Esta semana tuvo lugar un Plenario Extraordinario en que se iniciaron los trámites para una cuestión de confianza hacia el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, consecuencia de no haber aprobado los presupuestos en el último Plenario Municipal. En este, celebrado el viernes 21 de noviembre, yo misma expresé la abstención de Barcelona en Común con respecto a su tramitación para el año 2026. Los motivos son diversos, pero lo que más nos ha chirriado es la prisa de Collboni para aprobarlos, bajando de un tren en marcha.
Lejos queda la política de grandes mayorías y mayorías absolutas, protagonizadas especialmente por el PP y el PSOE. La realidad social y política hoy día es bien diferente; tanto en el Congreso, como en el Parlamento, así como en el Ayuntamiento, el escenario es de una política fragmentada, con muchos partidos y actores de por medio. Llegar a acuerdos ya no es opcional, razón por la cual el esfuerzo, dedicación y paciencia son más necesarios que nunca. ¿Collboni y su Gobierno son conscientes de esta realidad, entonces, por qué han querido presentar unos presupuestos dos meses antes de finalizar el año? Aquí ya han roto el esfuerzo, dedicación y paciencia de los que hablaba antes.
En un escenario habitual, los presupuestos de Barcelona se aprueban en el último Plenario del año, en diciembre. De hecho, incluso, para redondear los acuerdos, ha habido momentos en que los presupuestos se han aprobado en el año en curso. No obstante, este año y por tozudez de Collboni, los presupuestos se han presentado en noviembre cuando las conversaciones con mi grupo municipal, Barcelona en Común, todavía estaban abiertas. ¿Por qué tanta prisa? Collboni y su equipo han bajado de un tren en marcha, un tren que, por parte de BComú, hubiera llegado a una buena estación, una estación de izquierdas. Solamente se necesitaba más paciencia, más tiempo. Íbamos bien.
Jaume Collboni, en el pleno del Ayuntamiento de Barcelona para aprobar los presupuestos
Mané Espinosa / Propias
¿Más allá de las prisas, cuáles eran los acuerdos que necesitaban más tiempo, más madurez? En primer lugar, en BComú queríamos que la inversión pública que se destina a la promoción turística de Barcelona se derivara a políticas de vivienda. Estamos hablando de 20 millones de euros públicos que el Ayuntamiento destina a promocionar internacionalmente nuestra ciudad. ¿De verdad hace falta esta promoción? La masificación turística es uno de los problemas principales de los barceloneses, y con razón. A pesar de eso, el PSC ha preferido seguir invirtiendo millones de euros en patrocinar nuestra ciudad en vez de destinarlos a vivienda. En segundo lugar, mi grupo municipal puso sobre la mesa ejecutar más ejes verdes, fuera del centro de la ciudad, como en Sants o al passeig Maragall. Más allá de proyectos y estudios, el equipo de Collboni no ofreció nada más que finalizar el eje verde de Consell de Cent, una necesidad demasiado obvia. Un tercer punto fue como desde el Ayuntamiento se tiene que afrontar el sinhogarismo, ya que las personas que viven en la calle han aumentado un 20% en el último año. Esta realidad es una consecuencia de la crisis residencial que sufrimos. A pesar de eso, hace años que no crecen las plazas residenciales, desde el 2023, momento en que Collboni llegó a la alcaldía. BComú pedíamos aumentar los recursos para esta realidad, pero nos hemos encontrado con el gobierno de Collboni cerrado.
Los acuerdos se alcanzan con diálogo, generosidad y perseverancia. Collboni, sin embargo, ha apretado el acelerador en la negociación de los presupuestos, lo que lo ha llevado a aplicar una segunda cuestión de confianza y a no tenerlos, una vez más, por la vía ordinaria. Constantemente se olvida de que tiene 10 concejales de los 41 que forman el plenario, más razón todavía para llegar a acuerdos, cosa que raramente alcanza porque conseguirlos con Barcelona en Común le da miedo. Nosotros lo empujamos hacia las políticas valientes, lo hacemos salir de su inacción y, a Collboni, le hace demasiado miedo salir de su zona de confort.
Tenemos una ciudad con un alcalde, que gestiona, pero no impulsa, un alcalde que tiene más miedo de enfadar a las clases dominantes de la ciudad que estar al servicio de sus ciudadanos. Un gobierno que ha reducido la inversión en obra nueva en tres años del 58,6%, donde se ha reducido las compras por tanteo y retracto un 83% en dos años, donde no se desarrollan más ejes verdes, a pesar de todos los reconocimientos internacionales y aceptación por parte del vecindario, donde las personas que viven en la calle han aumentado un 20% y donde el acceso a la vivienda es el principal problema para los barceloneses y barcelonesas, según el último barómetro municipal. Collboni tenía la oportunidad de llegar a unos presupuestos valientes, de izquierdas y ambiciosos gracias a Barcelona en Común, pero no se ha atrevido. Ha bajado de un tren en marcha, que iba en buena dirección, quizá demasiado buena, en opinión de Collboni, una dirección demasiado a la izquierda, tanta que le ha dado miedo y ha preferido quedarse en su zona de confort: la inacción.



