8 de marzo: la historia de una lucha que nació en las fábricas y cambió el mundo
Cada 8 de marzo, las calles de La Plata y del mundo se tiñen de violeta. Sin embargo, lejos de ser una jornada de festejos comerciales, el Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras es una fecha grabada a fuego en la historia del movimiento obrero. Su origen combina la tragedia de las fábricas neoyorquinas con la valentía de las mujeres que, en la Rusia zarista, iniciaron una revolución.
Los primeros gritos: Pan y Rosas
La semilla se plantó a principios del siglo XX. En 1908, unas 15.000 mujeres marcharon por Nueva York bajo el lema «Pan y Rosas»: exigían seguridad económica (pan) y una mejor calidad de vida (rosas).
Poco después, en 1911, la tragedia de la fábrica Triangle Shirtwaist conmovió al mundo. El incendio, en el que murieron 123 trabajadoras atrapadas tras puertas cerradas por sus patrones, dejó en evidencia las condiciones inhumanas y la urgente necesidad de derechos laborales básicos.
El motor definitivo: la rebelión de las trabajadoras rusas
Si bien la lucha comenzó en Occidente, fue el coraje de las obreras rusas lo que terminó de consolidar el 8 de marzo en el calendario global. En 1917, en el marco de la Primera Guerra Mundial y ante una hambruna devastadora, las mujeres de Petrogrado tomaron una decisión que cambiaría la historia.
El 23 de febrero (según el calendario juliano, que corresponde al 8 de marzo en el resto del mundo), miles de trabajadoras textiles abandonaron sus puestos y salieron a las calles. Al grito de «Pan y Paz», exigían el fin de la guerra y alimentos para sus familias. Lo que comenzó como una protesta sectorial se convirtió en una huelga general masiva: las mujeres desafiaron al ejército, convencieron a los soldados de no disparar y provocaron, en apenas cuatro días, la caída del Zar Nicolás II.
Este levantamiento liderado por mujeres no solo fue el prólogo de la Revolución Rusa, sino que logró un hito democrático: el gobierno provisional otorgó el derecho al voto a las mujeres, posicionando a las trabajadoras rusas como una vanguardia política mucho antes que en gran parte de Europa y América.
Del anonimato al reconocimiento global
Tras décadas de luchas locales, en 1975 la ONU oficializó el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer. Desde entonces, la fecha ha evolucionado para abrazar nuevas demandas: desde la paridad salarial y el derecho al aborto, hasta el fin de los femicidios y la violencia de género.

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