[SÃO PAULO, SciDev.Net] Casi la mitad de los plaguicidas autorizados para su uso en los principales cultivos agrícolas de Latinoamérica están prohibidos o no tienen aprobación en la Unión Europea (UE) debido a los riesgos que representan para la salud humana y el ambiente.
La alerta forma parte de un estudio publicado en la revista Proceedings of the Royal Society B que analiza el estatus legal de cientos de ingredientes activos presentes en productos de ocho países de la región —Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, México y Uruguay— y los compara con la normativa europea, considerada una de las más estrictas del mundo.
Los ingredientes activos son sustancias químicas con actividad biológica presentes en formulaciones comerciales.
Los investigadores analizaron información disponible sobre la aprobación de plaguicidas en América Latina, a partir de documentos gubernamentales y del sector privado.
Así identificaron 523 ingredientes activos aprobados para su uso en los diez principales cultivos de la región —soja, maíz, arroz, caña de azúcar, trigo, manzana, palta, café, girasol y uva— hasta diciembre de 2020. De ese total, 256 (48,9 por ciento) estaban prohibidos o no autorizados en la UE.
Entre ellos se cuentan el acetoclor (herbicida), el bifentrín (insecticida) y el carbendazim (fungicida), muy tóxicos tanto para el ambiente como para la vida animal y humana, dijo a SciDev.Net Grecia de Groot, investigadora postdoctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de Argentina y autora principal del estudio.
“Los resultados evidencian un marco regulatorio profundamente desigual entre ambas regiones”.
Grecia de Groot, Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de Argentina
Costa Rica registró el mayor número de ingredientes activos aprobados para uso agrícola en la región pero prohibidos o no aprobados en Europa (140), seguida por México (135), Brasil (115), Argentina (106) y Chile (99).
“Los resultados evidencian un marco regulatorio profundamente desigual entre ambas regiones, considerablemente menos riguroso en los países latinoamericanos analizados”, aseguró de Groot.
Aplicando modelos estadísticos para evaluar los factores económicos que podrían influir en la aprobación de estos plaguicidas en América Latina —como el volumen de producción y el valor de exportación de cada cultivo—, el estudio muestra que los cultivos con mayor producción y valor de exportación —soja, maíz, trigo y arroz— concentraron más sustancias no permitidas en la UE.
“Esos hallazgos son alarmantes porque se trata de cultivos de enorme relevancia regional, en países cuyas economías dependen en buena medida de las exportaciones agrícolas”, añade Groot.
América Latina es la región con mayor crecimiento en el uso de plaguicidas: su consumo aumentó aproximadamente 500 por ciento entre 1990 y 2019, según un estudio de la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
Esta combinación incrementa la exposición directa de los trabajadores rurales y de las comunidades cercanas a los cultivos, y la exposición indirecta de la población general a través de residuos de plaguicidas que permanecen en alimentos, agua, aire y suelo.
Por ejemplo, en estudios con mujeres diagnosticadas con cáncer de mama en Paraná, Carolina Panis, investigadora de la Universidad Estadual del Oeste de Paraná, Brasil, que no participó en el estudio de Proceedings B, constató que la exposición ocupacional crónica a estos productos está asociada a la aparición de tumores más agresivos.
“Muchas trabajan en campos de soja y maíz como ayudantes de aplicadores de pesticidas y tienen algún tipo de contacto con estas sustancias durante la descontaminación de equipos de protección, como guantes, máscaras y gafas”, señaló a SciDev.Net.
Asimismo, un estudio de 2024 publicado en la Revista de Salud Pública detectó pesticidas en la leche materna en al menos diez países de América Latina.
“Estos compuestos pueden llegar a la leche materna porque se acumulan en el ambiente” y dentro del organismo “pueden provocar desequilibrios hormonales, infertilidad o cáncer”, afirmó Rafael Junqueira Buralli, profesor de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de São Paulo, Brasil, que no participó en el estudio publicado en Proceedings B.
“La región sigue siendo permisiva con estas sustancias, a pesar de la evidencia sobre sus impactos en la salud y el ambiente, así que los resultados del estudio en Proceedings B, aunque sólidos, no sorprenden”, lamentó Panis.
Para corregir las desigualdades regulatorias entre América Latina y Europa, en el estudio, los investigadores sugieren prohibir sin dilaciones la producción, venta y uso de todos los ingredientes activos considerados altamente peligrosos.
El objetivo es evitar que las brechas regulatorias en la región permitan que los países con leyes más débiles sufran los efectos del comercio global de estos compuestos, sostuvo Groot.
Además, el estudio subraya la necesidad de implementar una gestión de riesgos a escala local y regional, que garantice la aprobación de plaguicidas con base en protocolos actualizados de evaluación y en programas de monitoreo adaptados a los contextos específicos.
Para Panis, el reciente acuerdo de libre comercio firmado en enero de 2026 entre el Mercosur y la UE podría introducir estándares que restrinjan el uso de estas sustancias.
Este artículo fue producido por la edición de América Latina y el Caribe de SciDev.Net.


