En la Estación Espacial Internacional, el calzado no cumple la misma función que en la Tierra. La microgravedad cambia las reglas y hace que los zapatos solo sean imprescindibles en situaciones muy específicas.
La vida en microgravedad cambia hasta la forma de vestirse
En la Estación Espacial Internacional (EEI), los astronautas pasan la mayor parte del tiempo flotando. La ausencia de gravedad hace innecesario el uso de zapatos, ya que no caminan ni apoyan el peso del cuerpo sobre el suelo como ocurre en la Tierra. En ese entorno, el calzado tradicional pierde su función principal: proteger los pies al desplazarse.
Por este motivo, los tripulantes suelen estar descalzos o usar medias especiales con velcro. Estas les permiten engancharse a superficies, paredes o pisos de la estación y mantenerse estables mientras trabajan.
Comodidad, higiene y seguridad dentro de la estación
Otro factor clave es la comodidad. Los pies tienden a hincharse en el espacio debido a la redistribución de los fluidos corporales, por lo que los zapatos pueden resultar incómodos. Además, dentro de la EEI no hay suciedad ni superficies ásperas que requieran protección constante.
Desde el punto de vista de la seguridad, andar sin zapatos también reduce el riesgo de engancharse con cables, equipos o estructuras sensibles. En un ambiente cerrado y lleno de tecnología, cualquier elemento extra puede convertirse en un obstáculo.
El único momento en el que los zapatos son indispensables
El calzado se vuelve imprescindible durante las caminatas espaciales. Cuando los astronautas salen al exterior de la estación, deben usar botas especialmente diseñadas que forman parte del traje espacial. Estas botas protegen del vacío, las temperaturas extremas y los micrometeoritos, además de permitir una sujeción firme a las estructuras externas.
En estas actividades, conocidas como EVA (actividad extravehicular), el calzado es clave para garantizar la seguridad y la movilidad, ya que los astronautas deben apoyarse y anclarse correctamente mientras realizan tareas de mantenimiento o reparación.
Un detalle cotidiano que refleja cómo se vive en el espacio
La ausencia de zapatos en el día a día es uno de los tantos ejemplos de cómo la vida en el espacio obliga a replantear hábitos básicos. Lo que en la Tierra es una necesidad diaria, en órbita se convierte en algo prescindible, salvo en situaciones críticas.
Este detalle, aparentemente menor, ayuda a comprender cómo la microgravedad transforma la rutina de los astronautas y muestra hasta qué punto el entorno espacial redefine la forma de vivir y trabajar fuera del planeta.



