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jueves, febrero 22, 2024

Presidentes latinoamericanos: desnudos, arte falsificado y cuadros de cortesía

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En las galerías de las Casas de Gobierno, serios y circunspectos – también desnudos o teniendo sexo, en espacios ajenos al poder y en cuadros satíricos, como les ocurrió a Pepe Mujica y Sebastián Piñera–, las y los presidentes latinoamericanos no escapan a las representaciones artísticas; más bien las han sufrido.

El arte contemporáneo también suele indagar en sus gustos, preferencias culturales y hasta en los regalos que hacen o reciben durante sus mandatos, más allá de si a ellos, les interese la cultura. Una pintura en la que aparecen José Mujica y su esposa, Lucía Topolansky, parcialmente desnudos cuando todavía eran el presidente y la primera dama de Uruguay, desató una polémica, luego de que la policía se presentara en la galería donde era exhibida, para que la retirarán.

Génesis Uruguay I, cuadro del artista Julio de Sosa, de 2016, muestra al matrimonio desnudo de la cintura para arriba. El autor contó que trabajó en la obra durante un mes y que estaba inspirada en el Adán y Eva del alemán Lucas Cranach, el viejo. También tomó ideas de Alberto Durero. Según Sosa, lo hizo porque Mujica “siempre habla de que él no lleva nada puesto”.

El entonces presidente señaló por entonces a medios uruguayos: “Los artistas tienen derecho a ganarse unos pesos, pero yo creo que las cosas tienen un límite”. La ex primera dama y senadora, cuyos pechos desnudos llamaron la atención, fue más deslenguada: “Es una pajería todo eso, el tipo que pintó un cuadro nos pintó en bolas por exhibicionismo”. Y, aclaró, que era un exhibicionismo sin permiso: “Ahora te agarran para el chijete (chiste).Te ponen en la vidriera de una galería y la gente no sabe si vos posaste para eso, o si lo autorizaste o no. Es una cosa totalmente menor, pero al leer la prensa todos los días siempre te dan un palo, y esto está en ese marco”.

“No hay político capaz de ahogar las expresiones artísticas”, ha dicho el coleccionista de arte y expresidente colombiano César Gaviria, poseedor de una de las colecciones más importantes de arte latinoamericano y fotografía contemporánea, y dueño de una galería de arte, Nueve Ochenta, en el barrio de Quinta Camacho en Bogotá. Es uno de los pocos ex presidentes que suele hablar de arte.

Esto lo entendió Michelle Bachelet en Chile cuando usó el humor negro al concurrir al Centro Cultural Palacio de La Moneda, para la inauguración de una muestra del poeta y artista Nicanor Parra. Allí se exhibía la instalación El pago de Chile, una serie de reproducciones en cartón, a escala humana, que mostraban a los presidentes de ese país colgados de una soga. La entonces presidenta chilena señaló: “Como presidenta en ejercicio, es imposible que no me llame la atención donde están mis ex colegas”. Poco después, una exposición retrospectiva la incluyó a ella y también a Sebastián Piñera.

Víctima de falsificadores fue el recientemente fallecido ex presidente Sebastián Piñera, quien tenía colgado en su despacho una obra del maestro surrealista Roberto Matta. En una visita que le hizo el hijo del artista le dijo que era falsa. Fue descolgada ante la duda.

No es todo. En marzo de 2919, cuando aún la protesta no había estallado, se expuso en la galería Alemana de Santiago el óleo El nacimiento de una nación, del chileno Rodrigo Vicencio. En él, aludiendo en su título al clásico del cine dirigido por el estadounidense D. W. Griffith, retrató con mirada satírica al presidente Piñera en plan chica de torneo físicoculturista. De pie, visión de perfil y posterior, más bebé en el suelo. La pintura siguió exhibiéndose semi tapada por una cartulina, lo que motivó que Vicencio denunciara censura.

Esto lo entendió Michelle Bachelet en Chile cuando usó el humor negro al concurrir al Centro Cultural Palacio de La Moneda, para la inauguración de una muestra del poeta y artista Nicanor Parra. Allí se exhibía la instalación El pago de Chile, una serie de reproducciones en cartón, a escala humana, que mostraban a los presidentes de ese país colgados de una soga. La entonces presidenta chilena señaló: “Como presidenta en ejercicio, es imposible que no me llame la atención donde están mis ex colegas”. Poco después, una exposición retrospectiva la incluyó a ella y también a Sebastián Piñera.

También fue víctima de un hecho penoso y de falsificadores el ex presidente de República Dominicana, Danilo Medina. Sin saberlo, regaló una obra de arte falsificada del artista costumbrista Guillo Pérez al mandatario de Jamaica, Andrew Holness. Lo que era un buen acto de promoción del arte dominicano se convirtió en un escándalo cuando la viuda del maestro avisó que era falsa.

Vestidos de verde olivo

El Comandante en Jefe cubano Fidel Castro posó solo una vez en su vida para un solo pintor, el ecuatoriano Oswaldo Guayasamín, en 1961, 1981, 1986 y en noviembre de 1995. En la primera ocasión, el líder de la recién nacida revolución posó durante durante 30 minutos, mientras conversaba con otros.

Al ver el cuadro Fidel dijo: “¡Es un pintor extraordinario! ¡Me pintó en dos minutos!” Por su parte Guayasamín, repuso: “Comandante, usted no se está quieto un solo minuto”.

La pintura desapareció y nunca se ha podido encontrar. Es uno de los tantos misterios cubanos que seguro le costó el puesto a más de uno, aunque en la pintura Fidel no se viera muy parecido, algo que el mismo reconoció.

“Al final, observaba lo que salía de todo aquello. No era yo. Era lo que él deseaba que fuera, tal como quería verme: una mezcla de Quijote con rasgos de personajes famosos de las guerras independentistas de Simón Bolívar. Con el precedente de la fama que ya entonces gozaba el pintor, no me atreví a pronunciar una palabra. Quizá le dije finalmente que el cuadro ‘era excelente’. Sentí vergüenza de mi ignorancia sobre las artes plásticas. Estaba nada menos que en presencia de un gran maestro y una persona excepcional”, afirmó Fidel Castro.

Durante su tratamiento médico en Cuba, el Teniente coronel Comandante en jefe, Hugo Chávez se dedicó a pintar. Cuando murió, su sucesor, el actual mandatario de Venezuela, Nicolás Maduro, le regaló a Fidel Castro una de sus obras con la imagen del Cuartel Moncada, cuyo asalto, en 1953, marcó el inicio de la Revolución. La obra es muy mala y reproduce las perforaciones de las balas en las paredes que habían sido tapadas y luego vueltas a hacer pero ya de “mentiritas”.

Otro Comandante, Daniel Ortega, presidente de Nicaragua, se enfrenta al hecho ineludible de que su rostro es igual al del diablo que aparece en la obra, La tentación de Jesús en el desierto, que se encuentra en la pequeña iglesia nicaragüense de San Rafael del Norte, obra del austriaco Johann Fuchs Hold, pintor de iglesias, realizada en 1967. Los nicaragüenses le cambiaron el nombre y la llaman La Profecía. El pintor copió una antigua estampita religiosa. Murió en Nicaragua en agosto de 1986, cuando Ortega ya estaba en el poder pero aún nada presagiaba el parecido.

Los regalos

A su página de Facebook, Nayib Bukele, reelecto presidente de El Salvador, subió una larga explicación sobre un cuadro en su poder. Allí señala: “Cuando deje de ser Presidente me llevaré mi pintura, porque me la regaló un pintor autodidacta salvadoreño, no un Ministro; porque fue pagada con su dinero personal (aunque no es una persona que tenga mucho) y no de los impuestos del pueblo. Mientras tanto, voy a decorar mi despacho con las fotos y retratos que quiera. Porque el pueblo salvadoreño quiso que ese fuera mi despacho. Y a los del Frente que están criticando, si algún día los eligen a ustedes de nuevo, ahí ponen de nuevo sus pinturas. Mientras tanto, se la aguantan”.

Hay algunos otros regalos de cortesía que reciben los presidentes como parte de su trabajo que llamo “envenenados“. Es este el caso de la ex presidenta argentina Cristina Kirchner, procesada por tener en su casa una serie de obras de arte y un documento histórico, una Carta del General San Martin, regalo del presidente ruso Vladimir Putin.

En su libro Sinceramente cuenta: “Lo de la carta de San Martín es una historia maravillosa: cuando visité Moscú, en marzo de 2015, luego del almuerzo de trabajo que nos ofreció el presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, al retirarnos hizo detener el paso de nuestra comitiva y pidió a uno de sus colaboradores, que tenía una caja en sus manos, que se acercara. Y allí, ante mi sorpresa y traductor mediante, me dijo: “Esto es para usted, presidenta”. Cuando abrí la caja y pude ver la carta original de San Martín a O’Higgins, casi me muero. Lo miré y le pregunté: ‘¿Y esto? ¿De dónde lo sacaron?’.

La respuesta no se hizo esperar y me sorprendió aún más: ‘La mandamos a comprar para usted en Nueva York’. Confieso que si me quería impresionar, lo había logrado y con creces… ¡Una carta original del libertador San Martín al libertador O’Higgins! ¡En la que, además, San Martín se lamenta por la ingratitud que recibieron ambos por los pueblos que liberaron! ¡Mamita! Putin, chapeau“.

Ese problema no lo tuvo Macri, quien sucedió a Cristina. Putin solo le regaló elementos para escritorio con íconos rusos que no sabemos si usó pues cuando este era presidente, mandó a quitar todos los retratos de los caudillos y próceres argentinos porque mirarlos le hacía doler la cabeza. Los sustituyó por otras obras de arte contemporáneos, eso sí de artistas argentinos, la mayoría abstractas, que le fueron prestadas por importantes galerías porteñas.

El siguiente presidente, Alberto Fernández, procedió a descolgar las joyas postmodernas y a recolgar los próceres. Como detalle curioso, a Alberto F. le regalaron 12 retratos suyos.

El nuevo presidente, Javier Milei, compartió durante la campaña su ilusión de cerrar el Banco Nación. Eso ahora quedó descartado. Pero me pregunto si está al tanto de la existencia de la pinacoteca de la institución.

A inicios de su gobierno se produjo una controversia sobre el valor de los seguros de las obras de arte de la Casa Rosada y la Quinta de Olivos. El vocero presidencial fue informado con un dato erróneo –o no tanto– porque la cifra es tan baja da que pensar. El presidente no hizo ninguna declaración al respecto. En la Casa Rosada, a juzgar por las fotos, siguen los mismos cuadros, devueltos a sus sitios por el muy retratado Fernández.

Un hecho penoso fue el que protagonizó quien fuera presidente de República Dominicana, Danilo Medina. Sin saberlo, regaló una obra de arte falsificada del artista costumbrista Guillo Pérez al mandatario de Jamaica, Andrew Holness. Lo que era un buen acto de promoción del arte dominicano se convirtió en un escándalo cuando la viuda del maestro avisó que era falsa. Víctima de falsificadores también fue el recientemente fallecido ex presidente Sebastián Piñera, quien tenía colgado en su despacho una obra del maestro surrealista Roberto Matta. En una visita que le hizo el hijo del artista le dijo que era falsa. Fue descolgada ante la duda.

Curiosidades

En México, cuando asumió el actual presidente, Andrés Manuel López Obrador, dejó de vivir en el Palacio de Los Pinos, la otrora residencia oficial de los mandatarios desde 1934, e hizo que este se convirtiera en un Centro Cultural. Al trascender que el gobierno anterior se había llevado importantes piezas de arte, el mandatario ordenó una investigación y pidió “no hacer escándalo“ hasta comprobar si era cierto. Poco después una exposición en el lugar fue titulada “De lo perdido, lo que aparezca”.

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“La familia presidencial”, un óleo sobre lienzo, hecho en 1967 por Fernando Botero que se puede ver colgado en el MoMA, de Nueva York, no refleja la imagen de ningún presidente de la historia colombiana, a pesar de su título y su inspiración. La única persona identificable es el propio Botero, quien se pintó pintando.

En Guatemala,13 presidentes elegidos democráticamente –y otros, a través de golpes militares– se dejaron pintar por un mismo hombre, Adelso René Ramos, conocido como Adelsore, pintor guatemalteco que por más de 30 años ha realizado más de 900 pinturas de los mandatarios de Guatemala, además de retratar a otros, como el Papa y el Rey de España. El pintor es también autor de una recreación de la Última Cena en la que los personajes visten trajes típicos de las distintas regiones del país. La obra se encuentra en los Museos del Vaticano, en Roma.

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Casos únicos

El único presidente a quien le han dedicado una obra de arte que no muestra su rostro, sino las imágenes de una de sus heridas, es el brasileño Jair Bolsonaro, que en 2018 sufrió un atentado. El artista y perito criminalista venezolano Germán Sandoval Silva, a partir de una foto mostrada en público por el propio Bolsonaro, realizó una serie de investigaciones que le permitieron inferir la trayectoria, inclinación y profundidad del tajo. El artista creó una escultura y una pintura en las que irónicamente fusionó materiales artísticos con la disciplina forense.

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El primer museo dedicado a un mandatario vivo en América Latina es el que se hizo así mismo el ex presidente boliviano Evo Morales cuando estaba en el poder. Situado en Orinoca, su pueblo natal, tuvo un costo de 7 millones de dólares y se le conoce bajo el nombre de “Museo de la Revolución Democrática y Cultural”.

El regalo de arte más controvertido, sin embargo, es un crucifijo con una hoz y un martillo, que recibió el jefe de Estado del Vaticano, el papa Francisco, y que le entregó Evo Morales. “No está bien”, dicen que dijo el pontífice.

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