Paula Hawkins pasó por Buenos Aires para presentar su reciente novela traducida al español, La hora azul, y charlar con los medios. Es una mujer guapa y agradable, medida en sus respuestas, muy profesional, y con un sutil sentido del humor. No solo se capta durante la entrevista, sino que sus personajes en situaciones dramáticas mantienen ese rasgo.

La hora azul es parte de una obra que ha consagrado a Hawkins como una de las autoras de novela negra más leídas de la actualidad. Ha vendido más de 29 millones de ejemplares en 50 lenguas. Claro que sin la referencia de su gran éxito, La chica del tren, su nombre quizá no sería un fenómeno. Nacida y crecida en Zimbabwe llegó a Londres en 1989. El trasplante al Reino Unido le dio un refugio en la escritura que acometió luego del periodismo.
La chica del tren la convirtió en un fenómeno mundial. La película con el protagónico a cargo de la solvente actriz Emily Blunt reavivó el interés por su libro que, como en La hora azul, vuelve a contar con mujeres solitarias, vulnerables, que extraen fuerzas de sus flaquezas (no siempre para actos justos) y procuran sobreponerse a ellas. Pero también expone la oscuridad de la naturaleza humana.
En su reciente novela hay una protagonista ausente (ya se ha muerto), la artista plástica Vanessa Chapman, alrededor de quien se desarrolla toda la trama.
En la Tate Modern descubren que un hueso de una de las famosas esculturas de la artista es humano y han decidido abrir la vitrina que contiene la pieza para analizarla. Toda la obra de Chapman ha sido legada a la Fundación Fairburn, del galerista Douglas Lennox (ya fallecido). Su hijo Sebastian, responsable de la Fundación, encarga al conservador James Becker trasladarse a la isla escocesa de Eris donde Chapman vivía, sitio al que se accede cuando la marea baja, para averiguar más sobre la escultura y el resto de la obra de la artista que aún no le fue entregada a la Fundación. En la isla –doblemente aislada por su condición y por las mareas– vive Grace, médica y amiga de Vanessa, que siempre estuvo dispuesta a todo para defenderla incluso de sus propias debilidades.
Se podría decir que la novela tiene ecos de Patricia Highsmith o de Alfred Hitchcock, pero es muy Hawkins en la construcción, aun en el sorprendente desenlace. Esta fue la charla con la autora.
–La obra de Chapman tiene una enorme coherencia. ¿Cómo investigó sobre arte contemporáneo y qué significa para usted?
–Obviamente me encanta el arte, voy a los museos, a las galerías y me fascinan las vidas de los artistas. Entonces cuando pensaba en Vanessa leí biografías y memorias de diferentes artistas, y luego simplemente comencé a juntar las piezas. Me imaginé qué tipo de mujer iría a una isla a vivir sola y dedicaría su vida a su obra. Intenté imaginar una suerte de progresión de su trabajo a lo largo de su vida, tomando de diferentes personas. Hay una pintora escocesa, Joan Eardley, que me inspiró mucho cuando describía el trabajo de Vanessa.

–¿Tomó inspiración en algunos otros artistas específicamente?
–Joan Eardley fue la principal, tuvo una carrera corta porque murió joven. Fue la más inspiradora cuando describí los paisajes y el mar.
–¿Cómo se siente con la clasificación de “domestic noir” que se le da a sus novelas?
–Pienso que ese nombre se le dio por primera vez a “La chica del tren” y le iba bastante bien esa categoría en ese momento. No pienso mucho en las categorías. Es algo más del marketing. Pero entiendo a qué se refiere porque suelo escribir sobre personales normales en entornos domésticos, en sus hogares, y esas relaciones que se dan. Creo que la mayoría de las personas piensan que el domestic noir tiene que ver con un marido malo, y yo me alejé bastante de eso. Pienso que thriller psicológico es lo que más se acerca. Estoy más interesada en la psicología de los personajes, que los actos de violencia en sí. Por eso la categoría de novela psicológica me gusta más.
–La novela es atrapante con un sabor amargo al final que no vamos a spoilear.
–Me costó el final. Pero por algún motivo sentí que era el final necesario y en esa dirección iba la novela. Admito que es una suerte de tragedia.
–¿Por qué eligió Escocia como escenario?
–Yo vivo en Londres y tengo también una casa en Escocia que amo. Estuve mucho tiempo en la costa oeste que es bella, oscura y tormentosa. Es perfecta para una novela. Se siente como el tipo de lugar donde suceden cosas terribles.
–Hay una isla en Escocia que tiene las mismas características que su ficticia Eris, que solo puede visitarse cuando baja la marea.
–Hay muchas islas que tienen esa característica. No quise usar una real porque quería crear mi propia isla y modificar cosas. Pero es muy creíble porque hay varios lugares así.

–¿Buscó ese doble aislamiento de Eris, de tan difícil acceso, para incidir en el carácter de los personajes?
– Sí, incide muchísimo. El tema de la marea era muy importante, porque todo el tiempo se siente que el reloj hace tic tac y uno tiene que estar pendiente de la marea todo el tiempo. Da una sensación de peligro inminente. Y además les da forma a los personajes. Yo pensaba que un personaje que viviera allí tenía que tener determinadas características y que los afectara el paso del tiempo. Si uno vive en un lugar así va a ser afectado por ese entorno. Te afecta el sueño, la seguridad, ya que cuando sube la marea también el personaje se siente más seguro pues nadie puede acceder a la isla. Con todos esos elementos, yo podía hacer mucho como escritora.
–¿Podría considerarse su libro como una novela coral, más allá de que hay una o dos voces dominantes, al final todas importan para llegar al desenlace?
– Sí, supongo que sí. Hay tres voces dominantes y también es cierto que tienen un peso igualitario. No puedo decir que hay una más importante que otra, porque todas lo son.
–Como escritora todas sus criaturas valen igual, pero ¿con cuál se identifica mejor?
–Hay aspectos míos en todos los personajes, hay muchas cosas que piensa, dice y siente Vanessa con las que estoy de acuerdo, pero también soy diferente. Algunas de las cosas que dice sobre arte y cómo se siente al respecto, con eso estoy de acuerdo. También hay algunas cosas que siente Grace y que yo misma he sentido alguna vez en mi vida. De forma similar me pasa con Becker. Sus actitudes a veces reflejan las mías. Pero creo que con Vanessa me siento más cercana.
–¿Qué es lo primero cuando empieza una novela: el escenario, los personajes o el crimen?
–En esta novela sin duda fue el escenario, el paisaje. No es igual en todas mis novelas. Que fuera sobre una artista fue el segundo paso.
–En La chica del tren la víctima estaba clara. En La hora azul, no tanto. ¿Quién lo sería en esta obra?
– Pienso que quizá me alejé un poco de tener héroes y villanos claros, en realidad. Entonces hay una sensación de que Vanessa es la víctima porque su obra es destruida, ella se ve engañada y decepcionada. Pero también su marido Julian lo es, aunque también es villano. Por eso prefiero escribir libros donde no esté tan claro quién es bueno y quién es malo.

–Hay una frase de Grace, la amiga incondicional y extraña de Vanessa, que dice: “La cordura requiere esfuerzo”. Lo traslado a la realidad. ¿La cordura requiere de mayores esfuerzos hoy en día?
–En inglés la frase sería que “la cordura tiene su truco. Se logra a través de una técnica”. Grace tiene que trabajar para mantenerse cuerda y para no recordar cosas que hizo. Es muy astuta esa pregunta. Es muy difícil, cuando una lee las noticias hoy, no pensar que vamos a volvernos locos. Y a veces tenemos que despegarnos de las noticias y de los teléfonos móviles para trabajar y seguir adelante, y vivir nuestras vidas. El mundo es un lugar muy difícil hoy en día.
–Toda la novela está atravesada por una relación constitutiva en la vida: la amistad. Sin embargo, en esta novela, no es una amistad tan sana.
–La relación de Grace y Vanessa es muy complicada. Lo que sucede con la amistad es que, en general, se la describe como algo muy simple, como algo bueno. Yo pienso que si una tiene una amistad que dura décadas probablemente va a ser algo mucho más complejo; obviamente no tanto como la de Grace y Vanessa. Me resultó interesante pensar en la complejidad de una amistad. Si pensamos en Sebastián y Becker, ellos se hicieron daño pero están intentando superarlo. Las amistades son así cuando una es amiga de otra persona durante muchísimo tiempo.
–El libro contiene muchas metáforas. Me pregunto si se inspiró en otras fuentes para construirlas. Por ejemplo, el cine.
–No creo que haya habido algo específico en relación con la trama. Pero sí hay referencias que se mencionan en determinados momentos. Por ejemplo, menciono “The wicker man” (“El hombre de mimbre”) en algún momento, sí hay alguna evocación de este cuento. Otras personas han hablado de “Rebecca”, porque hay como una presencia fantasmagórica de Vanessa en la novela, que sobrevuela la historia. Pero no hay nada específico en la trama que es mía.
–¿A la hora de sentarse a escribir vuelve sobre los autores que la han inspirado?
–Leo todo el tiempo. No soy de las personas que dejan de leer cuando escriben. Y obviamente leía mucha no ficción mientras escribía este libro. Como dije, biografías, memorias, libros de arte, y también los Diarios de Patricia Higsmith, porque su voz es muy particular y aunque no es una mujer muy agradable fue mi inspiración cuando estaba escribiendo esta novela. Leo siempre y depende de lo que necesito cuando escribo.
–¿Usted separa entre quien narra y quien interpreta cuando escribe una novela?
–No lo pienso como algo dividido. Lo que hago es enfocarme en los personajes y el punto de vista que estoy tratando de transmitir. A medida que escribo voy observando la forma que toma, pero no desde el principio. Eso viene cuando una está en la mitad del libro. Allí se hace manifiesto.
–¿Superó ya esa condición de ser una outsider de la literatura?
–Muchas personas que se mudaron de otro lugar a Londres no terminan de integrarse nunca. Una nunca termina de pertenecer. Sí tengo una cierta característica de outsider todavía, no me resulta incómoda y es útil para mí a la hora de escribir. Los que somos outsiders somos buenos observando lo que hacen otras personas. Eso es útil para las novelas.

–¿Cómo se lleva con el canon literario?
–No lo tomo en cuenta ni le presto atención. Hay escritores que admiro y escriben diferentes géneros, y no leo principalmente novela negra. No creo que como escritora deba dedicarle demasiado tiempo a pensar en ello.
Paula Hawkins básico
- Trabajó como periodista más de quince años antes de pasarse a la ficción. Nacida y criada en Zimbabue, se mudó a Londres en 1989, y vive allí desde entonces.
- Su primer thriller, La chica del tren, se ha convertido en uno de los mayores fenómenos editoriales de la última década y ha sido adaptado al cine por DreamWorks Pictures, con Emily Blunt como protagonista.
- Es también autora de Escrito en el agua, A fuego lento, Punto ciego y La hora azul. Con más de 29 millones de ejemplares vendidos en más de 50 países, Paula Hawkins es una de las autoras de novela negra más leídas del mundo.
La hora azul, de Paula Hawkins (Planeta)