamiento . El guanaco es un recurso valioso que no somos capaces de aprovechar por el efecto de la protección rígida y falta de coordinación en la cadena de valor. Un aprovechamiento sustentable exige políticas públicas-privadas que integren manejo de pastizales, técnicas de extracción, normas sanitarias y comerciales, procesos industriales y logística para procesar y comercializar volúmenes. Es un desafío técnico y político: requiere coraje para hacer lo que hace falta sin especulaciones electorales y requiere competencia técnica para poder implementarse. Con la excepción de la Provincia de Santa Cruz, que hizo algunos avances en pequeña escala, en otras provincias prevalece la protección total que, paradójicamente, está acelerando daños ambientales, económicos y sociales.

El futuro de la ganadería patagónica requiere de manera indispensable una estrategia de aprovechamiento sustentable del guanaco, pensada como un negocio de producción de fibras y alimentos de calidad.

Ejemplos internacionales como la gestión de canguros en Australia muestran que es posible combinar conservación con industria: 30.000 toneladas de carne por año y cientos de millones de dólares en valor agregado; 4000 empleos: por qué no pensar en un análogo con guanacos, adecuando normas y cadenas productivas.

Pero atención: no es lo único que necesitamos.

La ganadería ovina tradicional, con pastoreo continuo y manejo convencional no es sustentable más allá del guanaco. La prueba es que hay centenares de campos cerrados en zonas donde no hay guanacos. En todo caso, los guanacos agravan el problema y apuran el desenlace.

El desafío es pasar de una ganadería extractiva a una regenerativa.

La ganadería regenerativa permite acumular carbono en los suelos. En un contexto de cambio climático, es posible que secuestrar carbono sea más importante para el mundo que un poco más de lana o carne.

Los Programas de Carbono como POA permiten que el productor tenga un nuevo rubro de ingresos. El aumento de la producción ganadera sumado a la venta de créditos de carbono permite alcanzar la rentabilidad y estabilidad necesarias para resolver los problemas actuales.

Podemos imaginar una Patagonia que recupere su biodiversidad funcional (biología del suelo, vegetación, invertebrados, reptiles, aves y mamíferos), sanee cuencas, y produzca proteínas y fi bras de alta calidad, además de exportar servicios ambientales. No será espontáneo: requiere aprendizaje, autocrítica, coordinación pública-privada y un espíritu indómito como el de los pioneros. Ya existen productores que marcan el camino.

Nada que ver con la Patagonia salvaje y vacía que nos quieren imponer desde otros lados.

  • Agrónomo. Integrante de Ovis 21 SA es una empresa de origen patagónico dedicada a promover y certificar la ganadería regenerativa. Utiliza el Manejo Holístico buscando recuperar pastizales degradados, mitigar el cambio climático y mejorar la rentabilidad de los productores .

Redacción

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